lunes, diciembre 22, 2008

Asueto

Hoy comienzan unos días de asueto. Desde hoy, 22, hasta bien entrado el mes de enero, no estaré en condiciones de acudir a esta cita por falta de conexión. Es posible que lo haga porque hoy en día en las ciudades grandes, y Madrid lo es, conseguir una conexión no es difícil y, por lo tanto, lo mismo tengo la oportunidad de asomarme. No obstante, mi intención primera, ya lo he dicho, es el asueto.

Asueto no quiere decir estar quieto parado. Siempre hay cosas que leer, pero estas Navidades, además, me tengo reservada alguna cosa bastante especial. Espero que pronto la podamos compartir.

En todo caso, os deseo el mayor de los placeres durante la celebración de esta fiesta, la del solsticio de invierno, que es tan vieja como el propio ser humano. Tan, tan vieja que, cuando unos padres que querían universalizar la creencia en un niño nacido en Judea, hicieron coincidir dicho nacimiento con el del sol (el sol renace tras el solsticio, pues los días comienzan a alargarse) para así aprovechar la proclividad que ya tenían las personas a celebrar fiesta en esa época del año.

En cuando a los reyes magos, que ni eran tres, ni eran reyes, ni eran magos, también espero que os sean propicios y os traigan muchos bienes y conocimientos.

Nos leemos.

viernes, diciembre 19, 2008

Binarios

A los lectores habituales de este blog quiero hacerles una advertencia previa para que no se decepcionen. Este post de hoy no les va a contar nada. En realidad, es sólo una opinión que me apetece colocar en este pequeño diario. Así pues, si a lo que eres aficionado es a conocer historias, esta llamada de hoy puedes saltártela. En fin, me apetece escribir estas líneas. Pero es sólo un paréntesis, de seguido volveremos a nuestras Historias. Pido, pues, disculpas por la digresión.

La Guerra Civil del siglo XX es el periodo histórico español más inaprensible en el que se me ocurre pensar. En torno a la GCE se produce uno de los fenómenos más curiosos, a la par que desilusionantes, que he visto como aficionado a la Historia. Es, probablemente, el periodo histórico mejor documentado. No hay nada en la Historia de España sobre lo que haya escrito tanta gente y tantas veces y eso incluye, especialmente, los testimonios directos. Prácticamente cada español que sabía levantar un bolígrafo y tuvo un papel mínimamente relevante en la gestación, desarrollo y consecuencias de la guerra, ha escrito algo. Aviadores, artilleros, comisarios políticos, falangistas de primera línea, nacionalistas vascos, catalanes, requetés, anarcosindicalistas, faístas, troskistas, prosoviéticos, burgueses, católicos, laicos, hombres, mujeres, franquistas, antifranquistas. Todos han aportado su granito de arena al conocimiento de la guerra.

Cualquier aficionado a la Historia se desespera cuando se mueve en un terreno en el que las referencias son escasas. ¿Quién fue en realidad Akhenatón? ¿En qué consistió, hablando en profundidad, la revolución amarniana, quién la impulsó, por qué, qué sustrato político hubo en su gestación y en su fracaso? Todas estas preguntas apenas pueden los egiptólogos contestarlas mediante teorías, suposiciones; mediante algo que podríamos denominar «modelos históricos». Si los egiptólogos contasen con menos de la centésima parte de referentes directos con que cuenta todo aquél que se acerca al conocimiento de la GCE, estoy seguro de que serían inmensamente felices. El estudio de la GCE consiste en bañarse en una generosísima piscina de datos y de puntos de vista.

Lo esquizofrénico del proceso es que, teniendo la oportunidad de saber muchas cosas, no queremos saber. Porque el, por así llamarlo, público de la Guerra Civil Española, más que saber, lo que quiere es que le confirmen lo que ya sabe antes de haberlo sabido.

Toda persona que investiga parte de hipótesis que trata de confirmar. Pero si una persona obtiene siempre confirmación para las hipótesis que se ha planteado, entonces tiene que pensar que o bien es un genio fuera de lo común o bien, simple y llanamente, no es un investigador. Es lo que yo denominaría un investigador, o conocedor, de parte.

La mayoría de las personas que conozco mínimamente interesadas en la Guerra Civil Española son personas que han decidido, antes de investigarla, cuál va a ser su interpretación final de los hechos. Investigar, para ellos, consiste, básicamente, en tomar de los hechos aquéllos que confirman dicha idea, y desechar, o, en el mejor de los casos, «reinterpretar», los demás. Es evidente que no hay nada malo en tener una interpretación, y defenderla. Pero las interpretaciones, en un método mínimamente científico, han de ser interpretaciones ex post, no ex ante.

La enorme proliferación de estos investigadores prejuiciales, incluso en el ámbito de la historiografía (yo diría: especialmente en este ámbito, especialmente entre los historiadores) ha generado una situación binaria. La Guerra Civil Española consiste, básicamente, en un enfrentamiento entre un Cero y un Uno. Utilizando la terminología del catecismo del padre Astete: entre un combatiente que era compendio de todo Mal, sin mezcla de Bien alguno; contra otro combatiente que era compendio de todo Bien, sin mezcla de Mal alguno.

En realidad, da igual quién es el Cero y quién el Uno, porque la metodología es la misma; es igual que la cosa vaya de convencer al mundo de que Franco era un santo varón o de que Negrín merecía el Nobel de la Paz porque, en el fondo, quienes tal cosa pretenden hacen exactamente lo mismo. Los Binarios, que son legión en este asunto, legión aplastantemente mayoritaria, pervierten la gran virtud de la GCE como hecho histórico, la abundancia de documentación, para lograr sus fines. Cualquiera que se tome el trabajo de hacer lecturas y escribir fichas puede escribir un libro de seiscientas páginas en el que no haya ni una sola crítica a la persona del general Franco, o de Largo Caballero, y aún así citar decenas, si no centenares, de libros en el apéndice bibliográfico y las notas.

En entornos de gran riqueza referencial, en realidad lo que importa, lo que marca la diferencia, es la honestidad del investigador. Honestidad no quiere decir contar la verdad. Eso queda para los niños pequeños. El mundo real es mucho más complicado y una de sus mayores complicaciones es que la verdad no existe. Y si puede existir una verdad moral o religiosa para quien crea en estas cosas, desde luego lo que no existe, nunca, es la verdad histórica. La interpretación histórica es un ejercicio enormemente complejo repleto de caminos que se bifurcan. El interpretador de los hechos históricos se enfrenta a retos como decidir en qué medida va a dar importancia al contexto contemporáneo de los hechos que juzga o va a realizar un juicio más propio de su momento. Tomar uno u otro camino nos puede llevar a conclusiones en ocasiones radicalmente diferentes. Saber eso, y actuar en consecuencia, es el núcleo duro de eso que he llamado honestidad del investigador.

En mi opinión, nos movemos en un entorno en el que la honestidad del investigador es muy, muy escasa. Por eso nos encontramos con efectos como que, por ejemplo, las biografías de los personajes de la guerra se dividan en hagiografías y trabajos dedicados a describir la absoluta indignidad del personaje analizado. Casi no hay términos medios. Los libros al uso sobre la Guerra Civil apenas plantean preguntas; más bien lo que hacen es dejar claras, desde la página 1, las respuestas. Y, por eso, en los libros sobre la Guerra Civil rara vez encontramos personajes medio héroes, medio villanos; medio listos, medio tontos; medio traidores, medio incorruptibles. Sólo encontramos héroes listos e incorruptibles, y villanos tontos y traidores. Y, sin embargo, esto es lo que fueron muchos de ellos. Pero para saberlo, no tenemos más remedio que leer un libro de un historiador Uno, otro de un historiador Cero, y luego dividir por dos, como en el cole.

Otro efecto de este estado de cosas es que, demasiado a menudo, lo que uno piensa sobre las cosas pese tanto, o más, que las cosas. En un entorno de honestidad histórica, los hechos son todo lo sagrados que su conocimiento permite que lo sean. El historiador respeta, más que nada, los hechos, aunque sepa que es su tarea interpretarlos y relacionarlos con otros hechos mediante metodologías o modelos que le son propios. En la buena Historia, los análisis son tributarios de los hechos. Pero en esta Historia nuestra, son los hechos los que son tributarios de los análisis. Y, como digo, siempre habrá fuentes que abonen y confirmen lo que vemos o creemos ver.

Resulta, pues, decepcionante que habiendo heredado un caudal tan enorme de datos, de información, estemos construyendo un entorno en el que a veces da la impresión de que, cuanto más tiempo pasa, menos sabemos. Y es doblemente triste porque, ciertamente, esto ya ocurrió en el pasado. Recuerdo bien que la penúltima vez que tuve el placer de almorzar con Tiburcio Samsa le regalé un libro de uno de los más vehementes propagandistas del franquismo, Mauricio Karl, dedicado en cuerpo y alma a la demostración de que los principales elementos de la República española habían sido unos sodomitas; libro que, evidentemente, se escribió en unos tiempos en los que la homosexualidad tenía un baldón que hoy no tiene. Lo que ocurre, pues, no es nada nuevo.

Y cuando la sensación que se tiene es que la ciencia histórica, lejos de avanzar, retrocede, la única palabra puede ser: decepción.

miércoles, diciembre 17, 2008

Adivinanza barcelonesa: alcalde por bien vestir

Desde luego, no hay quien pueda con vosotros. Anoche me fui a cenar, sin leer los mensajes del blog, sintiendo en mis tripas el calorcillo ese cabrón que se siente cuando se gana. Pero ya he visto que he perdido.

Hay un comunicante anónimo que ha dado en el bull's eye: en efecto, nuestro alcalde de Barcelona por la razón de vestir bien es don Josep Banqué. Vayamos con la historia.

En realidad, la confusión de muchos de nuestros comunicantes es muy sencilla. Muchos dijeron: apuesto por algún alcalde de Franco, porque eso de nombrar a un alcalde por lo bien que viste sólo se le puede ocurrir a un dictador. Y no se equivocaban. En lo que se equivocaban era en considerar que Franco es el único dictador de la Historia de España.

La democracia nunca se ha querido mucho con las instituciones locales. Nuestros políticos siempre han tenido claro que el Ayuntamiento es la administración más cercana al ciudadano y, por ello, siempre han querido atarla corto. Cuando Franco murió, el franquismo estaba sometido a un auténtico terremoto predemocrático por la intención de Arias Navarro de modificar la ley de régimen local para que los alcaldes fuesen elegidos por sufragio. Algo que a los franquistas irredentos les parecía pecado mortal. Tampoco hace falta recordar, a estas alturas de la película, que fueron unas elecciones municipales las que trajeron la segunda república a España.

La Restauración canovista tuvo muy claro este efecto y, por eso, generó un sistema en el que la gente elegía a los concejales, pero era el gobierno el que elegía a los alcaldes. Eran los entonces llamados alcaldes de Real Orden. Este sistema se acabó a finales de la segunda década del siglo XX, pero duró muy poco porque en 1923, como bien sabemos por los libros de Historia, se produjo el golpe de Estado incruento del marqués de Estella, general Miguel Primo de Rivera, el cual regresó a la dictatorial costumbre de nombrar a los alcaldes a dedo.

El 23 de septiembre de 1923 era alcalde de Barcelona el marqués de Alella, un catalán tan monárquico como antimonárquico pueda ser Joan Tardá, por poner un ejemplo tonto. Quiere esto decir que, en realidad, Primo de Rivera, que conocía bien Cataluña y Barcelona pues había dado el golpe de Estado desde la Capitanía General condal, podría haberlo mantenido en su puesto porque don Fernando Fabra Puig no se habría apartado ni medio milímetro de la nueva política. No obstante, la dictadura se apioló al marqués, creo yo que por varias razones. La primera, por no mantener un alcalde electo, que no era ésa la intención de la Dictadura. Y, last but not least, porque, en realidad, la medida primorriverista no iba contra los alcaldes, sino contra los concejales.

Los concejales eran la auténtica china en el zapato del general. A su modo de ver, eran ellos los que introducían en la gestión local el cáncer de las luchas partidarias y la demagogia de los votos. El primer objetivo de la dictadura en los ayuntamientos, pues, no era tanto desalojar a los alcaldes, sino sustituir a los concejales.

Tenían entonces muchos ayuntamientos españoles, el de Barcelona entre ellos, una cosa que se llamaba vocales asociados. Los vocales asociados eran una especie de suplentes o asistentes de los concejales, y no eran nombrados por votación popular sino de forma orgánica. Eran, pues, representates gremiales. El vocal gremial estaba ahí, por lo tanto, para garantizar cosas como que si el concejal de Abastos quisiera hacer una reforma en el mercado de la Boquería, antes tendría que escuchar a los asentadores, representados por el correspondiente vocal asociado elegido por su gremio.

La decisión de Primo fue sustituir a los concejales por los vocales asociados.

El día 1 de octubre, a las 12 de la mañana, en la entonces la llamada Sala de la Reina Regente del Ayuntamiento (hoy, no sé) , el general Losada, gobernador civil de la plaza (militar, por supuesto) convocó al alcalde, a los tenientes de alcalde, a los concejales y a los vocales asociados. La reunión fue deslucida porque todos los miembros de la reunión recibieron la convocatoria apenas esa mañana, así pues muchos no pudieron acudir o, como veremos pronto, llegaron tarde. Una vez que consideró que había gente suficiente, Losada les leyó el texto de un Real Decreto por el cual los ayuntamientos quedaban intervenidos y serían gestionados por los vocales asociados. Los concejales fueron simplemente invitados a abandonar la sala, pues ya no eran concejales. Losada se limitó a decir:

- En cumplimiento el Real Decreto al que acaba de darse lectura, los concejales han terminado su mandato y pueden retirarse.

A continuación de tan fría despedida, los asombrados concejales, ninguno de los cuales ni de coña pensaba en verse en una como aquélla, se dirigieron al salón de sesiones a elegir alcalde. El único pie medio forzado que contenía el decreto era que, decía su artículo primero, el elegido debería ser, preferentemente, de titulación universitaria o probada cualificación profesional. Primo de Rivera tampoco quería fruteros al frente de sus ayuntamientos.

Ya hemos dicho que la reunión fue muy apresurada y que hubo gente que llegó tarde. Cuando ya se estaba deliberando, entró en el salón de sesiones don Josep Banqué Feliu. Don Pepito, o don Pep mejor dicho, era catedrático de griego (el idioma). Sabía de gestión municipal más o menos lo que sé yo de cómo obtener arbustos frondosos de bouganvillas en mantillo arcilloso. Su tardanza tenía una razón de ser. El 1 de octubre de 1923, además de nombrarse nuevo alcalde de Barcelona, también comenzaba el curso universitario barcelonés. Banqué venía de dicho acto de apertura, adonde habían ido a buscarle para contarle que, ejem, don Josep, es usted concejal.

El señor Banqué venía de la ceremonia de apertura como entonces se ponían los catedráticos en esas ocasiones. O sea, llevaba un chaqué perfecto, de gala.

El general Losada, que lo vio entrar en el salón de reuniones, preguntó quién era aquel señor tan bien vestido que acaba de entrar en la sala. Cuando le dijeron que era un catedrático de universidad tuvo, que diría Zerolo, una serie inconclusa de orgasmos dictatoriales. Y no quiso saber más. Llamó al secretario del Ayuntamiento y le ordenó que Banqué fuese nombrado regidor de la ciudad ipso facto.

Dicen las crónicas que nada más producirse el nombramiento, entró en la sala Javier Vila Teixidor, que era a quien muchos esperaban para que fuese nombrado. Vila representaba a los abogados, era abogado él mismo, y todos juzgaban que tenía la preparación necesaria para llevar la alcaldía con decencia; además de tener a su favor el nada despreciable elemento de que todos creían que querría ser alcalde, como luego se confirmó. Pero Vila se entretuvo con un cliente y llegó tarde. Llegó tarde a la reunión y llegó tarde a la Historia, pues nunca fue alcalde.

Esa noche, cuando Josep Banqué llegó a su casa, su mujer estaba esperándole mohína. Los catedráticos de griego suelen ser gente ordenada; las lenguas antiguas no son cosa que suela demandar de servicios extraordinarios ni horarios extraños, así pues la señora de Banqué estaba acostumbrada a tener a su marido en casa a horas fijas. Por eso, cuando entró en la casa, le dijo:

- ¿Cómo es que llegas tan tarde? ¿Te ha pasado algo? Me tenías intranquila.

- ¿Que si me ha pasado algo? -contestó el contrito catedrático en la lengua de Homero- ¡Me han nombrado alcalde de Barcelona!

Como era de esperar, al marido le costó más de media hora empezar a convencer a su mujer de que no se estaba cachondeando de ella.

Banqué duró cosa de dos semanas en la alcaldía que, en realidad, apenas fueron unas horas. Las conjugaciones del griego clásico no tienen nada que ver con la gestión de un presupuesto municipal y, según todos los indicios, hasta el último minuto que fue alcalde, serlo le pesó. Una prueba de lo agobiado que estaba es su, por así decirlo, dimisión. Porque Banqué no es sólo el único alcalde de la Historia de Barcelona que lo fue por ir bien vestido. También es el primer alcalde de Barcelona que deja el cargo, como quien dice, a la francesa.

9 de octubre de 1923. Formalmente, Banqué había sido elegido el día anterior. Ese día, los tres representantes del gobierno francés en la Feria del Mueble que se celebra esos días en Barcelona, señores Filippi, Charmeill y Ramilleux y Amic, expresan su deseo de entrevistarse con el alcalde. Una visita protocolaria para despedirse.

El funcionario de turno anuncia al alcalde la petición de los galos. El alcalde, según dicho funcionario, se hace repetir varias veces la filiación de los señores y el motivo de la visita; signo inequívoco de que, nada más decirle que hay unos extranjeros a los que tiene que cumplimentar (entiéndase por extranjeros no los metecos, sino gentes habladoras de lenguas plebeyas), don Josep se nos va por la patilla. Entonces dice que esperen un momento y que los recibirá enseguida.

Después de muchos, muchos minutos de espera, los franceses empiezan a mosquearse. Y los funcionarios.

Uno acaba decidiéndose por entrar a ver si al señor alcalde le ha dado un algo. Y se encuentra el despacho vacío. El alcalde ha tomado por otra puerta del despacho y ha salido a la calle, echando hostias. Total, porque tres franceses le querían ver para decirle eso de trés jolie, que hay que ver qué hospitalarios los barceloneses, bla por aquí, bla por allá, apretón de manos y a otra cosa. Si se le llega a hundir el Carmelo, se pega un tiro.

Atrapado a lazo por los pasillos del Ayuntamiento el único concejal que estaba por allí, Ramón María Puigmartí, se le hizo entrar por la puerta falsa y aparecer como el alcalde ante los franceses. Con lo cual, los parisinos se volvieron a casa con la idea de que el día 8 había sido nombrado Banqué y el 9, Puigmartí. Quizá pensaban que es costumbre inveterada de los catalanes elegir un alcalde diario.

Banqué dimitió formalmente ante el general Losada al día siguiente, pretextando que estaba recibiendo anónimos amenazadores. ¿De Alcibíades, quizá?

lunes, diciembre 15, 2008

Adivinanza barcelonesa

Según el Analytics, y según los comentarios y correos que nos van llegando, no son pocos los lectores que este blog tiene desde diversos puntos de Cataluña. De las 51.000 visitas que lleva el blog desde el 1 de enero de este año, 4.700 se hicieron desde Barcelona, 452 desde Tarragona y 374 desde Hospitalet del Llobregat, por citar sólo las tres mayores.

Así que vamos a tratar de remunerar tamaña fidelidad colocando aquí una adivinanza que da para una historia ciertamente curiosa.

Espoleando a los catalanes, pues: ¿alguno sabría decirme qué alcalde de Barcelona lo fue por la única y exclusiva razón de ir bien vestido?

La solución [por mi parte] dentro de un par de días. Y, con un poco de suerte, también acabaremos haciendo un Barcelona History Quiz.

sábado, diciembre 13, 2008

Cómo admirar a la vez a Marx, Lenin, Mao, Hitler y Franco (4)

Algunas semanas después de ganar las elecciones, Francisco Macías forma su primer gobierno independiente, en el que figuran representantes de las diferentes fuerzas en las que se ha apoyado para ganar. Además de la presidencia y el ministerio de Defensa que quedan en manos de Macías, Edmundo Bosío ocupa la vicepresdencia y el ministerio de Comercio; Atanasio Ndongo ocupa la cartera de Exteriores; Angel Masié Ntumu será ministro del Interior; Andrés Ebonde Ebonde ministro de Haciencia; Jesús Oyono Alogo ocupa el departamento de Obras Públicas; Ricardo Erimola Chema en Industria y Minas; Agustín Grande Molay en Agricultura; Pedro Ekong Andeme en Sanidad; José Nsue Angüe en Educación; Román Borikó Toichoa en Trabajo; y, finalmente, Jesús Eworo en Justicia.

Los inicios de Macías fueron notablemente moderados. Se mostraba en público casi siempre en compañía del embajador español y repetía en sus actos que España debía ser considerada como una nación amiga. Sin embargo Madrid, probablemente cediendo a las presiones de los terratenientes blancos que respiraban por la herida de no haber logrado colocar a sus hombres en las magistraturas del país, se mostró tan poco interesada en la nueva Guinea que a la proclamación de su independencia ni siquiera acudieron ni el ministro Castiella ni Carrero Blanco.

El enfrentamiento acabó llegando por el flanco económico. Macías acabaría por denunciar públicamente, en una reunión en presencia del embajador español, que las principales empresas españolas radicadas en Guinea apenas tenían capital circulante. El dinero había volado. Este conflicto comenzó a generar en la cabeza de Macías la psicosis del atentado personal y del derrocamiento. Al calor de diversos enfrentamientos entre negros y blancos, Macías retiró la bandera española de los edificios oficiales y declaró al embajador Durán-Lóriga persona non grata. España respondió ordenando a la guardia civil que ocupase el aeropuerto de Santa Isabel (Malabo) y la oficina de Correos, y que armase a los colonos blancos. El 1 de marzo, el gobierno declaró el estado de emergencia e hizo un llamamiento a los jóvenes para que le apoyasen. De aquella forma, acababa de nacer una de las instituciones más siniestras de la Guinea de Macías: las Juventudes en Marcha con Macías. El 2 de marzo comenzó la repatriación de españoles.

Meses antes de estos enfrentamientos, Macías había conseguido del presidente de Gabón que le devolviese a Bonifacio Ondó, que estaba en el país vecino autoexiliado. Tras la caída en desgracia de Ondó, la única alternativa seria a Macías era Atanasio Ndongo, ministro de Asuntos Exteriores. Al parecer, Ndongo aprovechó sus viajes por España para reunirse allí con guineanos residentes en el país y hablar de alternativas de gobierno. Después de eso, Ndongo voló a Guinea, llegó a Malabo y se entrevistó con Macías. Luego se marchó a Río Benito y después se dirigió a Bata. Muy cerca ya de esta ciudad, inmovilizó al delegado gubenativo que le acompañaba, Andrés Nuchuchuma, y luego al delegado del distrito de Bata, Esteban Nsue. Una vez encerrados ambos, buscó a Macías, pero no lo encontró. Sin embargo, el movimiento de Ndongo fracasó en el momento en que el capitán al mando de la Guardia Nacional, Salvador Ela, se negó a obedecerle. Tiempo después, estando Ndongo en el palacio presidencial, llegó Macías. Su gente desarmó a la guardia que el ministro había colocado en la puerta, y el presidente subió al primer piso. Lo que ocurrió allí es muy difícil de saber. El único dato cierto es que, al poco tiempo, Ndongo salía volando por la ventana del primer piso. Al día siguiente, aterrizó en Bata un avión en el que viajaban diversos prohombres del régimen presuntamente conchabados con Ndongo. Fueron llevados a presencia de Macías pero, por el camino, varios de ellos murieron apaleados. El régimen de Macías sostuvo que se había recibido un telegrama del ministro español Castiella felicitando a Ndongo por su acceso a la presidencia del país.

Macías culpó a España del golpe de Estado y, aunque ordenó a la población que los españoles no fuesen molestados, exigió la marcha de todas las fuerzas militares de Guinea. De 7.000 españoles que había en el país, en muy pocos días apenas quedaron 500.

Este fue, probablemente, el mejor momento para Macías. Que su golpe de mano contaba con el apoyo de los guineanos es un hecho, sobre todo porque muchos de ellos lo vieron como una justa reacción contra la injerencia española. La comunidad de naciones africanas, asimismo, mostró una amplia solidaridad con Guinea. Sin embargo, había elementos de gran inquietud. El principal de ellos era que Guinea se había quedado sin cuadros. Los españoles eran fundamentales para la prosperidad del país, y se habían marchado de la noche a la mañana. Para colmo, los intentos de Macías de permanecer neutral en el cercano conflicto de Biafra, complicados porque en Guinea residían nada menos que 60.000 trabajadores de origen nigeriano, le llevaron a prohibir la exportación de divisas por parte de dichos trabajadores, lo cual provocó el exilio de muchos de ellos, reduciendo aún más el número de técnicos.

En octubre de 1969, Franco remodeló el gobierno de España con una serie de cambios que reforzaban la posición de los tecnócratas cercanos al Opus Dei y a Carrero. Esto modificó de nuevo la relación de fuerzas en lo que a las relaciones con Guinea se refiere, de modo que éstas entraron en una clara etapa de distanciamiento. Una punta de lanza muy clara de la creciente desconfianza existente entre las partes fueron los estudiantes guineanos residentes en España, que en Madrid solían vivir en el colegio mayor Nuestra Señora de África. Macías retiró las becas de muchos de estos estudiantes y, al tiempo, el gobierno español se desentendió de ellos, condenándolos a una existencia económicamente muy comprometida (algo que, años después, seguía ocurriendo).

