viernes, abril 11, 2014

Reflexionando

Este blog estará reflexionando sobre la muerte de Adonis durante los días por venir.

Que se pase bien.

miércoles, abril 09, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (5)

Terminada la segunda guerra mundial, allá por agosto de 1946, para Leónidas Breznez llegaba el momento de dejarse de coñas provincialistas y de, en consecuencia, intentar jugar la Champions League del poder soviético en aquella URSS estalinista en la que tan complejo y peligroso resultaba dicho juego.

lunes, abril 07, 2014

El hombre que sabía hacer bien las cosas (4)

En el verano de 1941, inmediatamente después de la invasión alemana de la Unión Soviética, Leónidas Illych Breznev entró en la elite del ejército de Stalin, los que ya Trotsky había llamado los samuráis comunistas, tras ser nombrado jefe adjunto de administración del Grupo de Ejércitos del Sur, con grado de teniente coronel. Su jefe era Leónidas Korniets, que había sido segundo secretario del partido en el distrito de Dnepropretovsk. Menos de un año después, Breznev fue ascendido a coronel y nombrado comisario político jefe del 18 Ejército, sustituyendo a otro amigo suyo, Kirilenko, que había sido llamado a Moscú para supervisar la producción de aviones. Al final de la guerra le llegaría el rango de general y el nombramiento como jefe del directorio político del IV Grupo de Ejércitos de Ucrania.

miércoles, abril 02, 2014

Una homilía

Bueno, como últimamente parece que la cosa va de homilías, he pensado que tal vez os gustaría que os copiase aquí en un post una que fue muy famosa en su momento. Se trata de la homilía pronunciada por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón muy pocos días después de la muerte del general Francisco Franco y escaso tiempo después de la proclamación de Juan Carlos de Borbón como rey de España.

Tengo por mí que todo lector que tuviese menos de, digamos, 10 años, en 1975, tendrá problemas serios para captar todos los significados que portan estos párrafos. Esto es así porque dará por sabidos, esto es por normales, muchos hechos que no lo eran en el momento en que Tarancón pronunció estas palabras. La pongo, sin embargo, porque a mí de esta homilía lo que más ha gustado siempre ha sido, más que el contenido, el tono. Mi opinión particular es que la Iglesia española actual no ha perdido el contenido; básicamente, sigue defendiendo las mismas cosas que defendía Tarancón y su Biblia particular, que eran los cánones del Vaticano II. Lo que sí ha perdido ha sido el tono. La iglesia española, sea para oponerse al aborto o para mostrarse comprensiva con los crímenes etarras; sea para combatir el guerracivilismo o para denunciar la pobreza en España, ya no sabe decir las cosas como entonces las decía.

Aquí queda, pues.

Libia (y 14)

A pesar de los muchos errores, fundamentalmente estéticos, cometidos por el gadafismo en su nueva etapa de buen rollito internacional, al final de la primera década del siglo XXI el régimen parecía haber conseguido sus objetivos principales. Los informes favorables del Fondo Monetario Internacional habían conseguido que el rubro investing in Libya reapareciese en los seminarios bursátiles, y el país registraba una entrada bastante frecuente de nuevos inversores en su interior. Por lo demás, cuando menos en la superficie, el elemento revolucionario del régimen parecía no estar en cuestión. En esto, se podría decir, Libia se parecía un poco a China: un país que mantiene sus esencias revolucionarias mientras, al mismo tiempo, alimenta un capitalismo fácil, y sin tensiones sociales. Olvidándonos del pequeño detalle de que afirmar que China no tiene tensiones sociales es un tanto optimista en exceso, en el caso de Libia no es, desde luego, tan cierto.

lunes, marzo 31, 2014

Libia (13)