En Guinea, tras los sucesos de marzo, Macías había ilegalizado todos los partidos políticos menos una formación de creación propia, denominada Partido Únido Nacional o PUN; dos años después pasaría a ser PUNT, una vez que Macías se convirtió a la cruzada progresista mundial e incorporó al nombre de su formación la acostumbrada coletilla “ de los Trabajadores”.

Según las normas organizativas del PUNT, todo guineano, a los siete años de edad, entraba automáticamente en la Juventud en Marcha con Macías, donde permanecería hasta los 30 años. Para que no cupiera dudas de que aquéllas eran lentejas, el artículo 5 de los Estatutos del PUNT establecía, taxativamente, que “se pierde la condición de miembro del Partido con la muerte”. El PUNT tenía diversos ribetes de corte fascistoide, tales como arrogarse la misión de llevar a cabo el destino nacional y, sobre todo, establecer como obligación de sus militantes el colocar los intereses del partido por delante de los suyos propios.

Os reproduzco aquí el juramento del militante:

“Yo, guineano militante del PUNT, juro por Dios y mi honor luchar hasta la muerte, si hubiere lugar, por la integridad territorial de Guinea Ecuatorial, contra el colonialismo, neocolonialismo, imperialismo, colonialismo tecnológico, separatismo, la miseria y los golpes de Estado; respetar íntegramente y cumplir las declaraciones del Partido; reconocer y defender únicamente el gobierno legítimo votado por el Pueblo”.

Por decreto de 7 de mayo de 1971, Macías asumió todos los poderes de todas las instituciones del país. En un alarde de constitucionalismo del bueno, diversos artículos de dicho decreto derogaban artículos... ¡de la Constitución!

La gestión de Macías se fue volviendo crecientemente tribal. Macías era un ntumu procedente de un lugar llamado Mongomo; muchos españoles, confundiéndose con un célebre chiste de africanos rijosos, lo suelen llamar, equivocadamente, Mondongo. Ya desde su primer momento sus parientes y clientes, el muchas veces denominado Clan de Mongomo, ocupó muchos lugares en el poder. Conforme su paranoia respecto de posibles atentados y derrocamientos fue a más, esta tendencia se agudizó. Y no sólo se favoreció a los de Mongomo (entre ellos su sobrino y actual presidente, Teodoro Obiang), sino que se condenó al ostracismo a regiones enteras precisamente por lo contrario; así, Evinayong y Río Benito fueron perseguidas por el delito de ser la patria chica de Bonifacio Ondó y Atanasio Ndongo, respectivamente.

En 1971, Macías dijo haber descubierto un complot orquestado desde Madrid para derrocarle. Cesó a dos ministros, además de a otros altos funcionarios; pero el suceso es relevante, desde nuestro punto de vista, porque por tal motivo, el presidente culminó la limpieza de españoles del territorio, disponiendo la expulsión de la mayoría de los misioneros.

Desde 1970 estaba prohibida la entrada en Guinea de periodistas extranjeros. La paranoia llegó a tal punto que hubo casos en los que viajeros que simplemente se bajaron del avión con el periódico que venían leyendo debajo del brazo fueron inmediatamente expulsados. En 1972, Telefónica anunció que no admitiría conferencias a cobro revertido solicitadas desde Guinea.

Mandar, mandar, lo que se dice mandar, en la Guinea de Macías mandaban las Juventudes en Marcha con Ídem. Ellos dominaban la calle y concretaban la forma de actuar notablemente arbitraria de su presidente, que se muestra en cosas como el encarcelamiento de Federico Ngomo, un político retirado que había presidido la Asamblea en los tiempos de la autonomía y que había sido colocado en el Banco Central por el propio presidente. Fue encarcelado sin que nunca se le formase causa y murió en la cárcel el día que un guardia, no se sabe si por diversión, por cansancio o siguiendo órdenes, se dedicó a probar el filo de su machete en la arteria aorta del detenido. A Agustín Eñeso le practicaron varias mutilaciones y lo pasearon por Malabo a hostia limpia antes de matarlo.

En junio de 1972, Macías aprobó una ley constitucional que es un portento de equilibrio mental y político. En la dicha ley, que firma él mismo, se intitula de “Honorable y Gran Camarada, Su Excelencia Don Francisco Macías Nguema"; y luego se nombra presidente vitalicio, General Mayor de los Ejércitos, y Gran Maestro de Educación, Ciencia y Cultura de Guinea.

Esta patulea de nombramientos nos da la pista sobre otra de las características de Macías: eso que podríamos llamar el “Síndrome de Felipe II”. Sabido es que este rey nuestro no se fiaba de casi nadie y se empeñaba en que todos los asuntos de España pasaran por su mesa, lo que esclerotizó la marcha de su imperio. A Macías le pasó lo mismo. Esta afición por los muchos cargos ampulosos, sobre la que ya volveremos, demuestra, a mi modo de ver, que don Paco era una persona que no confiaba nada más que en sí mismo. Propio de personas así son medidas que tomó, como la prohibición de salir del país a toda persona que no tuviese una misión del gobierno encomendada, o la revisión sistemática de toda la correspondencia, mucha de la cual terminaba en su propia mesa.

Macías es ya un dictador puro y duro de Guinea. Aunque aún le quedan etapas por quemar. Por ejemplo, convertirse en un adalid del progresismo (tal cual).

Todo llegará.

martes, diciembre 09, 2008

Cómo admirar a la vez a Marx, Lenin, Mao, Hitler y Franco (3)

[INTERMEZZO] Pues sí, el Anónimo comunicante tenía razón. Eran Galán y García Hernández, militares que llevaron a cabo el golpe republicano de Jaca a finales de 1930, y que fueron fusilados, quienes iban a ser enterrados bajo la puerta de Alcalá, en un acto con manifestación masiva que tenia que celebrarse en algún momento del verano de 1936. La guerra cambió los planes.

Y, dicho esto, avanzamos en esta primera historia guineana que ya comenzamos a desarrollar aquí y aquí.

En 1961, las presiones que experimenta España en el ámbito internacional para convertirse en un país presentable, presiones que incluyen el asunto de la colonia guineana, dan su fruto. El contraalmirante Núñez Rodríguez, entonces gobernador general de la colonia, anuncia de forma absolutamente sorpresiva la decisión del gobierno de Madrid de conceder la autonomía a las dos provincias guineanas. Eso sí, tardó cerca de dos años en elaborar la ley marco de dicha autonomía, cuya redacción, en efecto, no empezó hasta 1963. El ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, que entonces hacía las veces de De la Vega y se encargaba de dar la cara ante los periodistas después del consejo de ministros, se permitió decir que aquel proyecto normativo se desarrollaba dentro de la sólida tradición de España “en su misión civilizadora de pueblos”. Así pues, todo en el discurso franquista seguía rezumando ese tufillo chungo de blanquito que”civiliza” al pobre negro zumbón.

En el fondo, lo que Madrid quería hacer era dividir y vencer. Dividir, porque el proyecto español era abordar por separado la autonomía de Río Muni y Fernando Poo, es decir la Guinea continental e insular. En segundo lugar, trataban de buscar algún local moderado que asumiese el gobierno autónomo, pero siguiendo las amables directrices de la metrópoli. Y ese alguien fue Bonifacio Ondó Endú, un ex seminarista bienintencionado que había huido del país tras el asesinato de Acacio Mañé.

Ondó fundó el Movimiento de Unión Nacional de Guinea Ecuatorial (MUNGE), un partido moderado en el sentido de que ni de coña se planteaba la ruptura de vínculos con España.

La actuación española fue muy acorde con la misión histórica civilizadora de nuestro país. En noviembre de 1961, el almirante Carrero presentaba ante las Cortes un borrador de proyecto de ley de autonomía sobre el que aún no se había posado ningún par de ojos con párpados oscuros. En efecto, los guineanos, beneficiarios al fin y a la postre de la norma, no la conocían. Eran los españoles los que la manejaban, con prisas porque en la ONU se estaba estudiando el asunto de Gibraltar, y España quería, con la autonomía de Guinea, demostrar su propensión al buen rollito anticolonial.

En el referéndum posterior, la oposición independentista acabó uniéndose al MUNGE en la defensa del Sí, tras un primer momento en que propugnaron pasar de las votaciones.

El 11 de enero de 1964, se convocaron en Guinea elecciones para renovar Juntas Vecinales, Ayuntamientos y Diputaciones, así como para constituir la primera Asamblea General autónoma. Sólo el MUNGE participó en los comicios. El gobierno resultante de las elecciones tenía a Bonifacio Ondó como presidente y a Francisco Macías Nguema como vicepresidente y consejero de obras públicas; Rafael Nsué era consejero de Agricultura (sustituido por Agustín Nvé por un asuntillo de corrupción); Antonio Cándido Nnang de Trabajo; Luis Rondo Maguga, de Educación (sustituido por Agustín Eñeso tras su fallecimiento); Gustavo Watson Bueco, de Sanidad; Aurelio Nicolás Ithoa, de Hacienda; Román Borikó Toichoa, de Industria y Minas; y, como consejero de Información y Turimo, Luis Mao Sicachá. Federico Ngomo Nandongo, Dámaso Sima Obono, Enrique Gori Molubela y Evaristo Motede Euchi fueron designados procuradores en las Cortes españolas.

El brazo sindical del MONALIGE, la Unión General de Trabajadores de Guinea Ecuatorial (UGTGE), montó en abril de 1967 una huelga general que pretendía ser una protesta por el régimen imperante, su nivel de corrupción, así como el hecho de que, cada vez con más claridad, se pretendía que fuera una especie de autonomía permanente que, por lo tanto, evitase en la práctica la plena descolonización del territorio.

Este momento de progresiva pérdida de imagen del MUNGE fue el que aprovechó Macías para convertirse en una especie de ala izquierda del partido y tender puentes hacia el MONALIGE y Atanasio Ndongo, quien ya había vuelto del exilio, entre otras cosas, por las gestiones en tal sentido del propio Macías. En un país que comenzaba a conocer las típicas historias de satrapía africanas, tan llenas de vividores y corruptos, Macías se labró una imagen de honrado a carta cabal, de hombre sin vicios (al igual que Hitler, y casi cabría decir que Franco, ni fumaba, ni bebía, ni se le conocían promiscuidades). Finalmente, Ndongo y Macías redactaron un manifiesto conjunto en el que demandaban la total autodeterminación de Guinea.

En España, poco a poco, y como lógica consecuencia de las presiones internacionales, ganaban peso los defensores de esa autodeterminación. España invitó a estudiar el caso guineano a la llamada Comisión de los Veinticuatro, el grupo de la ONU dedicada a la descolonización; e, incluso, se adelantó a la propia ONU (Resolución 2.230) convocando una conferencia constitucional para diseñar la independencia del país. La conferencia comenzó a currar el 30 de octubre de 1967, en la sede del ministerio español de Asuntos Exteriores. En la misma intervinieron personas de la Administración española que serían importantes, tales como Fernando Morán, entonces Director General de África y luego ministro de Asuntos Exteriores con el PSOE; o Rodolfo Martín Villa, que representó al Ministerio de Industria. Por parte guineana participaron 47 personas. Estos representantes guineanos, a partir de un comunicado conjunto del IPGE, el MUNGE y el MONALIGE, se apresuraron a exigir a España que fijase una fecha para la independencia de Guinea anterior al 15 de julio de 1968. No firmaron dicho documento los partidos partidarios de una independencia distinta para la Guinea insular y la continental, es decir la Unión Fernandina y la Unión Bubi.

El avance de la conferencia, suspendida en noviembre de 1967 y recomenzada en febrero de 1968 una vez que quedó claro que la independencia sería sólo una, definió claramente la competencia como líderes guineanos de Ondó y Ndongo. En todo caso, la delegación guineana se aplicó a buscar los servicios de un asesor español; tras varios candidatos, el elegido sería el jurista Antonio García-Trevijano, cuyo papel en dicha conferencia constitucional y, en general, en Guinea, no dejaría de estar exento de polémica, incluso en aquellos años de prensa bajo sedación.

Pero lo más importante de esta segunda cascada constitucional es el papel de Macías. Hasta entonces, don Francisco se había mantenido como lo que era, un político sin ideología definida. En ese momento, sin embargo, y conforme los debates de la conferencia se iban liando, Macías fue destacándose como defensor a ultranza de la independencia. Cuando se opuso frontalmente al proyecto de Constitución elaborado por la conferencia, se convirtió en el principal adalid de la independencia de Guinea. De hecho, se quedó solo en la oposición a dicha Constitución, que consideraba neocolonialista, lo cual le habría de reportar muchos réditos en su país. La fecha de la independencia quedó fijada para el 12 de octubre de 1968. El día de la hispanidad, Guinea dejaría de ser española.

Los enemigos de Macías, partidarios del Sí en el referéndum constitucional, le ganaron dicho referéndum. Pero, en realidad, lo perdieron. La Constitución se aprobó con el 63% de lo votos emitidos, lo cual venía a significar que Macías, que propiamente no tenía partido político detrás, que estaba básicamente solo, haciendo campaña en solitario por el No, podría abrogarse hasta el último voto del 37% que le había seguido.

El 22 de septiembre se realizó la convocatoria de las elecciones presidenciales. España estuvo torpe. Su candidato, obviamente, era Bonifacio Ondó; pero empeñado como estaba Madrid en controlar Guinea empezando por dividir el continente de las islas, se montó un segundo candidato secesionista, Edmundo Bosío Dioco, de la Unión Bubi, que en la práctica dividió los votos de lo que podría denominarse los guineanos españolistas. En realidad, el candidato número dos (tras Ondó) era Atanasio Ndongo. Pero su vivero de votos estaba petado de candidatos, mientras que el de Macías era para él solo. Macías, además, fue muy listo al trabajarse a los disidentes de las formaciones teóricamente poderosas, como ocurrió con algunos dirigentes del MONALIGE. Por su parte Clemente Ateba, y su IPGE, optaron por la neutralidad.

Macías consiguió 36.716 votos, por 31.941 de Bonifacio Ondó, 18.223 de Ndongo y 4.795 de Bosío. En la segunda vuelta, quizá, Ondó creyó la partida ganada. Al fin y al cabo, era el candidato de Madrid. Macías, sin embargo, echó mano de la aritmética más sencilla, y llegó a un acuerdo con Ndongo para obtener su apoyo. Como corolario, la segunda vuelta la ganó Macías por más de 25.000 votos.

Probablemente nadie podía ni imaginarse lo que estaba por llegar.

viernes, diciembre 05, 2008

Adivinanza alcalaína

Haciendo un paréntesis en las historias guineanas, os dejo para la reflexión de fin de semana esta adivinanza. Me la encontré por pura casualidad leyendo un libro que se llama Historia política de la España roja.

Siempre puede que esté equivocado pero, que yo sepa, debajo de la Puerta de Alcalá de Madrid no hay nada. O mejor debería decir nadie. Ello a pesar de que la costumbre de enterrar a personajes relevantes debajo de monumentos singulares tiene cierta tradición en Europa.

Una vez, que yo sepa, existió el proyecto o la intención de enterrar a alguien bajo la Puerta de Alcalá. Y la adivinanza, por supuesto, tiene que ver con quién.

Creo que la confesión sobre la fuente donde he leído el dato ya es, en sí, una pistaza. Reduce muy significativamente el ámbito temporal sobre el que tenéis que hacer cábalas. Pero, aún así, como se acerca la Navidad y ésas son fechas de generosidad y buen rollito, os voy a dar una pista más: la respuesta correcta puede ser quién, o puede ser quiénes.

martes, diciembre 02, 2008

Cómo admirar a la vez a Marx, Lenin, Mao, Hitler y Franco (2)

Antes de nada, y para contestar a las consultas sobre la fuente del discurso de Macías, yo lo he sacado de un libro que cita dicho discurso, pronunciado en Bata a principios de los años setenta. El libro se llama Historia y tragedia de Guinea Ecuatorial, y es obra de Donato Ndongo Bidyogo.

En fin, sigamos con esta historia.

En agosto de 1938, es decir más o menos cuando Franco comenzó pensar que eso de ganar la guerra iba a ser que sí, el Estado franquista comenzó ya a regular el estatus de Guinea y de sus dos territorios, formados por la isla de Fernando Poo y la llamada Guinea continental. Se instituía la figura del gobernador general, con residencia de Santa Isabel (o sea, Malabo), con un cargo muy de corte colonial, con amplísimos poderes. El gobernador general tenía un subgobernador con residencia en el continente, así como administradores territoriales en las otras islas y en lo distritos continentales de Río Benito y Puerto Iradier. Los administradores generales tenían que ser polis, o sea mandos o bien de la guardia colonial o de bien de la guardia civil.

Asimismo, se creaba el llamado Patronato de Indígenas, institución destinada a procurar el bienestar de la población negra, aunque apenas se contaba con su concurso, pues en el amplio abanico de cargos, patronos y demás, apenas había dos negros, que además tenían que estar emancipados, ser, por lo tanto, miembros de la oligarquía negra formada por los descendientes de los libertos llegados, sobre todo, de Cuba o de Liberia.

El franquismo no reguló propiamente los derechos de los negros hasta 1944. Lo hizo mediante un decreto que dividía a los negros de Guinea en emancipados plenos, emancipados parciales y no emancipados. En términos generales, un negro emancipado pleno era totalmente asimilable a un español residente en Guinea, lo cual quiere decir que a partir de ese momento podía comprar aceite de oliva, pan blanco y tomar bebidas alcohólicas en los mismos bares que los blancos. Aunque había algunas restricciones. No podía hacer guarrerías con mujeres blancas y mucho menos desposarlas. Los blancos también tenían prohibido casarse con negras, pero eso no les importaba demasiado porque el orden de Franco, del muy católico y conservador Franco, les permitía tenerlas en concubinato.

Un negro emancipado, decía la legislación, tenía que tener 21 años y ser suficientemente maduro, expresión ésta que se presta a notables dosis de subjetivismo. Debía de tener cualificación universitaria o similar y poder demostrar un trabajo durante dos años como mínimo en la explotación de un blanco, con un salario mínimo de 5.000 pesetas al año, o haber alcanzado en el funcionariado al menos la categoría de auxiliar indígena. O sea, para ser un negro guineano con derechos había que dar la impresión de que, al lado de uno, el Sidney Poitier de Adivina quién viene a cenar esta noche era un imbécil iletrado.

El emancipado parcial podía endeudarse hasta 10.000 pesetas sin tener que pedir permiso al Patronato, así como ser jurado. No podía ni comprar ni consumir bebidas alcohólicas.

En la base del sistema estaba el negro no emancipado. El cual no podía vender bienes inmobiliarios, contraer obligaciones por encima de 500 pesetas y ni siquiera se le reconocía capacidad jurídica para comparecer por sí mismo ante un tribunal. El sistema de tribunales, por cierto, estaba formado por salas con jueces blancos asistidos por jefes territoriales, en las instancias más bajas, y negros emancipados, en las más altas. Pero, de todas formas, el gobernador general retenía la potestad de anular o cambiar una sentencia a su discreción.

Todos los cargos de representación, notablemente los económicos, eran ocupados por blancos, a muchos de los cuales la normativa les exigía ser acordes con la moral católica. Quizá algún día encuentre a algún obispo que me explique eso de que el concubinato con negras, o como quien dice el concubinato en sí, es acorde con la moral católica.

Con todo, probablemente el mayor descuido social de la metrópoli española respecto de Guinea fue la educación. Muy pocos guineanos alcanzaban el nivel de optar para obtener los certificados de educación y, de los que lo hacían, superaban lo exámenes entre una cuarta y una quinta parte de ellos. En 1944, el director del Instituto Colonial Indígena, Heriberto Álvarez, hizo un esfuerzo racional por impulsar la educación de los guineanos, con una ley de bases de la enseñanza indígena, conocida como Ley Álvarez. A pesar de esos esfuerzos, diez años después de la ley, y en un país mayoritariamente negro como Guinea, todavía la mitad de los escolarizados en el país eran blancos.

Todos los alumnos estaban obligados a hablar en castellano dentro de la escuela, recreo incluido.

Los negros no hacían servicio militar, pero prestaban una especie de servicio social al Estado durante dos años. Bueno, no todos. Los jornaleros por cuenta ajena no cumplían dos, sino cuatro: dos a cuenta de ellos mismos, y otros dos a cuenta de su amo.

El nacionalismo comenzó cuando el gobernador general Mariano Alonso comenzó, según algunas versiones, a albergar la esperanza de ser entronizado por los bubis. La resistencia a esta injerencia forzó la formación del primer grupo propiamente antiespañol, denominado Las Hijas de Bissila. Las protestas llegaron a Madrid y provocaron la visita a la colonia de una comisión de investigación presidida por Carrero, que de esta manera tenía su segundo contacto con la realidad guineana. El gobernador fue cesado.

Pasado este episodio, el nacionalismo más sólido comenzó a surgir a finales de los cuarenta, que es cuando salen de la escuela los primeros maestros negros. Se unieron con algunos propietarios como Acacio Mañé y, por primera vez, esas reuniones fueron transtribales.

En 1952, los negros impulsaron una huelga en el seminario de Banapé para protestar por cosas como la bazofia que comían o que les restringiesen las lecturas. La huelga provocó la expulsión del seminario de algunos prohombres del primer nacionalismo guineano, como Atanasio Ndongo Miyone o Enrique Gori Molubela. Ndongo, a la salida del seminario, toma contacto con la Cruzada de Liberación, organización surgida a la sombra de Mañé, y la convierte en el Movimiento Nacional de Liberación de Guinea Ecuatorial, MONALIGE.

En cuanto en Madrid se olieron la tostada de que los negros comenzaban a organizarse, sacaron a relucir la historia de que la política española en Guinea tenía como objetivo proteger a los no fang del imperialismo de éstos, que afectaba también al Camerún. Una nutrida representación de opositores, entre ellos el propio Ndongo, Jesús Mba, Clemente Ateba, Acacio Mañé y otros, enviaron un memorando a las Naciones Unidas negando todas estas acusaciones y sustentando, por primera vez, el derecho de los guineanos a la autodeterminación.

En la noche del 20 de noviembre de 1958, Acacio Mañé fue sacado de su domicilio. Nadie volvió a verlo. Franco acababa de construir un mártir. Aunque el régimen hizo esfuerzos por tender la mano, sobre todo mediante declaraciones de que la dependencia de los guineanos había llegado a su fin, no consiguió evitar que el nacionalismo se exacerbase. Además, el juego sucio continuó. El 21 de noviembre de 1959, fue asesinado en Gabón Enrique Nvó, líder del MONALIGE. Radicalizado por este hecho, el otro líder del partido, Atanasio Ndongo, comenzó a frecuentar a las fuerzas socialistas de la zona y a viajar por países de la órbita soviética, explicando que la reciente ley de provincialización de Guinea, que según se pretendía en Madrid terminaba con el colonialismo, era en realidad ineficaz. Por su parte, Antonino Eworo, Clemente Ateba, Jesús Mba y otros fundaban el IPGE (Idea Popular de Guinea Ecuatorial), partido anticolonialista aunque algo más moderado respecto de la independencia.

Mientras ocurría esto en Guinea, en Madrid también había sus leches. Estamos ya en 1960 y hace ya algunos años, unos tres, que los llamados tecnócratas han comenzado a entrar en las estructuras de la cúpula del franquismo. De la mano de Luis Carrero, que es su gran factótum en los inicios, en mayor medida que la fuerza del Opus Dei. Carrero tiene intereses en Guinea, se ha escrito que incluso de índole económica y de negocios, y por lo tanto tiene un alto interés en el mantenimiento del status quo. En la otra esquina el gobierno, está Fernando María Castiella. Castiella era un franquista sincero, pero como ministro de Asuntos Exteriores era el tipo al que le tocaba ir por el mundo adelante y acabar escuchando que al franquismo no había por dónde cogerlo. Como la obsesión de Castiella, y quizá la orden que tenía de Franco, era conseguir la normalización internacional de España, el ministro lo intentó. Suya fue, por ejemplo, la idea de que España solicitase, en 1962, el ingreso en la Comunidad Económica Europea. Pero, claro, en los foros internacionales a Castiella le comían la oreja con que tenía que ser España un país presentable. Y ser presentable pasaba por dejar de ser colonialista. Así pues, Castiella era partidario de la autodeterminación de Guinea.

El corolario de estos enfrentamientos fue una nueva legislación sobre gobierno y administración de Guinea, de 1960, que creó diputaciones y ayuntamientos, además de establecer que las provincias de Fernando Poo y Río Muni tendrían representantes en el Consejo Nacional del Movimiento y en las Cortes. No obstante, ante esas Cortes, en 1964, el almirante Carrero diría: “somos respetuosos como nadie con la autodeterminación, pero cuando es de verdad, es decir cuando lo que votan saben lo que votan”. Dicho de otra forma, seguía sin creer en el albedrío de los negros.

sábado, noviembre 29, 2008

Cómo admirar a la vez a Marx, Lenin, Mao, Hitler y Franco (1)

Es una sonrisa lo que veis en mi rostro.

:-)

Os he pillado.

La verdad, empezaba a dudar que fuera a ser capaz. De hecho, Pablo ha estado a punto, a puntito, de desmentir mis ilusiones. Ha estado cerca, pero no ha dado.

Pablo ha dicho Idi Amín. Supongo que porque ha pensado en alguien lo suficientemente capullo como para tener admiraciones tan abracadabrantes. Y no ha fallado, salvo en el detalle de que Amín, probablemente, nunca se preocupó de saber quién era Franco.

El truco, Pablo et altera, consiste tan solo en buscar un Idi Amín que supiera quién fue Franco.

Y ese no es otro que Francisco Macías Nguema.

De todas maneras, no me extraña que no lo hayáis pillado, sobre todo los más jóvenes de entre vosotros. Para la España actual, Guinea Ecuatorial es como si nunca hubiera existido, como si nunca hubiera sido española. De hecho, nuestra influencia en dicho país hoy es inexistente. Sin embargo, Guinea y España tienen una historia en común, una historia, en ocasiones tristísima, con hechos tan palmarios como que mientras en España se desarrollaba una dictadura sobre cuya crueldad hoy hablamos y hablamos, en Guinea se desarrollaba otra, la de Macías, al lado de la cual, a mi modo de ver, Franco aparece como una especie de reformista bienintencionado.

Este post, pues, y alguno que le seguirá, es, en parte, una reivindicación. A aquellos de entre vosotros que seais maestros os pediría que, algún día, invirtáis aunque sólo sea media horita en señalar Guinea en un mapa, y explicarle a vuestros alumnos que un día fue española. Y las cosas que ocurrieron durante esa etapa, pocas buenas.



En 1472, apenas veinte años antes de que Colón pusiera sus pies en América, dos navegantes portugueses, Fernao Poo y Lopes Gonsalves, se convertían en los primeros blancos en poner el pie el golfo de Guinea, en África. Aquella fértil esquina del mapa africano se convirtió pronto en un teatro secundario de las luchas entre las dos grandes potencias imperialistas de la zona, España y Portugal. En 1510 se establecen ya en la zona las primeras factorías españolas dedicadas al tráfico de negros, cuya práctica estaba prohibida a los españoles, motivo por el cual la corona hispana arrendaba los servicios de intermediarios flamencos para ello. Todas las islas de la zona, Annobón, Corisco, Santo Tomé y Príncipe, se convirtieron en enormes hipermercados de negros, de donde salieron a centenares de miles camino de sus nuevos destinos vitales.

Ya en tiempos del rey con nombre de coñá, o sea Carlos III, España hizo un movimiento bélico por el cual sus tropas, comandadas por el virrey de La Plata, Pedro de Cevallos, ocuparon la isla de Santa Catalina y la colonia de Sacramento en Rio Grande do Sul, o sea en Brasil. El conde de Floridablanca, hombre fuerte del gobierno carlita, que ya estaba preocupado por el coste que le suponía a España el aprovisionamiento de esclavos para sus colonias, pactó con Portugal una ampliación de las posesiones africanas de España a cambio de devolverle los territorios brasileiros. Fruto de estas negociaciones es el denominado tratado de El Pardo (24 de marzo de 1778), por el cual España se quedaba con Annobon y Fernando Poo. Llama la atención el detalle de que en la expedición que, inmediatamente, se puso a la mar desde Uruguay para hacerse con la colonia, iba un teniente coronel llamado Joaquín Primo de Rivera. Aquella primera expedición fue un desastre. Su jefe, el conde de Argelejo, murió de unas fiebres, y el resto de los miembros, al llegar a Annobón, se encontraron a los esclavos rebelados y en las hostias casi no quedó ningún blanco vivo.

Durante el siglo XIX, España empieza a registrar la presión de la potencia emergente, o sea Inglaterra, la cual se establece en la zona mediante establecimientos como Gold Coast, que además del nombre de un cigarrillo es como se conoció a la actual Ghana, o la ciudad de Lagos, que como sabemos es la capital de la actual Nigeria. También patea por ahí Francia, la cual celebra el fin de la esclavitud en su civilización con la fundación de Ciudad Libre, o sea Libreville.

A pesar de que en 1831 vuelve a haber otra expedición española, la de Marcelino Andrés, e incluso el nombramiento de un gobernador en la persona de Juan José de Lerena, la verdad es que a la España de la primera mitad del XIX, Guinea le sobra. En 1858, un nuevo gobernador, Pedro Chacón, y después José de la Gándara, se lo toman más en serio, echan del país a los misioneros metodistas y a los colones ingleses, traen a los jesuitas y dan carta de naturaleza, por primera vez, a la etnia bubi, en constante dialéctica con los fang, el pueblo mayoritario del continente, al parecer originario de Egipto. Más o menos de aquella época data la colonización de Guinea a la australiana, es decir intentando atraer a delincuentes y otros seres prostibularios que en España ya no tenían destino; así como a negros llegados a África a través de las emigraciones desde Estados Unidos a Liberia; razón por la cual, en aquella primera Guinea era relativamente común encontrar negros apellidados Jones, Douglas, o King. La labor de estos gobernadores no fue fácil, pues los bubis se alzaron contra el poder español, razón por la cual el poder español se llevó por delante a unos 20.000 de ellos. Luego de vencer sobre los bubis, comenzó la expansión por la Guinea continental, donde los españoles habrían de encontrarse con los fang.

España, no obstante, se encontró con la rapiña de las grandes potencias europeas. A Inglaterra le interesaba Fernando Poo y, al parecer, hasta nos llegó a ofrecer 60.000 libras de la época por la isla. Por su parte, Alemania redujo muy notablemente las posesiones españolas, en su beneficio, en la conferencia de Berlín (1884-85). Francia también se hizo con territorios. Todo parecía perdido para España en la Guinea continental hasta que, pasado 1898 y tras el desastre colonial, éste tuvo la curiosa ventaja para la diplomacia española de poder ahora centrarse en el asunto guineano. Aparte de enviar negros cubanos a la zona, España reclamó la reapertura de las negociaciones internacionales, en 1900. Fue en esas negociaciones cuando salvó los muebles, pues se quedó con los 26.000 kilómetros cuadrados que compusieron nuestra colonia guineana; pero cabe recordar que la zona de influencia española, al principio del proceso, era de unos 300.000 kilómetros cuadrados, así reconocidos como españoles en las actas de la Conferencia de Berlín.

En 1923, durante la dictadura de Primo de Rivera, se dieron los primeros reclutamientos de negros guineanos en la legión española. La existencia legal de los negros en su propio país era, como siempre en los regímenes coloniales, bastante problemática y difícil. De hecho, Guinea se gobernaba mediante una especie de consejos vecinales, que quizá pretendían recoger de alguna forma la tradición africana inveterada pero, en cualquier caso, estaban dominados por los blancos. El régimen jurídico de los negros en Guinea a principios del siglo XX incluía medidas como la prohibición de venderles bebidas alcohólicas o contratarlos en determinadas condiciones, digamos, blancas. Los colonos blancos se aprovecharon de la situación de alegalidad del guineano, en mayor medida que de discriminación, y procedieron a expoliarlo, sobre todo en lo que se refiere a los terrenos de explotación comunal, bastante comunes en las relaciones socioeconómicas tribales, y que se fueron aplicando a sus haciendas por el artículo 33, de una forma tan escandalosa que en 1926 la dictadura tuvo que aprobar un decreto ilegalizando parte de aquellos robos.

En 1927, el gobierno primorriverista envió un buque, el Cánovas del Castillo, con la misión de levantar realizar la cartografía de Río Muni, como se llamaba la provincia continental de Guinea. El dato tiene su interés porque en aquella expedición fue un oficial de la Armada que habría de morir casi medio siglo después, sentado en su coche oficial, de vuelta de misa. Era, sí, Luis Carrero Blanco. Y el interés del dato es alto porque, evidentemente, durante aquel viaje, Carrero desarrolló algún tipo de vínculo estrecho con Guinea, que habría de ser muy importante para la historia de esta colonia, después país.

La República, que tan buena se quiere ver para muchas cosas, pasó por Guinea sin romperla ni mancharla. En realidad, el principal valor de Guinea para la República fue como destino de destierro, pues allí fueron enviadas diversas personas que el régimen consideró desterrables; eso, claro, y el famoso escándalo Nombela, del que algún día deberíamos hablar. A pesar de que el país distaba mucho de ser una balsa de aceite, y si no que se lo digan al general Sostoa, gobernador general, asesinado por un miembro de la Guardia Colonial, poco hizo la República por Guinea, aparte de incrementar la presencia de blancos en los pueblos a través precisamente de la guardia colonial. Cabe reconocer que la República hizo intentos, pocos, de mejorar las condiciones sociolaborales (en realidad, suciolaborales) de los negros; pero, aún siendo poco, chocó a menudo con los colonos.

Si hubo dos Españas, apenas hubo dos Guineas (eso si nos olvidamos del pequeño detalle de las relaciones entre negros y blancos, claro). Ciertamente, en la colonia había dos tendencias, llamadas laicos y clericales, cuyas simpatías políticas son fáciles de adivinar. Sin embargo, baste un dato para explicar lo superficial que era todo allí: sólo existía un partido político, llamado Frente Popular pero no muy identificado con el Frente Popular de España. Tenía, en toda Guinea, 150 adeptos. Y la política le resultaba tan interesante que, el 16 de febrero de 1936, ni siquiera reclamó una urna. En Guinea, simple y llanamente, no se votó.

Cuando los nacionales se sublevaron a favor de Franco, animados por el jefe local de la guardia civil, el subgobernador de Bata, Miguel Hernández Porcel, se negó a sumarse. En la orilla del río Ekuku, las tropas republicanas salieron al paso de la expedición rebelde que iba a tomar Bata. Se intercambiaron unos disparos y murieron dos soldados negros. Eso fue todo. Bata permaneció con la República. En realidad, la guerra civil en Guinea se ciñó, sobre todo, a la pelea radiotelegráfica por un barco, el Fernando Poo, que estaba en la zona. Ambas facciones, los sublevados desde Santa Isabel (actual Malabo); y los republicanos desde Bata, llamaban al barco afirmando que ellos eran los representantes de la legalidad, y ordenando al barco que se presentarse en su puerto. Finalmente, el Fernando Poo se fue a Bata, donde fue utilizado como prisión, sobre todo de sacerdotes y monjas. Algunas semanas después llegó a Bata el Ciudad de Mahón, barco de guerra enviado desde Canarias para apoyar la sublevación, el cual bombardeó el puerto y el Fernando Poo, hundiéndolo con los prisioneros dentro. El franquismo consideró a aquellos ahogados mártires de la Cruzada, aunque solía olvidar, habitualmente, que había sido él mismo el que los había enviado al fondo del mar.

Cuando Franco ganó fue cuando se produjo, por primera vez, una auténtica administración española sobre Guinea. Este será el próximo escalón de la escalerita.

lunes, noviembre 24, 2008

Cinco en uno

Esta semana descansaréis de posts. Voy a estar casi todos estos días fuera de España, concretamente en la cálida Suecia, y no escribiré.

Os dejo una adivinanza:

¿Qué líder político se os ocurre que pudo, en el mismo discurso político, expresar su admiración por: Marx, Lenin, Mao Zedong, Adolf Hitler y Francisco Franco?

Cráneo previlegiado, ¿eh?

jueves, noviembre 20, 2008

Qué duro es esto: un montón de razones para tener el pulso acelerado

La versión completa de este post es descargable en pdf pinchando aquí .




Qué duro es esto.

Los últimos 324 días en la vida de Francisco Franco

Megapost de Juan de Juan



Capítulo 1: un montón de razones para tener el pulso acelerado




Durante los meses que aquí intentamos historiar, no pocos factores externos al propio franquismo conspiraron para detener la tibia apertura iniciada el 12 de febrero de 1974 por el gobierno Arias Navarro. Pero, ciertamente, también otras cosas ocurrieron por dentro del franquismo. Las tendencias más inmovilistas jugaron sus cartas ante Franco y ya el 29 de octubre del mismo 1974 se cobraron la primera pieza. Se celebraba en el Consejo Nacional del Movimiento el XLI aniversario de la fundación de Falange Española y, en los sitios destinados al gobierno, se observa una ausencia muy evidente: la de Pío Cabanillas Gallas, ministro de Información y Turismo y, con permiso de Manuel Fraga, medio factótum, medio líder, de la facción aperturista del régimen.

Pío Cabanillas fue cesado sin que hubiese grandes explicaciones sobre los motivos de dicho cese. Era la forma de hacer del franquismo; de hecho, muchos cesados ni siquiera se enteraban de las razones de fondo de dichos ceses. Llegaba un motorista con la carta, y a casa. No obstante, la movida cabanillesca debió de ser importante, porque provocó nada menos que la dimisión de otro ministro en solidaridad: la del titular de Hacienda, Antonio Barrera de Irimo.

Barrera de Irimo era, después de Federico Silva Muñoz, el segundo ministro de Franco que se piraba del gobierno por deseo propio. Dos giñadas en 35 años. A finales de aquel año, dejando claro que las tensiones en las familias del franquismo empezaban a ser navajazos, aún habría una tercera despedida: la de Licinio de la Fuente, ministro de Trabajo, ya en febrero del 75. Aún tuvo Arias, en aquel año, que hacer un reajuste más, debido a la fatalidad: el ministro Secretario del Movimiento, Fernando Herrero Tejedor, se mataba en un accidente de tráfico, por lo que hubo de ser sustituido por José Solís Ruiz.

La coña de las asociaciones políticas

En la agenda de Arias, y cada vez menos en la de Franco, 1975 tenía que ser el año de las asociaciones políticas. Todo parece apoyar las ideas aperturistas. Una encuesta que se publica entonces señala que el 72% de los españoles apoya la idea (propuesta por Arias, nunca aprobada por las cortes franquistas) de que los alcaldes sean elegidos por sufragio universal. Hasta la Conferencia Episcopal le echa un capote al reformador con una nota que, en su punto tres aboga por «proceder a una renovación de los espíritus y a profundas reformas de la sociedad». No obstante, el búnker sigue ahí. En el mismo mes de enero, una huelga de cuatro días en la SEAT de Barcelona provocará que casi 14.000 trabajadores sean suspendidos un día de empleo y sueldo.

Las cosas se mueven dentro, y fuera. Los días 10 y 11 de enero se produce en Bruselas la que se conocería como reunión de los 30. En la sede de las Comunidades Europeas, e invitados por una organización dedicada a la reflexión sobre el futuro de Europa, se reúnen una serie de españoles, cuya lista deja bastante claro que los sectores más liberales que han vivido en la legalidad franquista están por la labor del cambio. Los nombres de aquella reunión son: Pedro Altares, Fernando Álvarez de Miranda, Rafael Arias-Salgado, José Manuel Arija Fernández, José Mario Armero, Sebastián Auger, Fernando Baeza, Miguel Boyer, Manuel Broseta, Ignacio Camuñas, Antón Cañellas, Víctor Carrascal Felgueroso, Antonio Fontán, Joaquín Garrigues Walker, Enrique Gironella, Luis González Seara, José Ramón Lasuen, Miguel Martínez Cuadrado, Juan Millet Tusell, Raúl Morodo, Enrique Múgica Herzog, Joaquín Muñoz Peirats, Juan Antonio Ortega y Díaz Hambrona, Miquel Roca Junyent, Mariano Rubio, Luis Solana Madariaga, Ramón Trías Fargas, Vicente Ventura Beltrán, José Vidal Beneyto y Alejandro Rojas Marcos de la Visca.

Dos días después de terminada esta reunión bruselense en la que franquistas más o menos convencidos charlaron con socialistas, liberales, nacionalistas catalanes y otras familias olvidadas de la política española, el franquismo abre sus puertas al futuro. En el Consejo Nacional del Movimiento se abre la oficina de información de asociaciones, que ya tienen una ventanilla donde presentarse para solicitar su legalización.

Todo el mundo espera el paso del trío de los considerados liberales del franquismo: Manuel Fraga, José María de Areilza y Federico Silva. A los tres, Arias les necesita, porque sin ellos la conversión del franquismo en una serie de grupos políticos queda en manos de los del bunker, es decir de la derecha más reaccionaria. Fraga vive apartado del epicentro del poder, como Areilza, y Silva es, como hemos dicho, uno de los tres políticos que ha tenido la osadía de decirle a Franco «ahí te quedas, el motorista te lo mando yo». La comidilla política de Madrid es cuándo y cómo estos tres titanes del franquismo van a montar su asociación. Pero esa decisión nunca llegará. Fraga y los suyos, decepcionados con las estrecheces de la ley de asociaciones, decidirán lo que hoy denominaríamos la «solución FAES», o sea, la creación de una sociedad privada de estudios desde la cual hacer política a placer. Otro que decidió salirse de la normativa fue José María Gil-Robles, el viejo político que en la República había sido el líder de la CEDA, el cual trata de fundar en marzo de 1975 la Federación Popular Democrática, al amparo de la Ley de Asociaciones de 1964; o sea, pasando de la nueva. Otro que también se autoexilió de las asociaciones políticas fue Joaquín Ruiz-Giménez, quizá el político católico (entiéndase: significado como tal) más importante del franquismo, quien también decide pasar de participar en la movida.

Lejos de producirse el efecto esperado, el nacimiento de las asociaciones es cosa de segundones. Se presenta para inscribirse la Asociación Proverista, al frente de la cual se sitúa el abogado vitoriano Manuel Maysounnave. Pocos días después, Manuel Cantarero del Castillo presenta los papeles para legalizar su Reforma Social Española. Ambas formaciones, por cierto, serían partidos políticos en la Transición y se presentarían a las elecciones, con éxito más bien escaso.

El 7% de los españoles, según una encuesta de Informaciones, cree en las asociaciones políticas. Una manera franquista de decir las cosas. La forma democrática de decir esto mismo es destacar que el 93% pasa de ellas como de comer mierda.

En marzo, Federico Silva dará el paso de solicitar la inscripción de la Unión Democrática Española. La UDE tiene un grupo de impulsores donde hay conspicuos ex ministros o altos cargos del franquismo, como Alberto Monreal, Virgilio Oñate o Enrique de la Mata Gorostizaga; así como políticos muy ligados al mundo de la empresa, como Alfonso Osorio, José Joaquín de Ysasi-Ysasmendi, o Carlos Pérez de Bricio.

De 7 de marzo es la documentación presentada por el abogado Ignacio Rubio Fernández, que no esconde su filiación falangista, para la formación de una asociación que se pretendía llamar nada menos que Alianza Popular de Izquierdas. El día 9, y a pesar de los intentos del Consejo Nacional del Movimiento por impedirlo, presenta su documentación Falange Española y de las JONS. Aunque los nombres de los firmantes no nos dicen mucho a los observadores del siglo XXI, su apoyo política procedía de los Círculos Doctrinales José Antonio, así como del Frente Nacional de Alianza Libre, de convicciones hedillistas.

Todavía en febrero, las acciones de ETA provocan que en las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya se declare el estado de excepción, con suspensión aneja de varios artículos del Fuero de los Españoles. En realidad, en febrero de 1975, un año exacto, pues, tras el intento del franquismo por cambiar hacia una especie de democracia franquista (si es que esta expresión tiene sentido), todo de jode. Porque no es sólo la ETA. Es, también, Marruecos. Y hasta el puñetero Borbón padre.

Lo de Marruecos se pone feo

Debió de ser muy amargo para Francisco Franco que Marruecos, un territorio donde él había labrado sus laureles y a cuyos soldados debía buena parte de la combatividad de las tropas que le dieron la victoria en la guerra civil, fuese el problema que le amargase los últimos meses de su vida hasta, como veremos en su momento cuando hablemos del consejo de ministros del 17 de octubre, casi matarlo físicamente. Y todo empezó el día 3 de febrero, con un sorprendente movimiento del rey Hassan II.

En dicha fecha Driss Saloui, alto representante de Marruecos ante las Naciones Unidas, envía una carta al denominado Grupo de los 24, es decir el comité de la ONU que se ocupaba de las descolonizaciones, solicitando de dicho comité amparo para la reivindicación marroquí de Ceuta, Melilla, Alhucemas, el Peñón de Vélez de la Gomera y las Islas Chafarinas.

Franco había considerado resuelta la cuestión marroquí en 1956, cuando mediante una declaración conjunta se dio fin al protectorado español sobre el país, a cambio de mantener el statu quo español. Las cosas cambian cuando, como no podía ser de otra manera, España acepta la tesis de la descolonización del entonces llamado Sáhara Español. El hecho de que España anuncie que deja aquella tierra, aceptando el principio de que el pueblo saharahui tiene derecho a autodeterminar su destino, obliga al rey marroquí a mover ficha. Su gambito es intentar colarse en el patio trasero de España reivindicando sus plazas africanas.

La nota hecha pública por el gobierno español el 7 de febrero afirma, sin ambages, que los territorios ahora reclamados por Marruecos «se integran en la unidad nacional de España y forman parte de su territorio desde su constitución como estado». Franco, pues, reacciona de la única manera que quiere y puede reaccionar, es decir reafirmando la españolidad de las plazas africanas de España. De alguna manera, Hassan lo pone donde quería, es decir en un lugar donde se vería como lógico que existiese un conflicto entre ambos monarcas. Porque eso, un conflicto, es lo que el rey musulmán va buscando.

Es interesante el documento presentado por el embajador español ante la ONU, Jaime de Piniés, ante el Grupo de los 24, en contestación a la reclamación marroquí. Contiene, resumidos, los argumentos que España ha utilizado siempre para defender que ni Ceuta ni Melilla son colonias. Muy sucintamente:

«Mucho antes de que los árabes llegaran a Occidente, estos territorios del norte de África estaban unidos política y administrativamente a la península ibérica bajo los imperios de Roma y Bizancio y el reino visigodo».
La integración de las hoy ciudades autónomas, el Peñón de Vélez de la Gomera y Alhucemas a la integridad española se produce en los siglos XV y XVI, momento en que el reino de Marruecos no tenía existencia como entidad política.
Respecto a las Chafarinas, cuando fueron ocupadas por los españoles estaban completamente abandonadas.
De hecho, los territorios en litigio nunca figuraron en el ámbito del protectorado español sobre Marruecos.
Por último, según España se incumplen las características necesarias según la ONU para que un territorio sea colonia, es decir: «un territorio separado geográficamente y distinto étnica o culturalmente». Melillenses y ceutíes no son ni de otra raza, ni de otra cultura, que el resto de los españoles.

Pero Marruecos no es el único problema de aquel mes de febrero. Cabe recordar que, por aquel entonces, cuatro facultades están cerradas en la universidad de Valladolid, y hay conflictos en otros muchos campus. Eso sí, el régimen tiene también sus gestos de buen rollito: el día 15, la Sala Segunda del Supremo rebaja las penas de los condenados por el llamado proceso 1.001, todos activistas de Comisiones Obreras, desde un total de 161 años a que habían sido condenados, a 38.


La primavera, al Borbón altera

El Borbón es, como hemos dicho, el tercer gran problema que aflora con el comienzo del año. El día 23, el gobierno secuestra las páginas de huecograbado del diario ABC. ¿Qué iba en dichas páginas? Pues una entrevista de Ignacio Luca de Tena, su director, con don Juan, conde de Barcelona, y hoy mediorrey al que algunos llaman Juan III.

Las granadas trazadoras lanzadas por quien todavía se considera heredero legítimo de la corona de España tienen que ver con los escasos avances de la apertura. «El resultado obtenido [por el espíritu del 12 de febrero]», dice don Juan, «no sé por qué causas, ha sido muy exiguo y ha desilusionado a los que deseaban una apertura efectiva y eficaz». Asimismo, remachaba que lo que España necesitaba era «una inteligente política de reconciliación nacional». «Los españoles», opinaba, «han de renunciar, sinceramente, unos, al revanchismo, y otros, al inmovilismo». Más o menos la contraversión de estas opiniones la ofrecerá el comunicado elaborado tras la reunión, el 8 de marzo, de la Asamblea General de la Hermandad de Antiguos Combatientes de Tercios de Requetés. Más claro, agua: «Es la hora de elegir entre el olvido y el compromiso. Lo fácil es olvidar, y también lo suicida; lo difícil es erguirse ante el desencanto para volver a servir a las ilusiones que de siempre nos han convocado. Ni un paso atrás, ¿o es que hemos olvidado a nuestros hermanos muertos en esta o en aquella trinchera? Ni un paso atrás, ¿o es que ahora tememos al dolor o al sacrificio?».

En realidad, no es más que una primera tocadita de pelotas, En junio la montará más gorda.

A Franco le crecen, pues, los enanos. El Borbón que un día le escribió una carta ofreciéndose voluntario para ir a luchar en la guerra civil ahora dice que se ha vuelto demócrata. El rey de Marruecos se le sube a las barbas. Los barbudos estudiantes universitarios le montan unos cimbeles de la rehostia. Y, para colmo, ni la Iglesia está quieta. Ya en marzo, el gobierno se verá obligado a suspender la celebración de la I Asamblea Cristiana de Vallecas, una especie de congreso de curas obreros. Esta suspensión es contestada por una homilía que se lee en todas las iglesias de España, salida de la pluma del cardenal Enrique y Tarancón; homilía en la que el cardenal putea a Franco con su propia inmortalidad: «sólo resucita aquél que verdaderamente ama a su hermano, el que sale de su propio sepulcro, que nos encierra en el egoísmo, la incomprensión hacia el otro y la presunción de nuestras propias ideas, que intentamos imponer a los demás». Con un par.

El Día del Trabajo se celebraba de una forma muy sui generis en el franquismo. En el estadio del Real Madrid se celebraba la llamada demostración sindical, algo muy en plan nazi, en la cual cohortes de jóvenes trabajadores y estudiantes realizaban diversas exhibiciones gimnásticas y folklóricas. O sea, igualito que ahora. Pero aquel 1975, como si la realidad supiera que sería la última vez que Franco iba a presidir una promenade de tales características, ya quedó claro que las cosas se querían torcer. No llevaba ni una hora la demostración sindical cuando en las inmediaciones del estadio estalló un coche bomba. No hubo daños personales, pero el aviso estaba dado.

Pequeña prueba de que también en el franquismo algo se mueve, aunque sea un poco, es la petición que presenta en las Cortes el procurador Jesús Esperabé de Arteaga en el sentido de que se suprima el desfile de la Victoria. Otro gran paso del franquismo en mayo (siempre según el franquismo) es la norma que regula el derecho de huelga. Aunque también es cierto que la regulación, leída hoy, mueve a la risa. El concepto que tenía el franquismo de legalizar las huelgas es permitirlas sólo si se referían estrictamente a las condiciones de trabajo, y si no rebasaban el ámbito de cada empresa.