En el momento de torcer la esquina del siglo, los salarios en Libia llevaban casi veinte años congelados. Los sucesivos embargos liderados por Estados Unidos habían terminado por ser efectivos a la hora de provocar un colapso del régimen libio. Muamar el-Gadafi, ciertamente, adoptaba, en cada renuncia, una retórica orgullosa: cada paso atrás en el esquema revolucionario lo vendía como un paso evolutivo, como un cambio que la revolución se podía permitir porque estaba ya consolidada. Nada de eso, sin embargo, era verdad. La revolución no había conseguido construir una economía petrolera, y la práctica totalidad de lo que el país necesitaba para pasar el día a día era importado.

jueves, marzo 27, 2014

Libia (12)

Con el tiempo Libia, a causa de su dirección basada en comités revolucionarios que negaban al Estado y, sobre todo, los caprichos y fobias de su primer representante, acabó cayendo en la tan inesperada como en el fondo inevitable crisis económica. A lo largo de los años ochenta, conforme los ingresos del petróleo fueron perdiendo suelo, y no digamos ya en los noventa, cuando a George Bush padre la jugada de la primera guerra del Golfo le sale, en este punto, de cine, Libia comienza a verse condenada a ver colas interminables en las tiendas de alimentos básicos y, en general, escasez. A ello hay que unir que la reacción de los gestores del país a estos problemas, derivados fundamentalmente de los embargos dictados desde Washington, fue tirar de reservas, con lo que tardaron demasiado tiempo en generar consecuencias económicas para el país.

miércoles, marzo 26, 2014

Libia (11)

Acabamos de decir que Gadafi acabó dándose cuenta de que lo que tenía que hacer era ser menos revolucionario de lo que había sido hasta ese momento. Pero no hemos dicho, exactamente, que le llevase apenas un telediario darse cuenta de eso. De hecho, su primera reacción a los bombardeos estadounidenses, lejos de la que apuntamos, fue perseverar en el error. Libia, después de 1986, pasó a implicarse en el apoyo del terrorismo como no lo había hecho nunca, hasta el final de su ominosa década de los ochenta.

En paralelo, Gadafi terminó de decepcionarse de la idea de la unidad árabe y, llevado por su ciclotimia política, viajó sin solución de continuidad hacia el lado exactamente opuesto. Esto quiere decir que pasó de tratar a las naciones árabes como hermanas a motejarlas de la peor manera por lo que consideraba una excesiva tibieza por su parte hacia el conflicto palestino-israelí. Además, no contento con las hostias que ya se había llevado, intensificó su implicación en los conflictos del área subsahariana.

Estados Unidos, que normalmente suele caracterizarse por gestionar estas cosas de una forma un tanto precipitada y sobreactuada, sin embargo, en esta ocasión no hizo tal cosa. Especialmente una vez que terminó la era Reagan, los sucesivos inquilinos de la Casa Blanca comenzaron a concebir a Gadafi como era rana viva del relato a la que hay que cocer subiendo la temperatura muy despacio. Conscientes, sobre todo, del efecto que acabamos de describir de enemistad creciente con las naciones de su entorno natural, los estrategas de Washington diseñaron, y llevaron a cabo por encima de vaivenes republicanos o demócratas, una estrategia de progresivo aislamiento del régimen libio. Gadafi, para colmo, se lo puso fácil con su implicación en hechos tan poco edificantes como el atentado contra el vuelo 103 de la Pan Am sobre Lockerbie (1988), y el UTA 772 francés que volaba sobre el desierto del Níger (al año siguiente). Tras estos dos hechos y otras cosas que les siguieron, para Estados Unidos estaba chupado conseguir unas sanciones multilaterales contra Libia, que acabaron llegando en 1992.