En el ámbito de las asociaciones políticas, presenta su documentación ANEPA (Asociación Nacional para el Estudio de Problemas Actuales; no se puede pensar en un nombre más neutro) y anuncia que lo hará otra con un nombre más directo: Cambio Democrático

Un policía, Fernando Llorente Roig, muere en Bilbao, asesinado por ETA. El estado de excepción se aplica, hay detenciones y esas cosas. Pero a lo que realmente están atentos España y Franco ese mes de mayo es a la misión que Naciones Unidas ha enviado al Sáhara Español, y que el día 8 pasa por Madrid. La forman el embajador de Costa de Marfil, Simeón Ake; la diplomática cubana Marta Jiménez; y el iraní Maruterth Pishva, además de cinco funcionarios de la organización entonces patroneada por el austriaco Kurt Waldheim. Paralelamente a esta visita, Naciones Unidas ha solicitado del Tribunal Internacional de La Haya un dictamen sobre el asunto.

El día 23 de mayo, tras un consejo de ministros, el gobierno español hace pública una nota en la que empieza por asegurar que no quiere quedarse en el Sáhara ni un minuto más de lo previsto; así como que acepta la doctrina de Naciones Unidas de aplicar allí una política de autodeterminación; eso sí, sin olvidar la diplomática referencia a «cualquier legítima aspiración de países interesados en aquella zona»; conjunto de sintagmas éste que tiene como función más que evidente tratar de calmar a Hassan, mientras se le pasa la pelota convenientemente a Naciones Unidas, al aseverar que, si la cosa se pone más fea, no descarta incluso acelerar la transmisión de poderes

Vale que una gilipollez tratar de que asuma un marrón una institución que se ha mostrado, históricamente, incapaz de resolver hasta el conflicto más nimio. Pero es que, en ese punto, el gobierno español comienza a estar desesperado, y a sentir que, de alguna manera, el rey marroquí le lleva del ronzal.

Junio es el mes en el que don Juan de Borbón, a pesar de estar casi calvo, se desmelena.

El día 14, con ocasión de una cena que se celebra en Estoril, Juan de Borbón juega ya, a tumba abierta (y nunca mejor dicho) la carta antifranquista. «Como depositario que soy del tesoro político que es la Monarquía Española», dice, «no me he sometido a ese poder personal». No se ha sometido, no. Pero sí le escribió una carta a ese «poder personal» ofreciéndose voluntario para participar en la guerra, por supuesto en uno de los bandos; amén de otros escritos en los que rememoraba el placer con que su augusto padre recibía las victorias del ejército nacional.

Bajando tranquilamente por esta cuesta de desmemoria, el jefe de la casa real borbónica la declara al servicio del pueblo español y, más allá, afirma que la monarquía borbónica es «el supremo instrumento de que podéis disponer todos los españoles para superar la guerra civil».

Hay en el discurso de Juan de Borbón algunos ribetes un poco rancios que, quizá, vienen a demostrarnos por qué nunca fue una elección seria para pilotar el viaje del país hacia la democracia. Por ejemplo, en su discurso se queja de que para la elaboración de la Ley de Sucesión franquista (que sustenta el principado de su hijo Juan Carlos) «no se ha contado conmigo no con la voluntad libremente expresada del pueblo español». Dicho de otra forma: don Juan sigue viendo en España dos soberanías: la del pueblo, y la suya propia. Y, además, a la hora de citarlas por orden de importancia, se pone delante, para que no se espante. Más aún: cuando proclama la irrenunciabilidad de sus derechos dinásticos, no lo hace apelando al amor del pueblo español, ni a posibles futuros apoyos en ese sentido, sino a que sus derechos «nacen de muchos siglos de Historia». Que tampoco son tantos, la verdad; apenas tres.

Pocos días más tarde, el 21, el franquismo castiga al díscolo don Juan sin verano español: el embajador hispano en Lisboa es instruido para comunicarle a don Juan que no debe pisar España en los próximos tiempos. La tensión, sin embargo, irá cediendo con los días y, poco tiempo después, el yate del ilustre opositor antifranquista de última hora acabará surto en el puerto de Palma.

El día 24 de junio hay un signo jodidillo. En las Cortes, se ratifica la monarquía del príncipe Juan Carlos. El presidente Arias pronuncia en dicho acto un discurso de cincuenta minutos trufado de referencias al orden público, la ortodoxia del Movimiento y la represión del comunismo. Para los avezados analistas, el discurso se ve como un cambio de timón de la apertura la cual, al parecer, se va cerrando. Sin embargo, el régimen da una de cal y otra de arena, ya que en julio el Consejo de Ministros parece aparcar el proyecto de redactar una ley específica sobre represión del comunismo que se había anunciado meses antes.

Verano de muerte

El día 26, España protesta ante el embajador marroquí, Abdel Atil Filali, por los actos de violencia contra intereses españoles en la zona; el día 24 de junio, una mina explota debajo del vehículo en el que viajaban el teniente Luis Gurrea Serrano, el sargento Diego Cano Nicolás y los soldados Miguel Casanova Carbonell, José Torcada Escrivá y José Otero, todos los cuales han muerto. La respuesta a la protesta española es doble: por un lado la sonrisa del señor embajador, y por otro una pequeña serie de atentados en Ceuta que esa misma tarde dejan un muerto y un herido. Una bomba estalla en Melilla al día siguiente, sin víctimas. El 27 hay Consejo de Ministros y, en el él, el gobierno español reitera su intención de marcharse del Sáhara si continúa la violencia.

El día 30, a la hora del papeo, fuerzas marroquíes atacan a una patrulla española que estaba dentro de territorio del Sáhara. La violencia antiespañola se va convirtiendo, poco a poco, en lo cotidiano. Además, hay que tener en cuenta que en el Sáhara surgen dos organizaciones opuestas, el Frente Polisario y el PUNS (Partido de la Unidad Nacional Saharaui, formado desde Madrid para intentar controlar el proceso), que se dedican a darse de leches.

El 10 de julio, el Madrid bien informado se hace lenguas con la noticia de que el gobierno español tira la toalla, y ya sólo busca poner una fecha concreta para su salida del Sáhara. Al parecer, los negociadores españoles dan por imposible un acuerdo entre todas las partes implicadas. El anuncio no hace sino exacerbar la violencia. El día 13 de julio, en El Aaiún, capital del Sáhara español, es asesinado un hijo del procurador en Cortes Ahmed Uld Brain Uld Bachid, mientras otro de sus hijos resulta herido. Es miembro importante del PUNS. El muerto se llamaba Mustafá y tenía seis años; el herido, Alisalem, ocho. Al día siguiente, una bomba mata a tres policías y deja un herido grave más.

El 3 de agosto, fuerzas marroquíes atacan los puestos fronterizos españoles de Hausa y de Taht, acción en la que resulta muerto el paracaidista español Joaquín Ibarz Catalán y herido un niño saharahui

El otro gran foco de violencia, ya al inicio de aquel verano, es el País Vasco y la violencia terrorista en general. El día 9 de julio son procesados en Bilbao Domingo Arteche y Luis Amiano, por el secuestro del industrial Lorenzo Zabala en 1972. El problema es que tanto Arteche como Amiano son sacerdotes, por lo que el juicio es contrario al Concordato firmado por España y el Vaticano. El día 11, 17 presuntos miembros del Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico (FRAP) son detenidos en Madrid. El FRAP es una organización de carácter maoísta cuyo epicentro es el Partido Comunista de España marxista-leninista, o sea el PCE m-l; aunque también parece tener miembros de otras organizaciones de ultraizquierda, tales como la OSO (Oposición Sindical Obrera, abandonada por los carrillistas cuando la experiencia de CCOO comenzó a salirles bien), la UPC (Unión Popular de Campesinos), el FUS (Fondo Unido de Solidaridad), la FUDE (Federación Universitaria Democrática Española), las JAP (Juntas Antifascistas y Patrióticas), la UPA (Unión Popular de Artistas), la UPPD (Unión Popular de Profesores Demócratas), y otras de parecido jaez.

El día 14 de julio, en las puertas de las oficinas de Iberia del barrio de Salamanca donde presta servicio, es asesinado el policía armada Lucio Rodríguez Marín. En diversas llamadas a los periódicos, el FRAP dice haber sido el autor del asesinato. El 17, tres activistas de la organización apuñalan al doctor José Miguel Otaolarruchi, director de la residencia sanitaria de Bellvitge. El 19, atentan en Madrid contra el policía Armando Justo Pozo Cuadrado. El día 22, la policía practica 14 detenciones en las que dice están los autores de los atentados a Rodríguez y Pozo. El FRAP responde ya el 3 de agosto matando frente al Canódromo al guardia civil Casimiro Sánchez García. El día 16 de agosto, cuatro miembros del FRAP matan al guardia civil Antonio Pose Rodríguez. En su funeral, por cierto, los radicales llegarán a zarandear y destocar al ministro del Ejército, teniente general Coloma Gallegos. Ya el día 1 de septiembre se anunciará la detención del comando que lo mató: José Luis Sánchez-Bravo, Manuel Cañaveras de Gracia y Ramón García Sanz.

El día 16, el fiscal pide pena de muerte para los etarras José Antonio Garmendia y Ángel Otaegui, a los que considera culpables del asesinato del guardia civil Gregorio Posadas. Este juicio comienza la oleada de actos de solidaridad en el extranjero por la democracia en España. Por ejemplo, el mismo día 16, los obreros del aeropuerto romano de Fiumicino se niegan a descargar los aviones de Iberia. El 9 de agosto, ETA mata a un guardia jurado en Hernani.

El día 28 se celebra, cinco horas, el consejo de guerra de Garmendia y Otaegui. En el castillo del Val, a 29 kilómetros de Burgos. El juicio es una coña marinera. Llevado por el paroxismo acusador, el fiscal llama a declarar incluso a un niño de once años, que se caga de miedo obviamente y se echa a llorar antes de poder pronunciar una sola palabra. Cuando, preguntando a otros testigos, éstos expresan sus dudas de ser capaces de reconocer a los acusados, el fiscal razona, en teoría desconocida por el derecho, que si no están seguros de reconocerles, es obvio que tampoco pueden estar seguros de que no fuesen ellos. Acojonante.

El día 29, los condenan a muerte.

Despacito, despacito, llega el verano. La gran operación salida se produce el día 28 de junio. Con los españoles tirándose en plancha a las playas (hay costumbres inveteradas con siglos de Historia, que diría don Juan), el mes de julio es el mes, entre otras cosas, de la negociación hispano-norteamericana. No se trata tanto de que a España le incomoden las bases USA ni que se haya vuelto antiamericana. El problema de la negociación es más bien el contrario. Franco, en los últimos años o meses de su vida y de su mandato como jefe del Estado, quiere resolver un problema pendiente que no se resolverá hasta diez años después de su muerte, más o menos: la posición de España en la defensa occidental.

A pesar de todos los esfuerzos que acumula el franquismo durante tres décadas para hacer olvidar al mundo occidental que un día fue fascista, Franco no ha conseguido entrar en el club. No está en la OTAN y eso quiere decir que nadie a su alrededor está juramentado para asistirle en caso de ser agredido. Y en el verano de 1975, con los marroquíes tirándole balas a los policías militares españoles del Sáhara, esa perspectiva de ser agredido no está tan lejana.

Así pues, el problema de la negociación con los EEUU es el empeño de Franco de sacar de la misma el eventual desmantelamiento de alguna base (ya entonces se pensaba en cerrar la cancela de Torrejón) y, sobre todo, que el máximo poder de la OTAN apoyase la integración de España en su estructura. Una vez más, sin embargo, el astuto Hassan se le había adelantado. En aquellos momentos, Marruecos ya es el valedor de Estados Unidos en el Magreb, el tampón con que cuenta la Casa Blanca contra una infiltración prosoviética como la existente en Argelia. Por lo tanto, los negociadores americanos bailan entre dos aguas y no son claros. De ahí que el diálogo se encasquille. Franco, por lo demás, trata de realizar con los americanos una envolvente parecida a la que le hizo a Hitler en Hendaya; responder a sus negativas con peticiones desorbitadas. Cuando los americanos dicen aquello de «OTAN, de entrada no, macho», Franco responde con una petición de material bélico de hasta 2.000 millones de dólares, un pastón de la época. Las negociaciones vuelven a bloquearse.

Tu quoque, filii?

Julio de 1975 es, también, un mes aprovechado por los aperturistas para dar empujoncitos. Desde diversos elementos del régimen surge la idea de que hay que fijar una fecha para la coronación de Juan Carlos como rey. Una forma de tratar de impulsar una transición no traumática en vida de Franco. Al parecer, según algunas informaciones, estando Franco ya enfermo se llegó a redactar un borrador de decreto, que no sé si seguirá en algún cajón, por el cual Juan Carlos accedía a la jefatura del Estado mientras que Franco retenía la del Movimiento. Algo así es lo que se pretenden algunas familias del franquismo; unos, confiados de que eso dejaría a Franco en un papel secundario y, a la postre, prescindible; otros, esperando que así el general se convirtiese en algo así como en un centinela del régimen, recortando las veleidades aperturistas del Borbón.

El día 12, este río del aperturismo baja ya con tanto caudal que abre otro frente en la ya complicada agenda del general Franco. El día 12 de julio es el elegido por algunos de los más conspicuos miembros del régimen para empezar a darle la espalda.

En dicha fecha, en efecto, se destinan miembros del Consejo de Administración de la Federación de Estudios Independientes, FEDISA, una sociedad anónima de estudios que es, en realidad, una asociación política vestida de pitufo (creada como sociedad anónima para no verse constreñida por las limitaciones de la ley Arias) o, si se quiere, un partido político en ciernes. En cierta medida, el día que nació FEDISA comenzó a nacer eso que hoy llamamos Partido Popular.

Son designados, aquel día 12, consejeros de FEDISA, los siguientes pesos pesados del franquismo: Pío Cabanillas Gallas, Manuel Fraga Iribarne y José María de Areilza. El hecho de que estas personas decidan no crear una asociación política es un torpedo en la línea de flotación de la ley Arias o, si se quiere, una señal de que no han picado. Según muchos indicios, la ley de asociaciones políticas buscaba englobar a todos los franquistas en grupúsculos diversos de entre los cuales, sin embargo, sólo obtendría facilidades reales la UDP, Unión del Pueblo Español, asociación liderada por el ministro falangista José Solís Ruiz, La Sonrisa del Régimen. La jugada, pues, era crear un partido único, al estilo de la Unión Patriótica de la dictadura del general Primo de Rivera, con una serie de enanos comparsas alrededor, de corte más o menos exótico.

FEDISA es la expresión clara de que hay franquistas que no están dispuestos a este enjuague. Fraga ha nacido para mandar, es un político extraordinariamente ambicioso, y Areilza y Cabanillas se creen capaces de ser creíbles como demócratas. El presidente de FEDISA es José Luís Álvarez, futuro prohombre del centro político democrático. Pero fijaros en el resto del consejo: Leopoldo Calvo Sotelo, que llegará, como sabéis, a primer ministro; Francisco Fernández Ordóñez, presidente del Instituto Nacional de Industria con el franquismo, padre de la reforma fiscal de la UCD, y luego socialdemócrata y ministro de Felipe González; Marcelino Oreja, que también será ministro, de Asuntos Exteriores, con la UCD; Juan José Rosón, que lo será de Interior; Manuel María Escudero; y José Luis Ruiz Navarro. Otro que juega al mismo juego por su cuenta es Joaquín Garrigues Walker, que ha fundado una sociedad de estudios llamada Libra. Como puede verse, cositas como la FAES están inventadas desde tiempos del Cid.

La respuesta de Franco no se hace esperar. El día 15 de julio, ante un auditorio entregado y muy propio para palabras como las que va a pronunciar, la Hermandad de Alféreces Provisionales, lanzará una andanada brutal a aquéllos que acusan al franquismo de excesivamente inmovilista: «Creo», dice, «que dais demasiada importancia a los perros que ladran. En realidad son minorías exiguas que demuestran precisamente nuestra vitalidad y que ponen a prueba la fortaleza y la capacidad de resistencia de nuestra Patria, construida con el esfuerzo de tantas generaciones».

Se desconoce qué tal le sentó a Fraga que Franco lo llamase perro.

¿Eppur si muove? ¡Toma prórroga!

En muy pocos días, el llamado búnker, es decir aquellos franquistas menos proclives a las reformas, asesta al reformismo de Arias un par de hostias que lo dejan sonado. Primero las palabras de Franco el día 15. Luego, el día 20, y en medio de la ola de atentados de la ETA y sobre todo del FRAP, el periódico El Alcázar publica un manifiesto del más conspicuo miembro del búnker, José Antonio Girón de Velasco, con claro tono inmovilista. Y, el día 24, entre los españoles informados se distribuye la noticia de que Franco ya ha decidido prorrogar la legislatura.

Es una decisión de Franco, y la propia ley lo dice: corresponde al jefe del Estado, oído el Consejo del Reino, proponer (o sea, decidir) que las legislaturas se prorroguen. Para la reforma Arias, para su credibilidad, hubiera sido crítico que en la primavera de 1976 hubiese habido unas elecciones a Cortes en las que poder exhibir a la UDPE (asociación que ha presentado su documentación el 11 de junio) y el resto de palmeros. Sin esa nueva legislatura, la apertura se queda en nada. Franco lo sabe. Y, aún así, decide prorrogar la legislatura con los procuradores ya existentes. Claramente, la sangre del terrorismo, las putaditas de don Juan y los problemas exteriores, han acabado con su paciencia y con sus pocas ganas de impulsar nada parecido a una democratización del país. En la bodeguilla de Franco, por llamarla de alguna forma pues era prácticamente abstemio, han ganado los franquistas de siempre. Franco, además, tiene 82 años. Una edad demasiado avanzada como para cambiar de opinión. Que hubiese 70 procuradores que firmaran el papelito pidiendo la prórroga es sólo un adorno más. La decisión la tomó quien la tomó.

La prórroga, además, tiene un efecto perverso. A finales de noviembre de 1975, cesa el mandato del presidente de las Cortes, Alejandro Rodríguez de Valcárcel. Sin prórroga, el nuevo presidente sería nombrado por las nuevas Cortes y el nuevo Consejo del Reino salido de las elecciones. Con prórroga, deberá ser el Consejo del Reino vigente el que proponga la terna. Otra victoria de los inmovilistas; eso contando, claro, con que Franco hubiese aguantado vivo hasta el momento procesal oportuno. La operación, al parecer, consistía en renovar el mandato de Rodríguez de Valcárcel en las Cortes y sustituir a Arias por José Solís, avanzando hacia el régimen de partido único a través de la UPDE. Otros rumores, sin embargo, sitúan a Rodríguez de Valcárcel como sustituto de Arias, con José María Oriol al frente de las Cortes. Todo atado y bien atado.

Las noticias sobre la prórroga enrarecen el ambiente político hasta límites insospechados. A mediados de agosto, Carlos Arias viaja a Helsinki y a su regreso, en un gesto que no pasa desapercibido para nadie, en lugar de ir a Meirás a despachar con el Caudillo, se va a Asturias de vacaciones. Se habla de crisis de gobierno; crisis con la que Franco sabe que no puede jugar, pues necesitaría sustituir a Arias por alguien con cierto pedigree democrático (Fraga, quizá); pero esos candidatos ya difícilmente le van a decir que sí, razón por la cual, es al menos mi opinión, Arias no fue removido. El 17 de agosto, Manuel Fraga fue recibido por Franco en Meirás. Se habló mucho de aquel encuentro. Se decía que el político gallego había sido elegido para recibir la presidencia de Unión del Pueblo Español, la asociación política promovida por José Solís y que estaba llamada a ser el nuevo partido único del tardofranquismo. Pero, si esa era la intención, o Franco finalmente se echó atrás, o el que dijo que no fue Fraga.

También se habla de cosas más serias. Adolfo Sánchez García, un procurador en Cortes por Valladolid, pone el dedo en la llama aseverando que sólo hay una razón para prorrogar la legislatura: que se vaya a proceder a la sucesión. Para colmo, la lenguaraz Pilar Franco anuncia, campanuda: «El Caudillo dejará el poder en vida».

Franco, sin embargo, no es el único que se mueve. El 25 de agosto, en Santiago de Compostela, FEDISA hace público un comunicado en el que pide «reformas profundas y urgentes para pasar de un sistema autoritario a uno democrático». Ese mismo día, Manuel Fraga y José Solís, máximos representantes de las dos grandes familias del franquismo en ese momento, tienen un encuentro en un yate propiedad de Eduardo Barreiros, anclados a cierta distancia de la isla de La Toja. Probablemente, ya lo hemos dicho, Solís trató de atraer a Fraga al proceloso mundo de las asociaciones políticas. Si fue así, es obvio que el otro le mandó a freír espárragos.

Por cierto, que otro proyecto de asociación política que presenta sus papeles en junio, el día 3, es Falange Española de las JONS. El día 18 del mismo mes, la Comisión Permanente del Consejo Nacional del Movimiento deniega el permiso de creación a este proyecto, por considerar la denominación Falange Española y de las JONS «un patrimonio común del Movimiento».

A Franco, de todas formas, se le saltan las costuras del régimen por todas partes. El día 29 se comunica la detención de una serie de militares de la Unión Militar Democrática. Uno de los detenidos, por cierto, es el capital de infantería Restituto del Alcázar Valero Ramos, quien, como su propio nombre indica, nació en el Alcázar de Toledo, durante el asedio de los republicanos.

O sea: los falangistas de siempre le montan fedisas; la iglesia hace notas pidiendo justicia social y se encabrona porque se enjuicie a sacerdotes; y hasta en el ejército hay antifranquistas.

No es de extrañar, pues, que se le acelerase el pulso.







Capítulo 2: Negro septiembre





Los nubarrones se ciernen sobre Franco, pero el general parece dispuesto a luchar contra ella mediante el sistema de mantenella y no enmendalla. A principios de septiembre, el Giralda, yate de don Juan de Borbón, toca puerto en Palma, oficialmente para repostar. Aún así, don Juan visita a su hija la duquesa de Badajoz en Magaluz y cena con sus hijos, los príncipes, en Marivent. Pero todo eso ocurre después de que la guardia civil hubiera impedido al Borbón bajar del barco y pisar tierra española, hasta que el mismísimo Juan Carlos tuvo que mediar para ablandarlos.

Pocas horas después, el general Franco, de nuevo ante una delegación de alféreces provisionales, demuestra que el perruno discurso de días antes no fue casualidad. Les dice: «España se encuentra en medio de un mundo atormentado por peligros, incluso más grandes que los que nos amenazaban en 1936».

El día 4, nueva redada, en la que caen 36 supuestos miembros del FRAP. Casi al mismo tiempo, en El Havre, en Zurich y en Toulouse hay manifestaciones ante los consulados españoles, como protesta por las condenas a muerte de Garmendia y Otaegui.

Inasequible a las críticas, el 11 de septiembre, el particular 11-S del año 75, da comienzo en el establecimiento militar de El Goloso el consejo de guerra contra cinco presuntos miembros del FRAP, acusados del asesinato del policía Lucio Rodríguez Marín, el 14 de julio pasado. Los procesados son Pablo Mayoral Rueda, Manuel Antonio Blanco Chivite, José Humberto Francisco Baena Alonso, Vladimiro Fernández Tovar y Fernando Sierra Marco. El fiscal pide para los cinco la pena de muerte.

A las 9 y 20 de la mañana del 12, el tribunal se reúne en sesión secreta para deliberar. A las cuartro de la tarde, dicta sentencia, condenando a muerte a Blanco Chivite, Baena Alonso y Fernández Tovar, por el delito consumado de insulto de obra a la Fuerza Armada, con el agravante de premeditación conocida y ejecutar el hecho más de dos personas, con resultado de muerte. Mayoral Rueda es condenado a 30 años de reclusión mayor y Sierra Marco a 25 años.

El día 14, el policía Juan Ruiz Muñoz muere acribillado en Barcelona.

El día 17, en el acuartelamiento de la Brigada Acorazada número XII, en las afueras de Madrid, comienza el consejo de guerra contra el estudiante Manuel Cañaveras de Gracia, la también estudiante María Jesús Dasca Penelas, el soldador Ramón García Sanz, el estudiante José Luis Sánchez-Bravo, José Fonfría y la enfermera Concepción Tristán López, todos ellos del FRAP y acusados de matar al guardia civil Antonio Pose. El fiscal pide cinco penas de muerte y una de treinta años. Esta vez, el tribunal va más rápido. A las 8,20 horas del día 18 comunica la sentencia, por la que se condena a muerte a Concepción Tristán, María Jesús Dasca, José Luis Sánchez-Bravo, Ramón García Sanz y Manuel Cañaveras. José Fonfría es condenado a veinte años de reclusión.

Ese mismo día, por la tarde, la Conferencia Episcopal, no sin condenar la violencia terrorista, ruega a Franco el indulto para los condenados a muerte. El gobierno se reúne ya en aquellas horas, informalmente, para preparar una futura reunión más formal. El día 19, se celebra el consejo de guerra contra el militante de ETA Juan Paredes Manot, alias Txiki, acusado de la muerte del policía armada Ovidio Díaz López, perpetrado el 6 de julio. El fiscal solicita la pena de muerte. A las cinco de la mañana del día 20, el abogado de Paredes, Marc Palmes, ya sabía que la sentencia confirmaba dicha pena.

El día 21, una multitud estimada en 20.000 personas se manifiesta en París contra las condenas a muertes. Miembros del Partido Comunista Francés van al frente de la marcha, que termina a leches con la pasma. En Venecia, las turbas incendian la agencia de Viajes Meliá. En Toulouse y París, sendas agencias de Banesto son arrasadas. El Papa Pablo VI, en audiencia pública, pide clemencia para los condenados.

El día 22, una delegación francesa, presidida por el conocidísimo actor Yves Montand, llega a Madrid para hacer entrega de un documento sobre las condenas a muerte, documento que han firmado personas como André Malraux, Pierre Mendes-France, Louis Aragon, Jean-Paul Sartre o François Jacob.. Además de Montand, forman parte de la misma el director de cine Costa Gavras, el profesor Miguel Foucault, los periodistas Jean Lacouture y Claude Mauriac, el escritor Régis Debray y el sacerdote dominico padre André Jean Marie Ladouze. Intentan convocar una rueda de prensa en la plaza de España, pero la policía lo impide. A las diez de la noche, les ponen en un avión a París y los mandan a freír gárgaras.

El día 23, el ministro secretario general del Movimiento, José Solís, anula una visita que tenía prevista a Berlín. Es el primer síntoma de que al menos alguna de las once condenas a muerte sentenciadas va a ser cumplida.

El día 24, tanto el capitán general de Madrid, Ángel Campano, como el de Barcelona, Salvador Bañuls, emiten el correspondiente dictamen sobre las sentencias relativas a los asesinos de Antonio Pose y Ovidio Díaz. Pero falta el trámite final: que el gobierno se dé por enterado de las sentencias. En ese momento, hay dos Españas: la que cree que Franco será magnánimo, y la que cree, o teme, que no le temblará la mano, a pesar del Parkinson. El 25, el Parlamento Europeo, el gobierno de la RFA y, un día después, el embajador italiano en Madrid como representante de la Comunidad Económica Europea, solicitan clemencia para los condenados. El Papa ya lo ha hecho en su alocución de los domingos del día 21, en la que deplora la violencia terrorista pero pide que sus actos sean «redimidos por una justicia que sepa afirmarse magnánimamente en la clemencia»
La decisión fue de Franco. Cualquiera que sepa dos palabras sobre el franquismo, y muy especialmente sobre aquel tardofranquismo, sabe que en el gobierno Arias no había ni un solo ministro capaz de proponer nada antes de que Franco hablase, ni de llevarle la contraria una vez que lo hubiera hecho. El gobierno español habría avalado un indulto total, como habría avalado que los terroristas fuesen quemados vivos en la Plaza Mayor, si ése hubiera sido el dictamen del Caudillo. Quizá por eso, el crítico consejo de ministros del 27 de septiembre es hasta corto: dos horas y media. No son ni las dos y los coches oficiales ya salen de El Pardo camino de Madrid y de la ignominia histórica.

A las 18,35 de la tarde, el ministro de Información y Turismo, León Herrera, informa en una atestada sala de su ministerio de la decisión del gobierno, que es:

Darse por enterado de la condena a muerte de Ángel Otaegui Echevarría, José Humberto-Francisco Baena Alonso, Ramón García Sanz, José Luis Sánchez-Bravo Sollas y Juan Pareces Manot.


Ejercer la gracia del indulto a favor de José Antonio Garmendia Artola, Manuel Blanco Chivite, Vladimiro Fernández Tovar, Concepción Tristán López, María Jesús Dasca Penelas y Manuel Cañaveras de Gracia.

Como es lógico, se monta la de Dios es Cristo y vive en el Cielo.

Casi simultáneamente al anuncio del gobierno, un centenar de personas manifiesta en la embajada española en Bruselas y penetra en la misma. En Madrid, numerosos abogados, entre los que se encuentran el ex ministro Joaquín Ruíz Jiménez, el socialista Enrique Tierno Galván y otros famosos juristas de la oposición como Jaime Cortezo, Joaquín Satrústegui y Jaime Miralles, se parapetan en el Colegio de Abogados para demandar un indulto general. La policía rodea la institución. Ruiz Jiménez llama desde dentro al Vaticano. Tierno, por su parte, habla con el canciller alemán Willy Brandt. A las doce, la policía desaloja el local sin incidentes.

Para entonces, en la cárcel de Carabanchel, Sánchez-Bravo, Baena y García Sanz esperan la llegada de la muerte en la madrugada.

Sánchez-Bravo pasará la noche acompañado por su madre y una hermana, además de su mujer, Silvia Carretero Moreno, también presa en la prisión de Yeserías y que traen en un furgón expresamente para estar con él. La familia de Baena tiene que llegar de Vigo, traslado que le lleva toda la noche; razón por la cual, al llegar la hora de la ejecución, se les permitirá estar juntos unos minutos adicionales. Por su parte, García Sanz está solo. Es huérfano y su familia más cercana, residente en Tarazona, no llega a tiempo de verlo.

Son tres celdas separadas, sin comunicación entre sí. A las tres y media de la madrugada del día 27, se informa a los reos de que la muerte será por fusilamiento. A los condenados les parece bien; prefieren esa muerte al garrote, siempre tan traicionero.

Ninguno de los tres ha cenado nada. Han pasado la noche fumando un pitillo tras otro. Baena es el único que se ha alimentado algo: dos litros de leche, probablemente para limpiar algo los pulmones. En algún momento, han cantado canciones gallegas.

A las siete y media de la mañana, son llevados al campo de tiro de Matalagraja, en Hoyo de Manzanares.

Preparados. Apunten. Fuego. Pam. Son las nueve y veinte de la mañana. Baena yace muerto en el suelo.

Nueve cuarenta. Pam. García Sanz.

Diez de la mañana. Pam. Sánchez Bravo.

Poco tiempo después, la Capitanía General de la VI región militar informa del fusilamiento de Ángel Otaegui y el de Juan Paredes Manot, Txiki. Otaegui fue fusilado en el penal de Villalón. Pasó la noche con dos sacerdotes, el capellán de la Cruz Roja y el segundo capellán del penal, fumando y hablando con ellos. Nunca mostró depresión o angustia. Txiki, por su parte, pasó la noche con su hermano y sus abogados. Tomó café a raudales.

Otaegui pidió ser fusilado de espaldas. A Paredes lo fusilaron en un bosque cerca de Cerdanyola.

El día 27, los manifestantes arrasan la embajada española en Lisboa y la residencia del embajador. No dejan ni un mueble vivo. Se producen manifestaciones en Atenas, París, Londres, Hong Kong, Estocolmo, Berlín, Copenhague, Ginebra, Utrecht, Burdeos, Hendaya, La Haya. En Utrecht, el propio primer ministro sueco, Olof Palme, encabeza la manifestación. En medio mundo la gente grita contra España y contra Franco. Se asaltan agencias de viajes, oficinas de Iberia, cualquier cosa que sea española. El primer ministro de los Países Bajos invita a su pueblo a manifestarse contra el régimen de Franco. Este país, además de Noruega, Portugal, Alemania Federal, Gran Bretaña y la República Democrática Alemana, retiran sus embajadores de Madrid. El día 28, el presidente de México, Luis Echevarría, solicita en la ONU la expulsión de España.

Con todo, lo que según todas las trazas más daña a Franco, anímica y quizá físicamente, es otra visita. La que realiza un hombre a las cuatro de la mañana, es decir unas cuatro horas antes de las ejecuciones, al despacho del subsecretario de Defensa, Juan José Rovira. Ese visitador es el nuncio del Papa en España, monseñor Dadaglio, que intenta una última gestión por la vida de los condenados.

José Luis Palma Gámiz, que fue cardiólogo de Franco durante su enfermedad, afirma categóricamente en su libro que Franco nunca se le puso al teléfono a Pablo VI por muchas veces que le llamó en aquellas horas. Sin embargo, también insinúa que la cerril oposición vaticana le dañó mucho en lo moral y estuvo presente en los insomnios de aquellos días, que tal vez tuvieron mucho que ver en el empeoramiento de su salud.

El franquismo se defiende. El día 29 llueven octavillas sobre Madrid convocando al pueblo español a una «respuesta patriótica». Galerías Preciados cancela unilateralmente su Semana del Benelux. Y el 1 de octubre se vive la teórica apoteosis del franquismo. Ante una Plaza de Oriente entregada, una plaza en la que la propaganda franquista hace el milagro de los panes, los peces y los metros cuadrados, metiendo en su interior nada menos que un millón de personas, los españoles, de motu proprio o debidamente organizados para ello, gritan consignas como «España, unida, jamás será vencida», «No queremos apertura, solamente mano dura», «ETA al paredón» y «Muera el comunismo». Se canta, por cierto, el «Que viva España», es decir la misma tonada con la que hoy se celebran los triunfos de La Roja. Grupos de incontrolados, por cierto, le devuelven la pelota a algunos países, llevándose por delante una sucursal del Crédit Lyonnais y otra de Aeromexico.

Aunque no se diga mucho, pasan cosas. Como que a las nueve y media se registran acciones terroristas que producen tres policías muertos y uno herido.

A las doce y media, Franco aparece en el balcón del Palacio Real. Él no lo sabe, pero se está despidiendo de los españoles, y casi de España. Es un anciano tembloroso, vestido de militar, pero que a pesar de su breve y casi destartalada figura, no hace ni cincuenta horas que ha arrostrado con la decisión más difícil y cruel que se puede tomar, la misma que toman los terroristas: disponer de la vida de otro ser humano.

Franco levanta ambas manos entrelazadas en gesto de ganador. No las levanta mucho, eso sí, porque ya no puede llegar muy lejos.

En su discurso, se refiere a los actos de barbarie cometidos en el extranjero contra intereses españoles. Su explicación llega cosa de cuarenta años tarde, y es una demostración de que el inmovilismo está ya en él como la Fuerza en Obi Wan Kenobi. Este Yoda involucionista no tiene reparo de afirmar, en pleno 1975, seis años después de que el hombre llegase a la Luna, en plena era psicodélica, siete años después del mayo francés, que «todo obedece a una conspiración masónica-izquierdista en la clase política, en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social». Lo flipas. Durante los tensos segundos en que, con voz cansada, pronuncia esas palabras, da la impresión de que los últimos cuarenta años no han pasado.

Se canta el Cara al Sol. Cinco veces.

Pocas horas después de la manifestación, una fotografía da la vuelta al mundo. El primer ministro sueco, Olof Palme, acompañado de su titular de Finanzas, Gunar Straen, pide dinero para financiar la oposición franquista en las calles de Estocolmo, con un cartel alusivo colgado del cuello.

El día 5, una bomba estalla bajo un vehículo de la guardia civil, matando a tres miembros e hiriendo a dos. El día 9, el ametrallamiento del cuartel de la policía de La Verneda, en Barcelona, provoca cinco muertos y dos heridos. El día 8, en París, resulta herido en la puerta de su domicilio el agregado militar de la embajada española, capitán Bartolomé García-Plata Valle. Es la primera vez que se atenta contra un militar. El 18 muere el guardia civil Manuel López Trivino, en Zarauz.


Aunque la crónica del final del verano de 1975 debe centrarse en las condenas, cabe anotar que, en ese mismo tiempo, las negociaciones con EEUU siguen empantanadas. Según se filtra, España ya se ha olvidado de tener silla en la OTAN, pero pide ser compensada por las bases con transferencias militares por valor de 1.500 millones de dólares. Además, entre las transferencias pedidas, se ha incluido el armamento nuclear.










Capítulo 3: El infarto de su excelencia




Y llega octubre. El difícil mes de octubre, en el que ya empezaremos a detenernos con un poco más de atención. Pero antes de llegar al día en que Franco comenzó a dormir mal, hay que contar que este mes, que acabaría teniendo el nombre de un solo jefe de Estado, Francisco Franco, el realidad lo quiso tener de dos: el segundo es Hassan Ídem.

Marruecos como problema

El día 14 de octubre de 1975, la misión de las Naciones Unidas que ha visitado el Sahara Occidental hace público su informe. Han formado parte de este viaje de estudios el embajador de Costa de Marfil ante la ONU, Simeón Ake; María Jiménez, cubana; y el diplomático iraní Manutherh Pishva.

En un documento denso de nueve capítulos, los enviados de Naciones Unidas se muestran partidarios de la autodeterminación de los saharahuis por considerar que es lo que quiere la mayoría de la población. Esto supone ponerle la proa a las reivindicaciones que sobre el territorio combinan Marruecos, por arriba; y Mauritania, por abajo. El informe culmina recomendando a la ONU que apoye a Madrid en su política de descolonización.

El día 16, es el Tribunal de La Haya el que se pronuncia, como se le había pedido, sobre el Sahara. Y dice: «Este Tribunal no constata la existencia de lazos jurídicos que puedan modificar la aplicación de la resolución 1415 (xv) de la Asamblea General de las Naciones Unidas en cuanto a la descolonización del Sahara Occidental y, en particular, la aplicación del principio de autodeterminación, gracias a la expresión libre y auténtica de la voluntad de los pobladores del territorio».

Este espaldarazo sin paliativos, y por partida doble, a la política española respecto del Sahara será, sin embargo, una victoria pírrica. El mismo día 16, cuando conoce el dictamen de La Haya, en el que quizá confiaba erróneamente, el rey Hassan II lanza una alocución televisada a su pueblo, donde convoca la famosa Marcha Verde. Una marcha pacífica en la que espera que participen unos 350.000 marroquíes. «Si nos encontramos con españoles», anuncia cínicamente el monarca alahuita, «les saludaremos y les dejaremos disparar sobre nosotros si así lo desean». Un poco en plan Ghandi. Claro que a los presos políticos de las cárceles marroquíes la analogía les parecerá un triste sarcasmo.

El día 18, el ministerio español de Asuntos Exteriores toma posición recordándole a Hassan que, por mucho que vaya de buen rollito y Viva la Gente y tal, su iniciativa «entrañaría en su ejecución una grave amenaza para la seguridad y la paz internacional».

El día 18, sin embargo, hace 24 horas que ha estallado la bomba: Franco no se ha muerto de puto milagro.

El Caudillo está enfermo

En julio de 1974, Franco sufrió una tromboflebitis. Esta dolencia, y su necesaria recuperación, habían hecho que, durante unos pocos días, se hubiese puesto en práctica el artículo 11 de la Ley Orgánica del Estado, por el cual el jefe del Estado podía ser sustituido por razones de incapacidad.

Esto es lo que los españoles, más o menos, sabían del asunto. Pero el asunto era un poco más complicado. Lo cierto es que durante aquella enfermedad, Franco había tenido una hemorragia gástrica que había salido por boca y ano y lo había colocado cerquita de la muerte. Costó tanto sacarlo de aquella situación que la medicación que tuvo que tomar le hizo perder el habla. En el verano del 74, el principal problema de Franco fue volver a aprender a hablar, algo que, sabiéndolo, se hace bastante evidente cuando ahora se ven imágenes con sonido de aquella época; aunque es lo cierto que la inmensa mayoría de los españoles se tomó aquella vocecita dubitativa como el producto lógico de la vejez, que es una forma muy elegante de hablar de la enfermedad de Parkinson.

Más o menos un año después, el 12 de octubre de 1975, Franco acudió a su último acto oficial. Fue una recepción en el Instituto de Cultura Hispánica con motivo de la celebración del Día de la Raza, que hoy conocemos como día de la Hispanidad. En las imágenes de televisión de aquel acto, que no sé si TVE conserva, se pudo ver a Franco intentando por tres veces, sin conseguirlo, levantarse del sillón Voltaire donde lo habían ubicado. El deterioro del jefe del Estado empezaba a ser algo totalmente patente.

Según insinúa el doctor Palma Gámiz, para mí sin duda el más sincero de los cronistas médicos de aquellas semanas terribles, a Franco las jornadas posteriores a los fusilamientos de septiembre le habían dejado anímicamente tocado. El general estaba acostumbrado a situaciones en plan sólo contra el mundo; al fin y al cabo, así se había quedado tras la derrota de Hitler hasta que logró convencer a los estadounidenses de sus bondades como aliado. Pero a Franco le jodía mucho ver que quienes le habían apoyado siempre, o mejor dicho aquellos a quienes había venerado y apoyado él, le daban la espalda. Llevó muy mal que el principal acto antiespañol (o antifranquista, más bien) ocurriese en Lisboa, dadas las excelentes relaciones que había tenido con los dictadores lusos, para entonces ya caídos. Y llevó muy mal la cerril oposición de la Iglesia a las ejecuciones.

Laureano López-Rodó, ministro tecnócrata del franquismo, afirma en sus memorias que Franco, en tan temprana fecha como 1957, le expresó a los obispos que si ellos le decían que dejase la jefatura del Estado, él se iría. Pudo no decirlo, o pudo decirlo de farol. Pero, en todo caso, la básica credibilidad de la confesión, y lo que sabemos de él, abonan la visión de un Franco extremadamente religioso, acostumbrado a respetar a la jerarquía eclesial. Que ésta le saliese rana era algo que con seguridad no había previsto.

Así las cosas, tiene plena lógica la teoría de Palma de que, en la madrugada del día 14 al 15 de octubre de 1975, lo que a Franco le tenía desazonado era la actitud del Papa Pablo VI respecto del régimen español. Hemos de recordar que lo de Marruecos aún no había pasado. Fuese eso o cualquier otra cosa, lo cierto es que aquella madrugada fue extremadamente dura para el jefe del Estado. A eso de las 3 de la mañana, se quejó de dolor en los hombros y en el pecho y de opresión en éste último, irradiada al brazo izquierdo. Tiene, además, fiebre y tos, y el pijama literalmente empapado de sudor. Su médico personal y el propio Franco piensan que lo que tiene son las molestias típicas de una gripe, tan molestas que son, y peligrosas, en gente tan mayor; o, tal vez, una mala digestión. Pero no le da mayor importancia. Sin embargo, para quedarse tranquilo (según algunas fuentes, por recomendación de la enfermera, Lina), el doctor Pozuelo encarga que le hagan un infarto al Caudillo.

Este electrocardiograma está reproducido en el libro evocatorio del cardiólogo Palma Gámiz. Yo no veo una mierda en él, pero dicen los que saben de esto que no se podría pensar en un electro más claro para explicarle a un estudiante de Medicina cómo se diagnostica un infarto de miocardio. El doctor Vital Aza, que es quien revisa el papelito, incluso cree que el general ha podido tener otro infarto anteriormente, que no se detectó; en todo caso, el que ha tenido Franco hace tan sólo unas horas ha afectado al menos a una tercera parte del ventrículo izquierdo. Lógicamente, le va con el queo a su jefe, el doctor Cristóbal Martínez Bordiú, a la sazón yerno del enfermo por estar casado con la única hija de Franco. Ambos se presentan en El Pardo con diversos aparatos y bastante inquietud, pero puede la razón de Estado. La familia es informada, pero no es informado ni el paciente, ni el gobierno. Guardar el secreto es enormemente gravoso para Franco, que tenía programadas para aquel día 15 nada menos de doce audiencias. En el momento en que Pozuelo le informa de que anda jodido y le presenta el texto de un parte médico muy técnico, Franco se lo guarda en un bolsillo. Dicho parte jamás se publicó, aunque sí se puede consultar en las memorias de Pozuelo.

Ese mismo día 15, en un movimiento muy posiblemente correlacionado, el rumor más fuerte en el Madrid informado es la próxima formación de un gobierno de concentración nacional que englobaría al Opus Dei, la Democracia Cristiana, Falange, monárquicos y socialdemócratas avant la lettre. Y Fraga. Si fue verdad, parece difícil que todos fueran a decir que sí.

El día 16 por la tarde la cosa se pone muy fea. Para entonces, España ya tiene claro que la reacción de Hassan a la toma de posición de Naciones Unidas y el Tribunal de La Haya será intentar invadir el Sahara. Cuando Franco es informado, comienza a tener dolores y molestias típicas de una angina de pecho. Sus médicos, yerno incluido, se alarman y le conminan a hacer reposo absoluto. Pero Franco se niega. Al día siguiente, 17, es viernes, y los viernes hay Consejo de Ministros. El general considera que no puede dejar de presidir dicha reunión, menos aún con la que está cayendo. Asegura que, después, el fin de semana se pondrá en manos de los médicos. Pero lo del Consejo no lo considera negociable y, que se sepa, Francisco Franco jamás se bajó de una burra cuya monta considerase innegociable.

Es por ello que el día 17, a las diez de la mañana, comenzó en El Pardo un famoso Consejo de Ministros, en el cual Franco tenía unos electrodos discretamente colocados en el pecho que informaban a unos aparatos que los cardiólogos observaban en la habitación de al lado. La mitología de aquel día sostiene que los médicos estuvieron a punto de entrar cuando se empezó a hablar de Marruecos para solicitar a los miembros del gobierno que bajasen el tono de sus pesimistas predicciones, porque Franco se estaba poniendo a cien. La historia es, probablemente, verdad. Según Pozuelo, el general, durante el Consejo, tuvo varios extrasístoles y alcanzó un ritmo cardiaco de 120 pulsaciones por minuto. A las 14 horas, ya es claro el diagnóstico de isquemia miocárdica. El corazón de Franco está tosiendo.

El general reposa el fin de semana, dedicando tiempo a una actividad que por lo visto le distraía mucho, que era ver la televisión (vaya tío raro, ¿no?); aquel 19 por la tarde-noche se solazó viendo el Atlético de Madrid-Barcelona, partido que, extrañamente, terminó con un 3 a 0 para los colchoneros. A las 6 horas del lunes 20, sin embargo, se levanta de la cama para ir al baño y en ese instante tiene una crisis de extrasístoles, tan fuerte que, según Pozuelo, provoca en el general la primera de sus negras frases de tono pesimista: «Esto se acaba», parece que dijo el enfermo.

El doctor Palma Gámiz nos informa de que el día 19, Franco fue visitado por su hija y que la marquesa de Villaverde advirtió a los médicos de que iba a hablar con él de temas que quizá lo alterasen un poco. La tesis que defiende en su libro es que ambos, padre e hija, hablaron aquella tarde de la hipótesis de que el general muriese y que, incluso, fue entonces cuando Franco redactó su famoso testamento. Esta teoría cuadra con la crisis posterior; tal y como temía su hija, Franco se alteró, aunque las consecuencias, como suele pasar con estas cosas esenciales, no se vieron hasta horas más tarde.

El lunes 20, el presidente Arias convoca inopinadamente al gobierno en Castellana 3 a las siete de la tarde. Para cuando los ministros llegan, ya conocen las primeras noticias publicadas sobre la salud de Franco, concretamente del periódico Informaciones, el cual, en todo caso, trata de quitarle hierro al asunto afirmando que ni siquiera guarda cama y que las fuentes gubernamentales apenas consideran necesario comentar el asunto. Éste es, además, el Consejo en el que España empieza a mostrarse dubitativa en el asunto de Marruecos. Hace horas que Hassan ha anunciado la Marcha Verde y, sorprendentemente, en dicha reunión el gobierno decide cambiar de negociador. Hasta entonces, el interlocutor con Marruecos ha sido el más lógico, el ministro de Asuntos Exteriores Pedro Cortina Mauri, decidido partidario de la autodeterminación de los saharahuis. Pero ahora, se decide que quien negociará con los marroquíes será La sonrisa del Régimen, es decir el ministro Secretario General del Movimiento, José Solís Ruiz.

Este cambio de estrategia está, muy probablemente, forzado por el hecho de que a España empiezan a torcérsele las cosas en el asunto del Sahara. El día 19 de octubre, el embajador español en Naciones Unidas, Jaime de Piniés, ha solicitado del presidente del Consejo de Seguridad, el sueco Olof Rydbeck, que reaccione a la convocatoria de la Marcha Verde convocando a dicho Consejo. La reunión se produce el mismo día 20; pero sólo se reúne durante hora y media y, lo que es peor, no toma decisión alguna. Eso sí, se aprueba una resolución, presentada por Costa Rica, en la que se pide a Hassan que desista de su marcha.

Aquel día 20, como ocurría siempre los lunes, el príncipe Juan Carlos despacha con Franco en El Pardo sin que, que sepamos, note algo extraño. Sin embargo, Franco no está bien. A las 11 de la noche siente fuerte presión irradiada a los brazos, inquietud y sudoración. Además, su tensión arterial es muy elevada. Sin embargo, es cuatro horas más tarde cuando la cosa se pone fea de verdad. A las 3 de la mañana, Franco se queja de operación en el pecho. «Denme algo, por favor», parece ser que dice, «es un dolor insufrible».

El Caudillo tiene una angina de pecho. Sufre hipertensión arterial y vomita en las mismas sábanas de su cama. Además, su aporte de orina desciende de forma significativa; éste, el deterioro de la función renal, fue quizá uno de los aspectos médicos que más se intentó ocultar a la opinión pública durante toda su enfermedad.

En la mañana del día 21, Madrid es un hervidero de rumores. El que más éxito tiene es el que liga la presencia del famosísimo doctor sudafricano Christian Barnard, el primer médico que realizó un trasplante de corazón, con los problemas de Franco. Se dice que Barnard está en Madrid para ponerle a Franco un corazón nuevo. Hay algunos indicios de que, a indicaciones de Martínez Bordiú, llegó a revisar los electrocardiogramas; pero nada más.

Tras aquella noche, los médicos que atienden a Franco redactan un documento que resume la situación del Caudillo y, de alguna forma, sustantiva su rebelión contra el silencio absoluto. Se hace necesaria cierta apertura, entre otras cosas porque el equipo médico cada vez está más nutrido, lo cual eleva la probabilidad de filtraciones, las cuales, de una forma u otra, ya se producen desde el primer día, pues ya el día 15 la revista estadounidense Newsweek había insinuado los problemas circulatorios del jefe del Estado español.

Ha comenzado la era de los partes.

Ese mismo día 21, Solís vuela a Rabat y se entrevista con Hassan II. En la tarde, la comisión primera del Consejo nacional del Movimiento se reúne a puerta cerrada para analizar la situación política. El franquismo trata de gestionar los difíciles frentes que se le presentan, siendo, cada vez, más consciente de que no puede ya contar con Franco.