El hecho de convertirse en un paria mundial hizo que el régimen libio se hiciese preguntas, y que dentro del país comenzasen a moverse cosas. A causa de ello, el premier jaimero (de jaima) tuvo que comenzar a pensar en dar pasos atrás respecto de su Libro Moco, y por lo tanto comenzó a permitir determinadas medidas destinadas a controlar el poder de sus queridísimos comités revolucionarios. El segundo paso fue reformar la economía, eliminando algunas de las cortapisas, por no llamarlas prohibiciones, que había introducido el régimen hacia casi cualquier forma de actividad económica. Sin embargo, estas medidas no tuvieron demasiado éxito, por la misma razón por la que nunca la tienen, ni en la Libia de Gadafi, ni en la España de Franco: porque pretender liberalizar la economía manteniendo su férreo control es algo que, simple y llanamente, no se puede hacer. Si al personal le das libertad, le das libertad.

Como ya hemos dicho, el verdadero turning point del régimen libio ocurrió los días 15 y 16 de abril de 1986, con los bombardeos estadounidenses. Literalmente, los hombres del régimen libio no esperaban que Reagan se atreviese a cosa tal; y, cuando lo hizo, los dejó sonados y, a algunos de ellos, incluso albergando proyectos de distanciamiento del régimen, cuando no de oposición pura y dura. Gadafi, por ello, se vio obligado a elaborar, a partir de 1988, un discurso, que seguro que le costó horrores, sobre las consecuencias negativas que se derivaban del excesivo control ejercido por los comités revolucionarios. Se creó un comité específico para estudiar los presuntos casos de corrupción y abuso de poder por parte de miembros de los mentados comités revolucionarios. A finales de ese mismo año, el poder de los comités en las fuerzas de seguridad fue seriamente dañado.

Asimismo, Gadafi comenzó a dictar amnistías de presos políticos e incluso, en un acto celebrado el 3 de marzo de 1988, participó en la destrucción de la prisión central de Trípoli. Miles y miles de registros policiales de ciudadanos libios fueron oficialmente destruidos. Se decretó la libertad de movimientos de los ciudadanos (entre otras cosas, porque la labor de validar los pasaportes le fue retirada a los comités revolucionarios). Gadafi hizo, además, promesas a los exiliados de que se les daban garantías para volver al país e incluso intentó reunirse con dirigentes opositores, pero con escaso éxito; llevaba demasiados años haciendo el pollas. Finalmente, cerró los tribunales populares y, apareciendo repentinamente como un líder preocupado por los derechos humanos, abogó por la codificación de los crímenes, para que los ciudadanos no pudiesen ser detenidos a capricho de los comités que él mismo había creado y a los que él mismo había dado el poder de hacer tal cosa.

En junio de 1988, Gadafi se bautizó como un nuevo coleguilla demócrata del mundo, con el anuncio de lo que se conoció como La Gran Carta Verde de los Derechos Humanos en la Era de las Masas. Aquel documento, que seguía siendo verde, fue redactado por el mismo pollo que había escrito en el libro del mismo color que la propiedad privada quedaba proscrita del país; y ahora la declaraba sacrosanta e inviolable, con esa habilidad que tienen los tiranos con ideas de decir una cosa y la contraria, y exigir ser felicitados en ambos casos.


Sin embargo, como la cabra tira al monte y el macho algo más grande al desierto, Gadafi, y aquí nos acordamos una vez más de las reformas democratizadoras del franquismo, colocaba en el mismo papel los derechos de las gentes y las normas técnicas que servían para no hacerlos cumplir. Por ejemplo, la propiedad privada, sacrosanta e inviolable, podía dejar de serlo, sin embargo, por causas de interés público, que no se explicaban muy bien (lo cual suena bastante al famoso «exprópiese» de ese otro notable intelectual de la democracia, el comandante Chávez). Además, se establecía la obligación de todo libio de defender su país «hasta la muerte», lo cual abría el portillo para la leva obligatoria y tal. En general, la Gran Carta Moco no evitaba el mayor mal liberticida del régimen libio, como era la capacidad que tenía de sustantivar una acusación de la mayor gravedad hacia casi cualquiera, con tal de que tuviese flato o así; así como la capacidad de impedir cualquier oposición legal organizada. Tampoco se permitió la libertad de prensa, con la excusa de que el personal tenía la libertad de decir lo que quisiese en los comités revolucionarios.