Esa noche todo el mundo que se atreve a apostar, apuesta por una sucesión inminente.





Capítulo 4: la era de los partes

Nota de la Casa Civil del Generalísimo, 21 de octubre, 20,10 horas

En el curso de un proceso gripal, su Excelencia el Jefe del Estado ha sufrido una crisis de insuficiencia coronaria aguda, que está evolucionando satisfactoriamente, habiendo comenzado ya su rehabilitación y parte de sus actividades habituales.

A las diecinueve horas del día de hoy, su Excelencia el Jefe del Estado recibió en su despacho al presidente del Gobierno, con quien mantuvo una conversación de cuarenta y cinco minutos.



La operación de relaciones públicas trata de convencer a los españoles de que lo que tiene Franco es una gripe que, por causa de su edad, le ha provocado una insuficiencia coronaria. Esto es a lo más que podían llegar los partes. Según Palma, la principal obsesión de los revisadores de los partes médicos es que nunca figurase en ellos la palabra infarto.

En los mentideros habitualmente bien informados de Madrid circula aquel día un rumor que, que yo sepa, nunca ha sido confirmado ni desmentido: el gobierno tiene ya preparado un decreto por el cual Franco renuncia a la jefatura del Estado a favor del Príncipe, pero retiene la jefatura del Movimiento. Si este decreto existió, y aquí todo lo que hago es fabular porque de los dos protagonistas del asunto uno está muerto y el otro no ha hablado, supongo que el Príncipe pondría pies en pared y se negaría en redondo. Quienes conocían bien al Borbón en aquel entonces parecen apostar porque Juan Carlos, tras la experiencia del 74 de un mando provisional que de hecho le ató de pies y manos, no estaba dispuesto a repetir la experiencia. El Príncipe tenía claro que si tomaba el gobernalle de España sería ya para siempre, como sucesor designado en lugar de su antecesor, y no como jefe del Estado con freno y marcha atrás, como con seguridad pretendían los franquistas más acendrados.

Es de suponer que las presiones fueron fuertes. España no podía oponer a una amenaza tan seria como una invasión la visión de un gobierno tembloroso presidido por un moribundo. Resulta fácil apostar porque estas presiones existieron a la luz del viaje del Príncipe a El Aaiún, del que ya hablaremos. Pero, si existieron, está claro que Zarzuela las resistió.

En la madrugada de aquel día post-parte, Franco experimenta nuevos episodios anginosos. Diversas agencias de prensa en el extranjero llegan a transmitir la noticia de que ha muerto.

En paralelo, el nuevo, digamos, plenipotenciario del asunto marroquí, el ministro Solís, comienza a hacer su trabajo. El mismo día 21 realiza un viaje a Marruecos, un viaje sorpresa en el que, sin embargo, es recibido por Hassan II, en presencia del primer ministro Ahmed Osman y el ministro de información, Ahmed Taibi Benhima. A su regreso de dicho viaje relámpago, Solís afirmaría estar muy satisfecho del viaje. Decía estar contento porque «hemos dejado las puertas abiertas para futuras conversaciones». España empieza a conformarse con bien poco para estar satisfecha. Según Solís, Hassan está «en la mejor disposición para llegar a un entendimiento con nosotros».

Mientras Solís se deshace en elogios hacia la capacidad negociadora marroquí, en la localidad de Ksar Es Souk, el primer ministro Ahmed Osman preside el inicio de la Marcha Verde. «De parte de Dios Todopoderoso», declama, «nosotros, en verdad, te habíamos prometido una victoria maravillosa, a fin de que Dios te perdone tus pecados cometidos o por cometer».

Los marchadores son dotados por el gobierno marroquí con latas, agua, una manta, una vela, un paquete de cigarrillos diario, una caja de cerillas diaria, y un Corán.
Día 22.

Según comunica la Casa Civil, en el día de hoy la evolución de la enfermedad de Su Excelencia el Jefe del Estado ha sido favorable. Ha realizado sus ejercicios de rehabilitación y a última hora de la tarde ha asistido en compañía de su familia a la proyección de una película.


El parte del día 22, jornada de total transición, trata de transmitir sensación de normalidad, la típica normalidad de quien está afectado por una pequeña dolencia, de la que se está recuperando. Lo de la película es, probablemente, cierto. Incluso, por los datos disponibles, es bastante probable que fuese Candilejas.

El 22 es, por lo demás, el día que se reúne el Consejo de Seguridad de la ONU para tratar el tema del Sahara. Obsérvese la resolución tomada al final de la reunión, toda ella rebosando decisión y capacidad ejecutiva:

«[El Consejo de Seguridad] pide al secretario general que entre en consultas inmediatas con loas partes interesadas y afectadas y que informe al Consejo de Seguridad tan pronto le sea posible sobre los resultados de sus consultas para hacer posible al Consejo la adopción de las medidas apropiadas para hacer frente a la situación del Sahara Occidental».

Y punto pelota.

Día 23

En la madrugada de hoy, la evolución favorable que seguía la enfermedad coronaria que sufre SE el Jefe del Estado ha experimentado un retroceso y han aparecido signos incipientes de insuficiencia cardiaca. Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Isidoro Mínguez y Enríquez de Salamanca.


El episodio que relata este parte médico, de forma casi telegráfica, ocurrió a la 1,20 horas de la madrugada. Franco constató que le era imposible dormir. Tenía dolores en el hombro izquierdo y también en la región lumbar. Otras informaciones añaden que los calmantes no han hecho nada para paliar los dolores y que han aparecido dificultades respiratorias. Radio Macuto sostiene que el episodio ha sido muy grave.

De todas formas, la jornada del 23 es, quizá, la primera en la enfermedad del Caudillo en la que sus hombres comienzan a darse cuenta de que va a ser imposible ocultar la verdad. El parte informando de los problemas que tuvo aquella madrugada no se hizo público hasta 15 horas después de los hechos, y por medio hubo síntomas preocupantes. En la tarde del 23, el presidente de las Cortes, Alejandro Rodríguez de Valcárcel, recibe en su despacho al marqués de Villaverde quien, como ya hemos visto, es un poco el coordinador clínico del equipo de médicos que atiende a Franco. Los periodistas le ven salir de dicha reunión, camino de El Pardo, con semblante visiblemente preocupado. Villaverde también visita al Príncipe en Zarzuela. Por su parte Arias, al final de la tarde, tras una reunión del gobierno, también va a El Pardo, donde se reúne con Valcárcel. Ambos se van luego a la Zarzuela. No hace falta ser un lince para discernir que en esa entrevista el Presidente de las Cortes fue informado de la seriedad del episodio de la madrugada del 23, y sus consecuencias.

Por lo demás, a muchos españoles les costó creer, y de hecho no creyeron, que este parte se refiriese sólo a una mera recaída. Por un detalle: no tiene lógica que el parte en el que se informa de que alguien está enfermo no lo firme nadie, y el parte en el que se informa de una recaída lo firme un ejército de médicos. Dicho de otra forma: lo del ejército de médicos es una demostración de que el Caudillo, más que recayendo, lo que hace es bajar por el terraplén de la muerte.

Como suele ocurrir siempre en estos casos, el hambre de información dispara los rumores. De ambos sentidos. Por parte franquista se filtra la noticia de que Franco ha llegado a decirle a Arias que va a presidir el siguiente consejo de ministros. Otras informaciones indican que está en coma. Y no es el único bulo. En las barras de las tabernas de España, amables informadores altruistas dan por seguras noticias como que se han instalado otras tantas líneas punto a punto entre El Pardo y las capitanías generales, que las emisoras de radio están tomadas por la policía armada, que las bases de Torrejón y Manises están en alerta, que se ha practicado una traqueotomía al jefe del Estado. También hay enterados que saben de muy buena tinta que el BOE va a publicar al día siguiente la sucesión en la persona de Juan Carlos.

De todas formas, esta jornada será la que deparará los primeros titulares pesimistas: «Empeora el jefe del Estado» o «Retroceso grave» son algunos de ellos. La situación está ya tan centrada en Franco que pasa desapercibida la noticia, muy mala para España, de que el Consejo de Seguridad de la ONU no ha mostrado voluntad alguna de obligar a Hassan a parar la Marcha Verde. Así pues, se habla de que el nuevo negociador, el ministro Solís, probablemente tenga que transigir. Se dice que España estaría pensando en darle el Sahara a Marruecos a cambio de intereses económicos y de que el asunto de Ceuta y Melilla quede en stand by por el momento.

Día 24

A las 14 horas la situación del Jefe del Estado ha mejorado. Han remitido parcialmente los signos de insuficiencia cardiaca que se le apreciaban ayer. Sus constantes son normales. La evolución de su enfermedad coronaria sigue su curso normal, sin otras incidencias. Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Isidoro Mínguez y Enríquez de Salamanca.


El 24 de octubre de 1975 es viernes. Consejo de Ministros. Pero Franco, sea o no verdad su chulesca promesa a Arias, no lo preside. La rueda de prensa del Ministro de Información y Turismo, aquella tarde, es todo lo tormentosa que puede ser una rueda de prensa en un régimen, al fin y al cabo, dictatorial. León Herrera ha tenido que esquivar como ha podido las preguntas sobre el asunto sucesorio y, sobre todo, las críticas de opacidad. En ese momento, la jornada anterior, con un Caudillo gravemente enfermo sobre el que no se decía nada, pesa como una losa. La prensa, ciertamente, está bastante atada. Pero no está sola. En las Cortes, concretamente en su Comisión de Trabajo, el procurador Antonio Pedrosa Latas, no ha tenido reparo en tomar la palabra para criticar al gobierno por no tener a los procuradores, dice, «minuto a minuto» sobre la enfermedad de Franco. Esta presión, creo yo, colaboró, junto con el empeoramiento objetivo en sí del enfermo, para hacer los partes algo más transparentes y frecuentes.

En El Pardo, Franco lleva su enfermedad malamente. Tiene molestias en la boca, monoliasis y meteorismo, además de crisis anginosas. No obstante, será a mediodía cuando las cosas se pongan peor.

Día 24 (por la tarde)

La evolución que seguía la enfermedad de SE el Jefe del Estado se ha visto modificada con un nuevo episodio de insuficiencia coronaria, que ha superado. A las 20,30 horas descansa tranquilo y sus constantes son normales. El estado cardiocirculatorio continúa estacionario. Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Isidoro Mínguez y Enríquez de Salamanca.


A la hora del almuerzo, los médicos de guardia son sacados de la mesa con urgencia. Franco tiene dolores tan intensos que quiere salir de la cama y quitarse la mascarilla, un síntoma de desesperación muy común en enfermos sometidos a padecimientos angustiosos. Su tensión arterial es de 22, es decir está completamente disparada. Ya en la noche, se produce un episodio de distensión abdominal producido por acumulación de gases en el abdomen que le produce al enfermo una gran hinchazón.

El día 24, por cierto, se produce, casi de forma clandestina entre tanta noticia clínica, un acto más del otro gran asunto que está en ciernes en esas horas. En Madrid está, además del embajador de Marruecos señor Filali, el ministro alahuita de Asuntos Exteriores, Ahmed Laraki. Negociaciones al más alto nivel. A su marcha, al día siguiente, desgrana ante los periodistas un par de frases de compromiso sobre las grandes esperanzas en una nueva etapa de las relaciones bilaterales y bla, bla, bla.

El gobierno Arias ha preparado, precisamente para el día de su visita, la aprobación por el Consejo de un proyecto de ley para la descolonización del Sahara. El proyecto, en cualquier caso, es un mero instrumento jurídico que autoriza al gobierno a hacer lo que le parezca necesario.

Aquella tarde, de una forma inesperada, Franco advierte que quiere despachar con Arias. Los médicos tratan de disuadirle.

‑¿Qué puede pasar? –Pregunta el general.

‑Puede ocurrir lo peor, Excelencia –le informan los médicos.

Tras una corta reflexión, Franco repite la orden de que llamen a Arias.

Día 25, 14,15 horas.

La situación clínica de SE el Jefe del Estado a las 13,45 horas permanece estacionaria, persistiendo la gravedad. Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Isidoro Mínguez y Enríquez de Salamanca, Luis Alonso Castrillo, Gabriel Artero Guirao.


Este parte médico tan sincrético esconde muchas cosas. A las 8,30 horas de la mañana, cuando los médicos han creído superada la crisis de horas antes, los signos de insuficiencia cardiaca se intensifican, se desarrolla un edema pulmonar y se presenta una situación de insuficiencia cardiaca congestiva, es decir incapacidad por parte del corazón de «gestionar» toda la sangre que le llega.

Ese día 25, si hemos de creer al doctor Palma, es el día en el que, además, acaban por aparecer algunos de los problemas más graves que experimentará el Caudillo hasta su muerte. La radiografía que se le hace ese día muestra que hay aire en el peritoneo (algo que se podía sospechar ya con la distensión abdominal de horas antes); lo cual puede estar indicando una ruptura del intestino, que es donde reposan los gases que ahora, por lo tanto, están donde no deben estar. Esto es el pistoletazo de salida de una peritonitis bacteriana.

Además, ya este 25 de octubre comienzan a hacerse evidentes cosas que los partes médicos tratarán de ocultar a la opinión pública mientras les sea posible: el fallo de los riñones. En fecha tan temprana, según las notas de Palma, los análisis mostraban ya una escasa función renal y un descenso generalizado del nivel de glóbulos rojos.

A eso de la una de la tarde, salen las ediciones especiales de los periódicos, informando de que Franco está muy grave. Se sabe que todos los gobiernos provinciales y las comandancias de la Guardia Civil han sido puestas en alerta. En el Ministerio de Información y Turismo, durante todo ese día, un locutor televisivo hace guardia, vestido con traje oscuro y corbata negra.

Día 25, 19,40 horas.

A las 19 horas la situación clínica de SE el Jefe del Estado ha experimentado un lento y progresivo empeoramiento desde el último parte facilitado. Se han acentuado los signos de sufrimiento miocárdico, ha aparecido fiebre, ha descendido ligeramente la tensión arterial y ha aumentado la frecuencia cardiaca y respiratoria.

Pese a ello conserva un buen estado de conciencia. Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Isidoro Mínguez y Enríquez de Salamanca, Luis Alonso Castrillo, Gabriel Artero Guirao y María Paz Sánchez Aguado.



Este parte del día 25, emitido como decimos a última hora de la tarde, viene a ser la guinda de un pastel. En la España de 1975 eran habituales, y tenían bastante éxito, los periódicos vespertinos; a lo que hay que añadir que para entonces ya ha comenzado la carrera de ediciones especiales de algunos medios. Así las cosas, a primera hora de la tarde diversas informaciones se han adelantado a esta información sobre el empeoramiento. Se llega incluso a publicar que Franco ha recibido la extremaunción de manos de su capellán, el padre José María Bulart.

Arias va a El Pardo. Monseñor Cantero Cuadrado, obispo de Zaragoza y único miembro del Consejo de Regencia que no está en Madrid, se desplaza a toda prisa a la capital. El tercer miembro del Consejo, el general Salas Larrazábal, también se persona en El Pardo. Los familiares de Franco, incluyendo su hermano Nicolás y su hermana Pilar, se personan también. Todo abona la teoría de un final rápido que, sin embargo, aún se demorará casi un mes.

Día 26. 14,12 horas.

A las 10,30 horas la situación clínica de SE el Jefe del Estado desde el parte anterior es la siguiente:

Ha descansado muy bien. No ha vuelto a tener episodios agudos de insuficiencia coronaria. Han remitido parcialmente los signos de insuficiencia cardiaca congestiva. Se mantiene perfectamente lúcido. Persiste la gravedad. Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Isidoro Mínguez y Enríquez de Salamanca, Luis Alonso Castrillo, Gabriel Artero Guirao y María Paz Sánchez Aguado.



Este parte dominguero (el día 26 de octubre es domingo) cae sobre una España en tensión. En Madrid se aprecia mucho menos movimiento festivo que otros días similares, y en todas las iglesias de España se ruega por la vida del jefe del Estado. Los periódicos publican que el Caudillo está agonizando. Sin embargo, el parte, como vemos, es tranquilizador. Se informa, además, de que Franco ha oído misa y comulgado, acciones ambas impropias de personas en coma.

De hecho, es más que probable que tanto los médicos como la estructura de información del gobierno pensaban que ponían un broche al domingo pocos minutos antes de empezar la retransmisión dominical del fútbol, con este parte:

Día 26. 19,37 horas.

A las 19 horas del día 26 de octubre de 1975, la situación clínica de SE el Jefe del Estado no ha experimentado ningún cambio desde el último parte.

Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Isidoro Mínguez y Enríquez de Salamanca, Luis Alonso Castrillo, Gabriel Artero Guirao y Roberto Llauradó Sabe.



No será así, sin embargo. A eso de las diez de la noche, Franco empeora visible y significativamente. Ha tenido una hemorragia interna, precisamente lo que sus médicos temían. Como ya hemos dicho, el tratamiento lógico para un enfermo del corazón es hacer su sangre más fluida para facilitar la circulación. Lo malo es que la sangre fluida favorece las hemorragias, y Franco ya ha tenido una hace cosa de un año de extrema gravedad.

A las 11 de la noche, la situación ya no se puede ocultar.

26 de octubre, 23,07 horas.

A las 22,30 horas del día 26 de octubre de 1975, la evolución clínica de SE el Jefe del Estado ha sufrido una agravación secundaria a una hemorragia gástrica e importantes transtornos del ritmo, con acentuación marcada de la insuficiencia cardiaca congestiva.

La situación se considera crítica.

Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Isidoro Mínguez y Enríquez de Salamanca, Luis Alonso Castrillo, Gabriel Artero Guirao y Roberto Llauradó Sabe.



Es la primera vez que Franco es declarado en estado crítico. Media hora después de emitirse el parte, todas las emisoras de radio conectan con la señal de Radio Nacional, la cual emite música clásica. Es la señal de un fallecimiento, si no ya producido, inminente. Algunos periodistas dicen tener informaciones de los médicos en el sentido de que el corazón de Franco se ha parado durante unos minutos.

España se acuesta, aquel domingo día 26, esperando alborear como lo haría en la mañana del 20 de noviembre: con la noticia de la muerte del jefe del Estado.

Día 27, 7,47 horas.

La evolución del Jefe del Estado, desde el parte anterior, ha sido la siguiente:

Ha pasado la noche descansando tranquilo, ha remitido casi totalmente con el tratamiento la hemorragia gástrica y los trastornos del ritmo cardiaco, mejorando la situación cardiocirculatoria. Mantiene un nivel de consciencia normal.

Persiste la gravedad.

Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Isidoro Mínguez y Enríquez de Salamanca, Luis Alonso Castrillo, Gabriel Artero Guirao y Roberto Llauradó Sabe, Joaquín Carbonell Cadenas, María Paz Sánchez Aguado.



Y, sin embargo, Franco aguanta. Existen algunos indicios de que ya lo hace con una lucidez relativa. Por ejemplo, algunos periodistas, citando fuentes del equipo médico, dicen que ha habido un momento en el que ha gritado la orden de que se apagasen los televisores; lo cual quiere decir que ha confundido los monitores de los aparatos que le controlan con cajas tontas.

Día 27, 14 horas.

La situación clínica de SE el Jefe del Estado, desde el parte anterior, evoluciona como sigue:

Ha pasado la mañana tranquilo y lúcido. Ligera hipertermia, mantiene tensiones arteriales normales. No ha vuelto a presentar transtornos del ritmo cardiaco. Persisten signos de insuficiencia cardiaca. La hemorragia gástrica, en el momento actual, está controlada.

Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Isidoro Mínguez y Enríquez de Salamanca, Luis Alonso Castrillo, Gabriel Artero Guirao y Roberto Llauradó Sabe, Joaquín Carbonell Cadenas, María Paz Sánchez Aguado.



Día 27. 21,30 horas.

A las 20,30 horas la situación clínica de SE el Jefe del Estado, desde el parte anterior, evolucionó de la forma siguiente.

Ha pasado la tarde apaciblemente. Ha pedido más alimento. Ha descendido la hipertermia. La tensión arterial continúa estable. Ha disminuido la taquicardia. El ritmo cardiaco es normal. No ha cesado aún la tendencia del estómago a sangrar. Persisten los mismos signos de insuficiencia cardiacocongestiva. Continúa la gravedad.

Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Isidoro Mínguez y Enríquez de Salamanca, Luis Alonso Castrillo, Gabriel Artero Guirao, Roberto Llauradó Sabe, Joaquín Carbonell Cadenas.



Como puede apreciarse, la jornada del 27 parece anodina. Sin embargo, lo es, básicamente, en los partes. Desde un punto de vista médico, y según Pozuelo, es en ese día en el que aparecen los primeros síntomas de ascitis y crecimiento excesivo del hígado; lo primero quedará confirmado por el parte siguiente. Además, a las diez y media de la noche se le aplica una sonda gástrica por la que sale sangre roja y negra, signo de que la hemorragia está ahí, dando por culo.

El día 27, procedente de Argel, llega a Madrid el austriaco Kurt Waldheim, secretario general de la ONU. Se reúne con Arias, el cual, al día siguiente, tendrá una reunión con los ministros de asuntos exteriores marroquí, Ahmed Laraki; y mauritano, Hamdi Uld Muknass. Es bastante plausible estimar que, en dicha reunión, Arias les explicaría a los representantes de los dos países con los que teóricamente estaba negociando el futuro del Sahara el mensaje que quizás le dio Waldheim, esto es: que Argelia estaba dispuesta a desencadenar una guerra si las cosas no iban por donde ella quería.

Día 28. 15 horas.

A las 14 horas la evolución clínica de SE el Jefe del Estado ha sido la siguiente:

Ha pasado la noche y la mañana tranquilo. Ha desaparecido la fiebre. La presión arterial es normal. La frecuencia cardiaca está estabilizada en 80 latidos regulares por minuto. Han disminuido los signos de insuficiencia cardiaca congestiva.

El control radiográfico habitual del tórax realizado por los doctores C. Petrament y J. Corbatín demuestran una evidente mejoría.

No ha desaparecido la hemorragia gástrica. Consultado nuevamente el Dr. C. Marina Fiol ratifica las medidas terapéuticas.

Persiste la gravedad.

Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Isidoro Mínguez y Enríquez de Salamanca, Luis Alonso Castrillo, Gabriel Artero Guirao, Roberto Llauradó Sabe, Luis Sánchez Sicilia.



A las 20,30 horas, la evolución clínica de SE el jefe del Estado ha sido la siguiente.

La situación cardiaca no ha sufrido alteración desde el parte anterior. Ha empeorado su estado general en el curso de las últimas horas.

Ha aumentado la hemorragia digestiva.

Se ha presentado una parálisis intestinal con ascitis originada por trombosis venosa mesentérica.

El estado es extraordinariamente grave.

Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Isidoro Mínguez y Enríquez de Salamanca, Luis Alonso Castrillo, Gabriel Artero Guirao, Joaquín Carbonell Cadenas, María Paz Sánchez Aguado, Luis Sánchez Sicilia, C. Marina Fiol y Manuel Hidalgo Huertas.



El parte del día 28 a las ocho y media de la tarde es un hito muy importante en la enfermedad de Francisco Franco. Vayamos por partes.

El día 28 al que se refiere ese informe, al jefe del Estado se le ha hecho un entubamiento rectal para así poder evacuar los gases que, como decíamos un poco antes, están donde no deben estar. Los médicos constatan que la situación del enfermo es ya tan comprometida que no puede mantener por sí solo los brazos en alto (hecho éste que, por cierto, en un falangista no deja de ser una macabra broma del destino).

Los análisis muestran un aumento muy significativo de los niveles de urea. Este síntoma es considerado prerrenal, es decir, indicador de que el riñón está comenzando a fallar seriamente.

Franco tiene el abdomen abombado y la hemorragia persiste. Y en eso llega el parte de la tarde donde se le diagnostica una trombosis venosa mesentérica. Yo no soy médico, pero lo que he podido aprender fabricando las notas para este ensayo me dice que se trata de una enfermedad relacionada con la ausencia de riego sanguíneo en el intestino, lo cual lo bloquea, lo deja inmóvil e inservible. El ser humano no puede, o por lo menos no podía entonces, vivir sin intestino, porque el intestino es el camión de basura de nuestro cuerpo y, si se declara en huelga, nos convertimos por dentro en la avenida de cualquier ciudad después de días de paro en la recogida de basuras.

Fue en la tarde de aquel día 28 cuando el estado se agravó y el momento en el que, según el doctor Palma, el doctor Marina Fiol defendió el citado diagnóstico. El cardiólogo no se recata de afirmar en sus memorias que fue un diagnóstico apresurado, que supongo que es la forma elegante que tiene un médico de decir que otro médico se equivocó. Y la importancia del asunto estriba en que no sólo los miembros del equipo, sino cualquier médico, sabía que leer trombosis venosa mesentérica suponía leer: muerte segura en doce horas como máximo.

A partir de este parte, por lo tanto, comenzará a haber un montón de gente en España que empezará a creer que Franco ya está muerto. Ello a pesar de que el famoso diagnóstico comienza a ponerse en duda ya desde el mismo día siguiente al del parte, incluso con datos tan evidentes (y probablemente ciertos) como que la mitad o más del equipo médico no estaba de acuerdo con el diagnóstico.

En todo caso, un coronel del ejército que sale de El Pardo aquella tarde y que es literalmente invadido por los periodistas se limita a musitar:

‑Está mal, muy mal. Pero vive todavía.

Los médicos, que saben lo que significa un diagnóstico de trombosis venosa mesentérica, actúan creyendo que va a pasar lo inevitable. Así pues, conforme termina la tarde la segunda planta del palacio de El Pardo se va vaciando de personas que no sean miembros de la familia Franco. Se respeta el deseo de la familia de dejar al general morir en su compañía.


Día 29, 8,24 horas

A las 7,30 horas, la evolución clínica de SE el Jefe del Estado ha sido la siguiente desde el último parte:

La situación cardias se mantiene estabilizada con constantes adecuadas.

Está lúcido.

La respuesta al intenso y constante tratamiento de la hemorragia digestiva ha sido favorable. En los dos últimos controles no se han podido objetivar nuevas pérdidas hemorrágicas.

La motilidad intestinal ha comenzado a reanudarse parcialmente.

No se evidencian nuevos signos de evolución de la trombosis venosa.

Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Luis Alonso Castrillo, Gabriel Artero Guirao, Roberto Llauradó Sabe, Joaquín Carbonell Cadenas, María Paz Sánchez Aguado, Isidoro Mínguez y Enríquez de Salamanca, Luis Sánchez Sicilia, Carlos Marina Fiol y Manuel Hidalgo Huertas.



Día 29, 14,15 horas

A las 13,45 horas la evolución clínica de SE el Jefe del Estado ha sido la siguiente desde las 7,30 de la mañana.

No ha habido cambios sustanciales en el estado del Caudillo desde el último parte.

Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Luis Alonso Castrillo, Gabriel Artero Guirao, Roberto Llauradó Sabe, Luis Sánchez Sicilia, Carlos Marina Fiol, J. Parra Lázaro, Manuel Hidalgo Huertas, María Paz Sánchez Aguado, Joaquín Carbonell Cadenas y Francisco Fernández Justo.



Día 29, 20, 58 horas

A las 20,30 horas, la evolución clínica del SE el Jefe del Estado ha sido la siguiente desde las 13,30 horas: en las últimas 24 horas ha mejorado el estado general, manteniendo un nivel de consciencia normal.

Continúa con el mismo grado de insuficiencia cardiaca congestiva. La tensión arterial y la frecuencia cardiaca son normales con extrasístoles ventriculares muy aisladas. Al reanudarse la actividad intestinal se han apreciado heces hemorrágicas en forma de melena. La ascitis no se ha modificado.

El pronóstico no ha variado.

Firmado: doctores Pozuelo Escudero, Pescador del Hoyo, Vital Aza Fernández Nespral, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Isidoro Mínguez y Enríquez de Salamanca, Luis Alonso Castrillo, Gabriel Artero Guirao, Roberto Llauradó Sabe, Luís Sánchez Sicilia, Carlos Marina Fiol, J. Parra Lázaro, Manuel Hidalgo Huertas, María Paz Sánchez Aguado, Joaquín Carbonell Cadenas y Francisco Fernández Justo.



Recuerdo bien lo de las heces hemorrágicas en forma de melena. Recuerdo la barra de El Escocés, en la calle de Alfredo Vicenti de La Coruña, justo enfrente del portal de nuestra casa. El bar se llamaba así porque su dueño, como otros tantos, era un emigrante, en este caso un extraño emigrante porque Escocia no fue un destino muy habitual, que había regresado con unos ahorros que le permitieron tomar un traspaso y abrir una cafetería; el sueño habitual del emigrante medio de aquella época.

Y veo a mi padre y a otros parroquianos del barrio del Orzán allí acodados, opinando. Las intervenciones del inevitable contertulio que está, o dice estar, mejor informado que los demás. Y la frase lapidaria:

‑Todo lo demás, puede tratarse. Pero eso de las hemorragias en forma de melena, eso… eso sí que es grave.

Yo tenía trece años recién cumplidos. Escuché esa frase decenas de veces en esas horas. Y, sin embargo, jamás he encontrado ni una sola referencia médica que sustentase esa opinión. Yo, sin embargo, la creí durante muchos años, en los cuales pensé que eran esas heces con sangre en forma de melena las que lo habían causado todo.

También había gente que decía que, en realidad, lo que Franco tenía era cáncer. Un rumor casi inevitable en esas circunstancias.

De todas formas, sabemos por el doctor Pozuelo que aquel día Franco tuvo hambre. Llevaba ya días siendo alimentado mediante sonda. Se le dio leche fría. Las memorias del médico de cabecera no nos aclaran el por qué de la decisión, pero lo cierto es que ha sido un lugar común de la medicina, durante muchos años, que la leche era cojonuda para los estómagos que están hechos polvo. Al parecer, no es así.

Mientras Franco bebía leche fría y recibía los efluvios del manto del Pilar, el régimen celebraba los 42 años desde la fundación de Falange Española. El acto se celebra en el Consejo Nacional del Movimiento, con una típica división entre políticos y militantes. Igual que si hoy vamos a un mitin de un partido de izquierdas veremos cómo los asistentes levantan el puño mientras que los dirigentes fabrican gestos variados que les permitan no hacerlo, en aquel acto se vieron tantas camisas azules entre la audiencia como faltaron entre los miembros del gobierno (sólo hubo dos: la del ministro secretario general del Movimiento y el titular de Vivienda).

Cuando Solís cita en su discurso a Franco, el público estalla en una cerrada y larga ovación. Pero Franco no puede oírla. Y es la primera vez que le pasa.

Al final del acto, una mujer desde el público toma la palabra para decir, inopinadamente, que España es de Franco y que, en consecuencia, no ha de haber más sucesión que la de su nieto Cristóbal. Menos mal que era ella sola.

Otro valioso dato en un país que vive de la rumorología: los bomberos han estado en el palacio de las Cortes, instalando los cables que son necesarios para las colgaduras de las sesiones solemnes.

Ese mismo día 29 por la tarde comienza la lenta evacuación española del Sahara español. Se decreta allí el toque de queda para evitar acciones del Frente Polisario. El gobierno español recibe al secretario general de la ONU, el austriaco Waldheim. En ese momento, España está manteniendo conversaciones trilaterales con Marruecos y Mauritania. Error. Basta ver un mapa de la zona para darse cuenta de que hay un tercero en discordia. Un tercero que, además, es un país potente y con un régimen más prosoviético. Nos referimos, claro está, a Argelia. Para Argelia, la incorporación a Marruecos de la mitad norte del Sahara español supone multiplicar la frontera común, con lo que ello supone en la fabricación de una situación muy comprometida para el país, teniendo en cuenta que el as que siempre ha tenido Marruecos en la manga durante el último medio siglo ha sido su buena relación con Washington. Así pues, el día 30, como veremos pronto, los argelinos romperán la baraja.

Día 30. 13,48 horas.

A las 13,30 horas la evolución clínica de SE el Jefe del Estado desde el último parte ha sido la siguiente:

El estado general no ha sufrido modificaciones ostensibles.

Los signos de insuficiencia cardiaca congestiva son moderados y han desaparecido las extrasístoles ventriculares. La tensión arterial y la frecuencia del pulso son normales.

Se han seguido observando heces hemorrágicas en forma de melena.

La ascitis ha aumentado y ha aumentado la circulación colateral abdominal.

A las 22,30 horas de la noche se aprecia una micosis bucal que ha sido tratada por los doctores Lucas, tomás e Ibeas, habiéndose conseguido su control.

La situación continúa siendo grave.

Firmado: el equipo médico habitual.


Día 30, 20,30 horas.

La evolución clínica de SE el Jefe del Estado desde el último parte médico ha sido la siguiente: el estado general se mantiene.

No ha habido variación en el estado cardiocirculatorio.

La evolución del proceso trombótico abdominal persiste en sus manifestaciones clínicas. Se ha practicado una punción evacuadota de líquido ascítico.

El estado de gravedad continúa.

Firmado: el equipo médico habitual.



El martes día 30, el presidente Arias se dirige a la Zarzuela a despachar con el Príncipe. Todo el mundo en España en esas horas se hace lenguas sobre si Franco está consciente o gagá. No obstante, lo más probable es que a Arias este matiz le preocupe poco; para él lo importante es que lo que tiene entre manos no se puede tratar con un anciano que tiene el vientre lleno de líquido ascítico, el peritoneo como un balón de fútbol, el corazón bailando la lambada, un tubo en la tráquea y una sonda que le entra por el pene.

Argelia ha dicho no. Ha dejado claro que, en primer lugar, no aceptará, respecto del Sahara, más decisiones que las de la ONU (gambito inteligente, pues la ONU es un club en el que su primo de Zumosol, o sea Moscú, tiene derecho de veto); y que, por su parte, no está dispuesta a aceptar más solución para el Sahara que la autodeterminación. Afirma, además, que todo esto es para el presidente Bumedian y su gobierno un casus belli o, lo que es lo mismo: si hay que dar hostias, se dan. Para que a Madrid no le quede la menor duda de lo serio de la reconvención, han enviado al ministro de Asuntos Exteriores, Abdelghani, con el recado.

Argelia, pues, se carga el montaje de Arias-Solís-Carro, el equipo negociador habitual que sustituyó al autonomista Cortina Mauri. A partir de ese día, las ilusiones de poder llegar a un acuerdo a tres con Marruecos y Mauritania se han ido al carajo.

Es difícil hacer conjeturas sobre la conversación del día 30. ¿Fue Arias quien sacó el tema del artículo 11 de la Ley Orgánica del Estado, o fue el Príncipe quien tuvo que porfiar para que así se hiciese? Sinceramente, creo que la posibilidad más plausible es la primera. Que Arias era franquista no lo duda nadie. Pero lo que era aquel día, por encima de todo, era un jefe de gobierno abrumado, sobrepasado por los acontecimientos, y necesitado de una cabeza joven y fuerte que diera sensación de estar sobre el tema y de contar con todos los resortes del poder.

Por lo demás, resulta difícil de sostener que el Príncipe no tuviese para entonces información suficiente sobre la situación y padecimientos de Franco como para tener claro que, tal y como él quería, aquél fuera a ser un viaje de no retorno, esto es, que el general jamás recuperaría lo que ahora cedía.

A las ocho de la noche de aquel día 30, el presidente Arias comunica al de las Cortes que, a causa de la enfermedad del jefe de Estado, se ha hecho uso del artículo 11 de la ley, procediendo al traspaso de poderes. Una decisión sobre cuya legalidad cabría incluso discutir un poco pues, que yo sepa, Franco no firmó ni un puto papel.

A unos cuantos kilómetros de Madrid, en la tranquila ciudad suiza de Lausana, un hombre dice adiós. Está cómodamente instalado en un hotel de estilo dieciochesco y, en sus tertulias, lo rodean hombres que llevan años a su lado: Eduardo Gualba, Jaime Miralles, Pedro Sáinz Rodríguez, José maría Pemán, Francisco Sitjá, José María Sanmartín… Desde esa mañana sabe que su hijo va a asumir el poder porque él mismo se lo ha contado. Pero es a las nueve y media de la noche cuando recibe la noticia de que Radio Nacional y Televisión Española han interrumpido sus emisiones para dar la noticia.

Si alguna vez hubo alguna posibilidad de llegar a reinar para este hombre, personaje poliédrico que sostuvo muchas opiniones durante su vida, no pocas de ellas contradictorias entre sí, a las nueve y media de la noche de Madrid de aquel 30 de octubre, se apagaron para siempre. El 30 de octubre de 1975, el Libro de la Historia de España volteó la última página en la que está escrito su nombre.

Las radiografías que se le han practicado a Franco en aquel día muestran la presencia de aire en el peritoneo.

Día 31. 14,10 horas.

A las 13,30 horas la evolución clínica del Caudillo desde el último parte ha sido la siguiente:

El estado general no se ha modificado. No tiene fiebre. Conserva su lucidez habitual.

La frecuencia, el ritmo y la tensión arterial son normales. La evolución electrocardiográfica de su insuficiencia coronaria es favorable, aunque persisten signos de insuficiencia cardiaca congestiva. En la evolución escalonada de las complicaciones digestivas la hemorragia no se ha objetivado desde el último parte.

La ascitis persiste y del estudio del líquido extraído junto con el examen radiográfico abdominal se deduce la existencia de un proceso peritoneal inflamatorio. Su origen se considera debido a la desvitualización de la pared intestinal por su proceso venoso segmentario.

El pronóstico de SE sigue siendo grave.

Firmado: el equipo médico habitual.


Día 31, 20,55 horas.

A las 20,30 horas la evolución clínica de SE el Jefe del Estado desde el último parte es la siguiente: la situación clínica del Caudillo no ha variado sustancialmente en relación con el parte anterior.

El pronóstico sigue siendo grave.

Firmado: el equipo médico habitual.



El día 31 es viernes, ergo Consejo de Ministros. Ya lo presidirá el Príncipe que, no olvidemos, es aún Príncipe, pues de momento lo único que está haciendo es sustituir durante su enfermedad al hombre que, en su intervención frente al gobierno, califica de «figura insigne».

Lo primero que escucha Juan Carlos es un informe del vicepresidente del Gobierno y ministro de la Gobernación, José García Hernández. Informe en el que se viene a decir que desde la enfermedad de Franco el orden público se ha tranquilizado como por arte de magia. Aunque el arte de magia tiene más que ver con la instrucción dada en ese sentido por el PCE, que ha dado orden a su militancia de esperar y ver mientras Franco siga en la cama.

Con todo, el informe jodido es el de Cortina Mauri. Es el ministro de Asuntos Exteriores el encargado de informarle oficialmente al Príncipe de que Argelia ha rechazado un acuerdo entre España, Marruecos y Mauritania, y que ha pronunciado la palabra guerra a la hora de definir sus posibles acciones al respecto.

Eso sí, la Bolsa recibe al Príncipe con una subidilla de punto y medio. En las redacciones de muchos periódicos se retira a toda prisa de la edición un artículo del grupo Tácito, formado fundamentalmente por personas del régimen convertidas al democratismo reformador, que quiere ser su bienvenida al Príncipe como líder del Estado. Entre otras cosas, Tácito apuesta por un gobierno de concentración con integración de todas las fuerzas políticas con que el Príncipe piense contar en el futuro, y un amplio indulto para delitos políticos y de opinión. El gobierno hace saber a los periódicos que los que publiquen el artículo serán secuestrados.

Día 1 de noviembre, 20,45 horas.

El cuadro peritoneal inflamatorio clínicamente no ha progresado.

La ascitis no ha experimentado modificaciones. Se conserva la motilidad intestinal.

Durante todo el curso de su enfermedad no ha perdido la lucidez.

Firmado: el equipo médico habitual.



La parquedad informativa del día 1 de noviembre tiene posiblemente mucho que ver con el hecho de que el día es festivo, Todos los Santos. Sin embargo, la jornada del 1 de noviembre será de capital importancia porque a lo largo de esa jornada, el Príncipe, ostentando una jefatura del Estado que ya no abandonará, toma una decisión crucial; una decisión tomada en la tarde de aquel día 1, en su residencia, en el curso de una reunión con los jefes de Estado Mayor de los tres ejércitos. En el Sahara español se está desplegando la llamada Operación Golondrina, es decir la evacuación de civiles. Pero la oposición interna y, ahora, el grave problema internacional provocado desde que Argelia ha puesto pies en pared, supone un agravamiento.

Todo parece indicar la preocupación de Juan Carlos por pulsar el sentir del Sahara. Quizá valga, como síntoma de dicha preocupación, el dato de que una de las primeras personas que pisan la Zarzuela para visitar y despachar con el ya jefe del Estado sea el teniente general Fernández Vallespín, jefe del Alto Estado Mayor, órgano que es el máximo coordinador de la Operación Golondrina. El sentir parece compartido en el sentido de que buena parte de las cosas que están pasando se deben a la imagen de debilidad que está dando España, con un jefe del Estado agonizando en una cama. Nunca sabremos a ciencia cierta de quién fue la idea de dar un puñetazo encima de la mesa y demostrar que eso ya no es así. Lo que sí sabemos es que es en esa reunión en la que se fragua el viaje relámpago del Príncipe a El Aaiún, producido al día siguiente.

El día 1, además, se da a conocer en Nueva York, en la sede de las Naciones Unidas, el que se conocerá por Informe Waldheim, es decir el reporte elaborado por el secretario general después de su viaje por Marruecos, Mauritania, Argelia y España. El informe que el Consejo de Seguridad le reclamaba en esa resolución tan resolutiva que hemos visto hace ahora cosa de una semana. Tampoco es que sea muy valiente. Aboga por que no se haga nada que pueda incrementar la tensión en la zona (la novedad sería, digo yo, que un secretario general de la ONU pidiese lo contrario) y sugiere que el Sahara quede bajo control de Naciones Unidas mientras se resuelve el conflicto.

En el campo médico, el análisis del líquido ascítico que se le ha extraído al Caudillo muestra que es inflamatorio, así pues el enfermo está en plena peritonitis.

Día 2, 14,30 horas.

A las 13,30 horas, la evolución clínica de SE el Jefe del Estado durante las últimas 24 horas ha sido la siguiente: la situación del Generalísimo es superponible a la de ayer.

El estado general se mantiene, registrándose ligeras oscilaciones térmicas. Su nivel de consciencia sigue siendo bueno.

El estado cardiorrespiratorio permanece estable. El cuadro abdominal no ha sufrido variaciones ostensibles, sin aumentar las hemorragias. Ha progresado la ascitis. La motilidad intestinal continúa normal. El pronóstico no se ha modificado.

Firmado: el equipo médico habitual.


Día 2, 21,30 horas.

A las 21 horas la evolución clínica de SE el Jefe del Estado, desde el último parte, no ha experimentado modificaciones apreciables.

Firmado: el equipo médico habitual.



El día 2, festividad de Difuntos, es además domingo. Los madrileños peregrinan, unos a los cementerios y otros fuera de Madrid. Algunos de los que han abandonado la ciudad por algunas horas son, según algunas informaciones, elementos del equipo médico habitual; esto lo dice todo sobre lo anodino de la jornada en lo que a las molestias de Franco se refiere. Lo cual no resta importancia a la jornada.

El día 2 de noviembre es el día del viaje de Juan Carlos de Borbón a El Aaiún. Allí comparte con los soldados la jornada del domingo por la mañana y, aunque no hace grandes declaraciones ni anuncios, la visita tiene una alta función que, en gran parte, cumple. Se trata de señalar al mundo que en España hay ahora un poder fuerte, un poder además plenamente identificado con sus Fuerzas Armadas, y capaz de presentar batalla, si no bélica, sí, desde luego, política. Parece obvio que Juan Carlos de Borbón, consciente de que una de las funciones principales de un rey constitucional, si no la principal, es y será ser el capitán general de los ejércitos, ha leído la inquietud de las Fuerzas Armadas, y ha querido dejar claro que no están solas.

En el Círculo Recreativo de los Ejércitos de El Aaiún, el rey pronuncia las palabras justas:

«He venido para saludaros y vivir unas horas con vosotros. Conozco vuestro espíritu, vuestra disciplina y vuestra eficacia. Siento no poder estar más tiempo aquí, con estas magníficas unidades, pero quería daros personalmente la seguridad de que se hará cuanto sea necesario para que nuestro Ejército conserve intacto su prestigio y el honor.

España cumplirá sus compromisos y tratará de mantener la paz, don precioso que tenemos que conservar. No se debe poner en peligro vida humana alguna cuando se ofrecen soluciones justas y desinteresadas y se busca con afán la cooperación y el entendimiento entre los pueblos.

Deseamos proteger también los legítimos derechos de la población civil saharahui, ya que nuestra misión en el mundo y nuestra historia nos lo exigen.

A todos un abrazo y un saludo con el mayor afecto, ya que quiero ser el primer soldado de España».

Según el doctor Palma, el propio Príncipe le comentó a los médicos del equipo que, tras su viaje, Hassan II le había telefoneado para tranquilizarlo sobre la Marcha Verde y sus consecuencias. Es más que probable que esa llamada se produjese. Ahora, al frente de los destinos de España, y demostrando mediante el viaje que contaba con todos los resortes del poder, hay un hombre joven, no un anciano moribundo. Un hombre con excelentes relaciones en Occidente, fruto de sus viajes, por ejemplo a los Estados Unidos, que ha sabido cultivar en los últimos años. Y un hombre que, además, como se dice aún hoy, tiene excelentes puntos de contacto en eso que ha dado en llamar las monarquías árabes moderadas (aunque no se suele explicar moderadas en qué exactamente). Juan Carlos de Borbón tenía la capacidad de hablar con gentes que a Franco apenas le conocerían epidérmicamente. El viaje, y las gestiones que son seguridad conllevó, supusieron un evidente cambio de escenario para los marroquíes.

Las cosas que se empiezan a enderezar. Franco, como si lo supiera, está a punto de llegar al punto alto de uno de los picos de la montaña rusa en la que se ha convertido su vida.

Día 3, 14,10 horas.

A las 13,30 horas la evolución clínica de SE el Generalísimo durante las últimas 24 horas ha sido la siguiente:

Estado general y de consciencia similares a los de ayer.

La situación de su problema cardiocirculatorio continúa evolucionando favorablemente.

El síndrome digestivo sigue con pequeñas hemorragias. La motilidad intestinal es adecuada. La ascitis ha sido parcialmente evacuada.

El pronóstico sigue siendo el mismo.

Firmado: el equipo médico habitual.




Dice el doctor Palma, en sus memorias sobre la enfermedad de Franco, que las tres de la tarde fue siempre una hora jodida para Franco. El momento que solía escoger su cuerpo para encabronarse. El Caudillo no duerme bien pero en la mañana del día 3 de noviembre los médicos, que ya no pueden ser optimistas, están por lo menos tranquilos. Sin embargo, Franco duerme mal. Además, dice encontrarse mal, lo cual es todo un síntoma, porque su respuesta más normal, la que le ha dado a su mujer en días anteriores y le volverá a dar a los médicos más adelante, es «regular».

A las tres de la tarde, el cuerpo de Franco revienta. El enfermo comienza a sangrar por la boca, por el ano y por la nariz. La sangre sale a borbotones de su cuerpo, con tanto flujo que en poco tiempo las ropas de su cama están literalmente teñidas de rojo. Los médicos no saben qué hacer. Dos horas después de presentarse la hemorragia ya le han trasfundido al general dos litros de sangre, lo cual es una bestialidad; pero esos dos litros de sangre, junto con la que ya tenía dentro el enfermo, están ya básicamente empapando las ropas de la cama.

El doctor Pozuelo observa que el enfermo tiene dificultades para respirar, así pues mira en la faringe del enfermo. Lo que ve allí le aterra. Con cuidado, extrae de la garganta de Franco un coágulo, según afirma en sus memorias, del tamaño de un puño. Este tamaño tan grande le da la señal de que, cualquiera que sea la vía sanguínea que está rota dentro del cuerpo de Franco, es enorme. En realidad, la hemorragia está obstruyendo la sonda, así pues los médicos tienen que sacar los coágulos de la boca con los dedos.


Día 3, 20,30 horas.

A las 20,30 horas la situación de SE el Generalísimo continúa siendo gravísima, insistiéndose en el tratamiento intensivo.

Firmado: el equipo médico habitual.



Los médicos, con más que probables disensiones que no creo que conozcamos nunca con precisión, deciden operar. En realidad, hay dos posibilidades. Una es llevarlo a La Paz, ciudad sanitaria que está muy cerca de El Pardo, así pues se puede llegar pronto y es, además, el centro hospitalario probablemente mejor dotado de España en ese momento; y la otra posibilidad es operar en la residencia sanitaria Francisco Franco, donde es médico el doctor Hidalgo Huerta, principal cirujano de la partida, y que es normal que quiera jugar ese partido en casa, en sus instalaciones, con su gente. Pero ninguna de esas dos opciones será la final.

Como bien saben los que de esto hayan leído algo, Franco será operado en unas instalaciones de su Guardia, utilizadas como almacén. Se ha dicho que esto fue así por la urgencia de la operación, es decir la gravedad del herido. Sin embargo, la información que nos aporta el doctor Palma es distinta. Según él, quien forzó la operación en aquel lugar tan poco propicio fue Manuel Llaneras, el jefe de seguridad de El Pardo, el cual se negó a un traslado tan precipitado del Caudillo a ningún dentro hospitalario por no ser capaz de garantizar su seguridad. Fue, por lo tanto, el miedo a que el moribundo sufriese un atentado el que obligó a los médicos a trabajar en condiciones deplorables.

Lenta, muy lentamente, se saca a Franco de su habitación en el segundo piso, según algunas versiones en una camilla y según otras en una alfombra, aunque lo que es claro es que, sea lo que sea donde se le transporta, está empapado de sangre. El doctor Castro Guirao, al parecer el más cachondo metal de todos ellos, llevaba varios días intentando desarrollar algún artilugio para poder trasladar cómodamente al enfermo; artilugio que no se recata en llamar, incluso delante de doña Carmen Polo, el portafrancos. Sin embargo, aquella urgencia le pilla sin haberlo terminado. Así pues, Franco es llevado malamente, con mucho cuidado, y bajado en el ascensor. Por el pasillo y el propio ascensor quedarán un montón de manchas de sangre que serán las que vean los parientes del Caudillo cuando lleguen a eso de las seis y media, sin saber muy bien lo que está pasando.

Mientras lo trasladan, Franco dicen que dice su famoso «Dios mío, qué duro es esto», frase que revela muy bien sus padecimientos. También dice: «por favor, déjenme ya».

Diversos coches del Ejército de Tierra van a La Paz y, una vez allí, se llevan aparatos a El Pardo metidos en los maleteros, habitualmente abiertos porque el tamaño de la carga impide cerrarlos.

A las nueve de la noche, Franco tiene una tensión y un pulso cercanos a cero. El marqués de Villaverde ya ha decidido que se va a operar en cuanto las condiciones lo hagan posibles pero, como sabe cualquier médicos, ésas no son condiciones factibles para una operación. Sin embargo, a las nueve y media Franco, en otra evolución que parece milagrosa, mejora lo suficiente como para que se le pueda operar.

Nada más colocar a Franco en la mesa de operaciones, la hemorragia a lo bestia recomienza.

En el curso de la operación, en la que se producen dos paros cardiacos que son perfectamente controlados por los médicos, se extraen cinco litros de sangre coagulada sobre el hígado. La compañía eléctrica ha reducido la luz en los alrededores para prevenir una subida de tensión que pueda dejar el quirófano a oscuras. Los médicos, por lo demás, comprueban fehacientemente que no hay cáncer en el sigma, una de las sospechas que se han llegado a manejar. Pero es el único dato mínimamente positivo. Lo que encuentran los cirujanos al abrir a Franco es un peritoneo purulento, casi pútrido, en el que en las jornadas anteriores se han ido acumulando deshechos del cuerpo procedentes del intestino; se le extraen hasta siete litros de líquido ascítico. El estómago, enormemente hinchado, ocupa toda la cavidad abdominal, y guarda en su interior un enorme coágulo de dos kilos de peso y cuatro úlceras que será necesario suturar; coágulo que, sin embargo, ha hecho algo bueno por el enfermo, pues estando ahí, y siendo tan grande, ha acabado por presionar sobre la arteria gastroepiploica izquierda, que es la que ha reventado. La operación, que dura en total las dos horas y media que van desde las nueve y media y las doce, sirve para suturar esa rotura. Pero hay un dato especialmente grave. «Adiós riñón», musita, si hemos de creer al doctor Palma, el doctor Vital Aza. Y es cierto. No hay diuresis. Aunque durante días los partes médicos ocultarán elegantemente esta realidad a los españoles, ya en el día 3 de noviembre, el riñón de Franco ha dejado de funcionar. Lo cual equivale a decir que ya desde el día 3 de noviembre, quienes conocen la situación real de Franco saben que su muerte es ya sólo cuestión de tiempo, y no mucho.

Durante la operación, Franco recibe ocho litros de sangre donados a toda prisa por guardias civiles que prestan servicio en El Pardo. Hay testimonios de que se hicieron fotos de las vísceras del general durante esta operación. Palma, sin embargo, estaba presente y no dice nada de ello. Esas fotos, en todo caso, nunca se han visto.

Nadie, por lo demás, cree que un anciano de 82 años vaya a ser capaz de aguantar esa operación y sobrevivir. Sus oportunidades se estiman en el 1%. Pero Franco sobrevivirá, y algunos pensarán que será algo milagroso.

Monseñor Cantero Cuadrado, como ya hemos dicho, es uno de los miembros del Consejo de Regencia y, por si es necesario su concurso como tal, ha abandonado su sede zaragozana a toda hostia camino de Madrid. Pero antes de eso ha propuesto, al parecer con la aprobación entusiasta de los fieles, que el manto que cubre a la virgen del Pilar, cuya festividad es también la del Día de la Hispanidad o de la Raza como se llamaba entonces, sea llevado a los pies del Caudillo.

Existen testimonios de que Franco recibió el manto con consciencia e incluso lo besa. Y luego está el dato: la noche en que tenía que morir, no murió. El doctor Palma considera que el asunto del manto virginal no fue del todo ajeno a dicha resistencia posoperatoria. En cualquier caso, el asunto dio pábulo a la historia del milagro, aunque también cabe apostar por el simple error clínico que habría diagnosticado una dolencia mortal que, en realidad, el enfermo no tenía.

Hay una persona que no pudo seguir estas vicisitudes todo lo cerca que hubiera querido. Esa persona es el presidente Carlos Arias. El día 3 de noviembre, con seguridad hubiera preferido estar en El Pardo, esperando el resultado de la operación, más tiempo del que estuvo. Pero tenía que permanecer en su despacho de Castellana, 3. Y es así porque aquel 3 de noviembre, el otro gran suceso, además de la gravísima hemorragia del Caudillo, fue la llegada a Madrid del primer ministro de Marruecos, Ahmed Osman. Los ministros Pedro Cortina y Antonio Carro han pasado la tarde dialogando con él. A eso de las nueve de las noches se les une Arias.

La información no llega hasta la madrugada, momento en que el jefe de la Casa Civil del Caudillo, Fuertes de Villavicencio, se lo dictará al ministro León Herrera desde El Pardo (lo cual explica que coloquemos este parte, que cronológicamente pertenece al día 4, en la crónica del día 3):



Día 4, 2,30 horas.

A las 15 horas del día 3 de noviembre, SE el Jefe del Estado presentó un cuadro caracterizado por inquietud, palidez e hipotensión con dolor intenso interescapular y significativos signos electrocardiográficos de insfuciencia coronaria y respiración periódica. Se inicia un cuadro hemorrágico digestivo que conlleva a una hemorragia gástrica masiva incohercible. Ante el fracaso de la terapéutica conservadora, se decide la intervención quirúrgica.

A las 21,30 la intervención fue practicada por el profesor M. Hidalgo Huerta, con la colaboración de los doctores Cabrero Gómez y Artero Guirao, en el quirófano del regimiento de la guardia de El Pardo, previamente acondicionado. El equipo de anestesia y reanimación estuvo integrado por los doctores Llauradó, María Paz Sánchez y Fernández Justo.

En la intervención se objetivó la existencia de una úlcera gástrica aguda, localizada en la parte anterior del estómago, próxima a la curvatura mayor en la región inicial del fundus, que al interesar la arteria gastroentatoica izquierda, era responsable del cuadro hemorrágico actual. Se comprobó asimismo la existencia de dos erosiones de la mucosa gástrica al nivel del antro. Por vía intragástrica, se practicó sutura oclusiva de la úlcera sangrante y arteria acompañante, comprobándose la cesación de la hemorragia. Asimismo fueron suturadas las dos erosiones no sangrantes de la mucosa antral.

La intervención fue bien tolerada con esporádicas alteraciones electrocardiográficas severas, que fueron controladas satisfactoriamente por el grupo cardiológico que colaboró durante el acto quirúrgico. La operación finalizó a las 12,30 de la noche, trasfundiéndose un total de 7,5 litros de sangre.

A las 1,00 horas del día 4 de noviembre, en el momento de redactar este parte, las constantes vitales de SE el Jefe del Estado están normalizadas.

El pronóstico es muy grave.

Firmado: el equipo médico habitual.


Fue una de las noches más largas de la Historia de España. En aquel entonces, la televisión española, que era la única, terminaba sus emisiones a eso de la medianoche con el himno de España y una serie de imágenes de Franco. Pero aquella noche prolongó sus emisiones. En las Cortes, miembros del Consejo del Reino están pendientes de la misma a la espera de información, aunque a la una les ha llamado Rodríguez de Valcárcel desde El Pardo para decirles que todo ha ido bien y que se pueden ir a dormir si lo desean.

A eso de la una y cuarto de la madrugada, la marquesa de Villaverde baja del segundo piso e informa a las personas que están en la primera planta de que Franco ha despertado de la anestesia, pero que mira con ojos de alucinado, como de no saber ni quién es, ni qué la ha pasado, ni dónde está.


Día 4, 13,30 horas.

A las 13,30 horas del día de hoy la situación clínica de Su Excelencia el Generalísimo es la siguiente:

El curso postoperatorio se está desarrollando sin incidentes. Sus constantes de pulso, temperatura y respiración son normales.

La diuresis se está manteniendo.

La ascitis, evacuada durante el acto operatorio, en una cantidad aproximada de seis litros, se ha recidivado ostensiblemente.

El estado cardiovascular evoluciona favorablemente sin que se hayan objetivado nuevas alteraciones clínicas y electrocardiográficas.

El pronóstico sigue siendo grave.

Firmado: el equipo médico habitual.



Día 4, 20, 30 horas.

A las 20,30 horas del día de hoy la situación clínica, desde el último parte, es la siguiente.

Continúa evolucionando con toda normalidad el curso postoperatorio sin alteración en las constantes con tendencia a la regularización de los exámenes analíticos. La diuresis persiste en niveles de estabilización tanto en su ritmo como en su continuidad. La ascitis se ha incrementado en forma moderada. No ha habido anormalidades en la evolución del proceso cardiaco. Han aparecido signos de tromboflebitis del sector femoroilícaco izquierdo, que fue utilizado para la introducción de un catéter para control continuo de la presión venosa central y perfusiones terapéuticas.

El pronóstico no ha variado.

Firmado: el equipo médico habitual.


En los partes del día 4 se aprecia una voluntad clara de ser todo lo positivo que la situación putomiérdica del enfermo permite. Hay admisiones claras, de todas formas, como la repetición de la ascitis; pero, al mismo tiempo, se utilizan expresiones lo suficientemente imprecisas, además de lenguaje técnico, que permitan obviar algunas de las situaciones peores, como que el riñón del general se haya ido a la mierda. De todas formas, la mala, mala noticia del día 4 es la reaparición de los síntomas de tromboflebitis.

A mediodía del día 4, Franco está algo más consciente, lo suficiente como para intercambiar algunas palabras (no sabemos cuáles) con su mujer y con su hija. Según el doctor Pozuelo, se quejaba amargamente de dolores y, sobre todo, de las molestias que le causaba el intubamiento.

El día 4, Ahmed Osman sale de España, haciendo unas declaraciones en Barajas que hacen dudar si este marroquí no será nacido en Galicia: «La Marcha Verde continuará y las negociaciones entre España y Marruecos también. La marcha no imposibilita las negociaciones y las negociaciones no impiden la marcha. Nosotros esperamos que todo salga bien».

Lo mejor de todo, la coda final. Noticia habría sido que dijera «rogamos cada día al Altísimo para que todo salga de puta pena».

Día 5, 14,17 horas.

A las 13,30 horas, la evolución clínica ha sido la siguiente:

El postoperatorio continúa su curso con las incidencias señaladas en el punto anterior.

En previsión de complicaciones pulmonares, secundarias a la hemorragia digestiva, se ha solicitado la colaboración del coronel médico don Luis Álvarez-Salas Moris.

La ascitis persiste. Aunque mantiene una diuresis aceptable, las cifras de urea se han elevado.

El proceso cardiaco sigue una evolución favorable.

La tromboflebitis del muslo izquierdo continúa su evolución.

El pronóstico sigue siendo grave.

Firmado: el equipo médico habitual.


Día 5, últimas horas de la tarde.

A las 20,30 horas la evolución clínica ha sido la siguiente:

El estado general del postoperatorio se mantiene.

El aumento de las cifras de urea en sangre ha aconsejado iniciar una diálisis peritoneal bien tolerada.

No ha habido incidencias cardiacas ni respiratorias.

La tromboflebitis del muslo izquierdo permanece estacionaria.

El pronóstico no se ha modificado.

Firmado: el equipo médico habitual.


El día 5 es un muy mal día para Franco. Las luces comienzan a apagarse, incluso dando la sensación de estar coordinadas. Los análisis muestran un incremento de la urea que viene a demostrar el turbio diagnóstico del doctor Vital Aza: la diuresis de Franco es ya prácticamente inexistente, motivo por el cual es necesario abordar la diálisis perotineal. El enema que se le practica muestra, además, coágulos y heces negras, síntoma más que sobrado de que el estómago ha sangrado de nuevo; algo que ya temían los propios médicos, quienes habían pensado que sería difícil que, en un hombre tan mayor y al que además se le administran anticoagulantes, las suturas fuesen a cerrar bien.

En el líquido ascítico que se le sigue extrayendo aparecen bacterias como la Entrobacter y la Clostrydium. Como no soy médico ni bioquímico, no puedo dar más datos.

Con todo, el día 5 pasan cosas mientras que el estado del Caudillo se agrava. Es la jornada en la que el rey Hassan II mira las cartas que tiene en la mano y sopesa las que tiene su oponente español. Ciertamente, la estrategia marroquí ha quedado seriamente tocada tras la demostración de fuerza, unidad y decisión que ha dado el Príncipe con su viaje al Sahara. Así pues, Hassan sabe ya en ese momento que su idea primaria, que era haber resuelto el problema entre España, Marruecos y Mauritania, es ya un fracaso. Desde la ONU, tras estos hechos, los mensajes han sido claros a favor de una suspensión de la Marcha Verde. Pero Hassan tiene miedo. Después de haber embarcado a 300.000 personas en una historia así, si ahora les dice de buenas a primeras que se den la vuelta, puede que lo hagan, pero para darle de hostias, y lo sabe. Por eso ha enviado al primer ministro en la jornada en que Franco es operado. España trata de quitarse de encima el merdé del Sahara de la mejor forma posible. Pero, por su parte, Marruecos también está buscando una salida honrosa que salve su real culo.

Dado que esa solución de compromiso es imposible, o si es posible nadie la encuentra, el rey Hassan anuncia aquel 5 de noviembre la reactivación de la Marcha Verde. Así pues, los caminantes salen de la línea de Tarfaya, aunque no encontrarán al ejército español, porque éste se ha retirado unos diez kilómetros para crear una tierra de nadie en la que los marroquíes puedan evolucionar. Pero cada paso que da la Marcha la acerca más a los campos minados, y allí puede pasar cualquier cosa. El general español en la zona, Gómez de Salazar, lo puede decir más alto, pero no más claro: «la Marcha Verde no avanzará ni un metro más» de las posiciones españolas.

Día 6, 13,30 horas.

A las 13,30 horas, la evolución clínica ha sido la siguiente:

El curso postoperatorio continúa con normalidad, en lo que se refiere a las manifestaciones normales y mantenimiento de las constantes de presión y temperatura. Hay claros indicios de reanudarse la motilidad intestinal.

La diálisis peritoneal continúa con buena tolerancia.

Ha comenzado a disminuir la cifra de urea.

El estado del corazón se mantiene estable, aunque ocasionalmente han registrado alteraciones del ritmo.

La situación pulmonar es normal.

La tromboflebitis del muslo izquierdo sigue su evolución.

El pronóstico sigue siendo grave.

Firmado: el equipo médico habitual.


Día 6, 20,30 horas.

A las 20,30 horas, la evolución clínica ha sido la siguiente:

No ha habido variaciones ostensibles desde el último parte.

El pronóstico sigue siendo el mismo.

Firmado: el equipo médico habitual.



El 6 es un día anodino desde el punto de vista médico. Pero sólo desde ese punto de vista. A las 11 de la mañana, hora peninsular, las tropas españolas divisan cuatro camiones que llegan por la carretera de Tah a El Aaiún. Los vehículos se detienen a cien metros de la primera alambrada, que delimita un campo de minas. Detrás vienen los más de 300.000 marchadores. La Marcha no se parará hasta última hora de la tarde, en la que cae una tormenta de arena; pero aún no han intentado sobrepasar la línea trazada por el ejército español. Según la nota del Estado Mayor español, se han parado en el borde norte de la Sebja de Un-Deboa, a unos nueve kilómetros al sur del antiguo puesto aduanero de Tah.

En Argel, el presidente Bumedian ha movilizado a su ejército. En Madrid, el presidente Arias recibe al diplomático francés Lewin, enviado de Kurt Waldheim y, desbordado, solicita oficialmente que la ONU se haga cargo del Sahara.

¡Noticia bomba! ¡El Consejo de Seguridad de la ONU está despierto! Se aprueba una resolución de urgencia, que textualmente, dice que el Consejo:

«1.- Deplora la realización de la marcha.

2.- Insta a Marruecos a que retire inmediatamente a todos los participantes en la marcha del territorio del Sahara Occidental.

3.- Insta a Marruecos a todas las demás partes afectadas e interesadas a que, sin perjuicio de cualesquiera medidas que la Asamblea General pueda adoptar en virtud de las disposiciones de su resolución 3.292 (XXIX) y de cualesquiera negociaciones que las partes afectadas e interesadas pueden entablar, de conformidad con el artículo 33 de la Carta, cooperen plenamente conel secretario general con el cumplimiento del mandato que le ha confiado el Consejo de Seguridad.»

¡Qué lenguaje preclaro! ¡Qué estilo imperativo! Es uno de esos comunicados que, nada más leerlo, entran ganas de obedecerlo. Como casi todos los que alumbra la ONU.

Los periódicos del día 7 presiden sus primeras planas con el asunto del Sahara. Es la primera vez que la enfermedad de Franco se ha convertido en plato informativo de segunda mesa.

Día 7, 13, 30 horas.

A las 13,30 horas, la evolución clínica es la siguiente:

Después del último parte, la situación postoperatoria de SE el Generalísimo ha experimentado la incidencia de la aparición de una hemorragia digestiva de cuantía limitada, que motivó un descenso tensional moderado y pasajero que fue controlado mediante la administración de sangre. La motilidad intestinal se ha restablecido.

La función renal se ha deteriorado, con disminución de la diuresis, y en la mañana se ha iniciado una segunda diálisis peritoneal.

El estado cardiorrespiratorio no ha sufrido modificaciones.

No se objetivan signos de insuficiencia cardiaca congestiva y han desaparecido los trastornos del ritmo.

El curso clínico de su tromboflebitis de muslo izquierdo indica que el proceso tombótico inicial no ha progresado.

Mantiene su nivel de consciencia.

El pronóstico no se ha modificado.

Firmado: el equipo médico habitual.



Ya en la mañana del día 7 (el parte que acabamos de copiar reproduce la situación del enfermo más o menos a las 8,30 de la mañana), los médicos saben que hay nuevas hemorragias, aunque, por lo que he podido leer, están probablemente más preocupados por los niveles de urea que por otra cosa. En horas, sin embargo, les pillará el toro.

En algún momento del mediodía del 7, probablemente en torno a las 13 horas, se produce una nueva hemorragia masiva por boca y nariz, en la que acumulan de nuevo coágulos en boca que la sonda no puede gestionar. La situación es enormemente parecida a la de la operación del día 3, sólo que esta vez el equipo médico no se arredra con chorradas. Bajan al enfermo, lo meten en la ambulancia, y se presentan en La Paz, donde ya desde hace días se están preparando cosas para un traslado.

Franco sufrirá esa tarde su segunda operación. Tiene 82 años, Parkinson, ha perdido ya más de veinte kilos desde que se le declarara la presunta gripe, ha recibido litros y litros de sangre ajena y hasta ha sido operado en un quirófano que horas antes de ser un quirófano era un trastero polvoriento. Y, sin embargo, sobrevivirá también a esta intervención.

Todo ello, a pesar de que lo se encuentran los médicos al abrir son unos intestinos de los que se ha ido todo trazo de vida y un peritoneo extraordinariamente infectado. El estómago, de nuevo, está lleno de sangre y de coágulos procedentes de las cuatro úlceras suturadas el día 3, las cuales se han abierto junto con otras once nuevas. Esto es lo que fuerza a los médicos a practicar la extirpación parcial del estómago; una técnica que, al parecer, se llama o se llamaba Billroth 1.

Los riñones de Franco, para entonces , ya no funcionan. Y los electrocardiogramas muestran cambios de ritmo que hasta entonces no se habían observado.

Cuando era trasladado, algunos creen entender que Franco musita: «Dios mío, cuánto cuesta morir».

Cuanto termine la operación, Franco habrá recibido en apenas unos días sangre suficiente como para renovar la totalidad de la de su cuerpo seis veces. Ni Howard Hughes en lo peor de su esquizofrenia alcanzó niveles así.

El Caudillo despierta de la anestesia a eso de las tres de la madrugada. No es capaz de hablar, pero sus quejas son constantes. Tiene dolores muy intensos. A base de meterle calmantes en vena, lograrán adormecerlo.


Día 7, horas después.

A las 15,30 horas, ante el aumento grave de la hemorragia gástrica aludida en el parte anterior y a su falta de respuesta al tratamiento médico, se decidió una nueva intervención quirúrgica. Para ello, SE el Jefe del Estado fue trasladado a la Ciudad Sanitaria de La Paz, donde fue intervenido seguidamente por el profesor M. Hidalgo Huerta, con la colaboración de los doctores Serrano Martínez, Cario y Sagrario Padilla. El equipo de anestesia y reanimación estuvo constituido por los doctores Llauradó, María Paz Sánchez y Francisco Fernández. La vigilancia de las constantes cardio-respiratorias durante la intervención estuvo a cargo de los doctores Vital Aza, Mínguez y Palma.

En la operación se demostró la existencia de nuevas y múltiples ulceraciones en el estómago que sangraban profusamente. Por este motivo se procedió a la resección gástrica subtotal.

La intervención, que duró cuatro horas, requirió la administración de cinco litros seiscientos mililitros de sangre. Todo ello fue bien tolerado.

En el momento de la redacción de este parte, a las 21,00 hgoras, las constantes están dentro de los límites de la normalidad.

El pronóstico es muy grave. Mañana, a las nueve horas, se dará un nuevo parte médico.

Firmado: el equipo médico habitual.



Coincidiendo con la nueva operación de Franco a vida o muerte, otros 250 camiones se incorporarán a la Marcha Verde. El Estado Mayor del Sahara reporta que el campamento de los marchadores ha alcanzado ya «enormes proporciones». Pero no se registran incidentes. Ese mismo día viaja a Agadir el ministro de la Presidencia, Antonio Carro, quien se entrevista con el rey y el primer ministro marroquíes.

Día 8, 8,30 horas.

A las 8,30 horas, la evolución clínica es la siguiente:

Ha pasado la noche dormido. Ha despertado de la anestesia a las tres de la mañana y se ha procedido a sedarle para evitar dolores.

Desde el último parte las constantes se han mantenido normales.

Desde el comienzo de la intervención quirúrgica de ayer hasta el momento del parte actual se han trasfundido siete litros y doscientos mililitros de sangre.

Al final de la intervención quirúrgica se implantó en el antebrazo derecho un cortocircuito arteriovenoso para la práctica de hemodiálisis.

El proceso tromboflebítico del muslo izquierdo sigue estacionario.

El pronóstico sigue siendo el mismo.

Firmado: el equipo médico habitual.


En el primer parte del día 8 aparece ya la palabra hemodiálisis. Es imposible ya mantener por más tiempo la ocultación. La anemia del enfermo es galopante y se hace necesario el tratamiento. El tema de discusión es qué pasará si hay nuevas hemorragias. Se dice que en el equipo médico hay facultativos partidarios de no volver a intervenir.


Día 8, 13,30 horas.

A las 13,30 horas, la evolución de la enfermedad ha sido la siguiente:

Continúa el curso estable en el postoperatorio de SE el Generalísimo en la Ciudad Sanitaria la Paz de la Seguridad Social, tanto en las presiones arteriales como en el pulso y temperatura a las catorce horas de la intervención.

Durante la mañana se ha establecido una tercera sesión de diálisis peritoneal para tratar su insuficiencia renal por el doctor L. Sánchez Sicilia.

No ha habido modificaciones en su proceso cardiológico.

El cuadro tromboflebítico de muslo izquierdo no ha progresado.

El pronóstico sigue siendo el mismo.

Firmado: el equipo médico habitual.


Día 8, 21,30 horas.

A las 21,30 horas, la evolución de la enfermedad es la siguiente:

Persiste la situación postoperatoria sin incidencias, conservándose las constantes en forma similar al parte anterior. El estudio macroscópico de la pieza operativa realizado por el doctor Contreras informa como dato preliminar de la existencia de once ulceraciones sangrantes agudas y focos petequiales diseminados en la mucosa. Desde las once horas continúa con la diálisis peritoneal como parte del tratamiento de su insuficiencia renal. La situación cardiológica permanece estable.

El proceso tromboflebítico del muslo izquierdo continúa en la misma situación. A las veinticuatro horas de la operación, realizada en el día de ayer, no se ha evidenciado ningún dato de hemorragia. El pronóstico sigue siendo grave.

Firmado: el equipo médico habitual.



Día 9, 13,45 horas.

A las 13,30 horas la evolución de la enfermedad de SE el Jefe del Estado, hospitalizado en la Clínica Sanitaria de La Paz de la Seguridad Social, es la siguiente:

El postoperatorio de Su Excelencia sigue su curso positivamente, tanto en su sintomatología local como en sus constantes básicas de pulso, presiones arterial y venosa y temperatura.

Continúa la diálisis peritoneal, habiéndose comprobado su eficacia en el control analítico de la mañana.

Cardiológicamente, no se ha registrado ninguna incidencia.

El pronóstico sigue siendo el mismo.

Firmado: el equipo médico habitual.


Día 9, 21 horas.

A las 21 horas, la evolución de la enfermedad ha sido la siguiente.

El estado postoperatorio de SE el Generalísimo es semejante al comunicado en el parte anterior. No ha habido modificaciones en las constantes de pulso, presiones y temperaturas. La exploración abdominal corresponde a las horas transcurridas desde el momento de la operación.

La diálisis peritoneal prosigue su curso.

La situación cardiorrespiratoria no ha experimentado modificaciones desde el último parte.

La tromboflebitis sigue estabilizada.

El pronóstico sigue siendo el mismo.

El próximo parte médico será facilitado a las 13,30 horas del lunes día 10.



Los atentos lectores de estas notas quizá se hayan dado cuenta de que no pocos de los días más anodinos desde el punto de vista clínico vienen a coincidir con jornadas intensas desde otros puntos de vista. El día 9 de noviembre confirma esta regla.

Para Franco, es un día más de transición sufriente. Se queja repetidamente, como ya ha hecho en jornadas anteriores, de lo mucho que le molesta la intubación. Sin embargo, ese día 9 es el último en el que pasará algo de tiempo sin el tubo que tanto odia. En la madrugada ha tenido una nueva hemorragia, de carácter menor. Preguntado por los médicos sobre su situación, contesta con su habitual, y muy galaico, «regular». Esta palabra será la última que pronuncie en su vida. Inmediatamente después, tendrá un acceso de tos que obligará a su intubación. Intubación que ya sólo se le retirará, 11 días después, para proceder a su embalsamamiento.

Pero lo importante del día 9, lo que tiene a todos los españoles pendientes de la televisión y de la radio, es la visita del ministro de la Presidencia, Antonio Carro, a Agadir. Dicen que Carro es el más reformista del reformista gobierno Arias, un hombre para el diálogo. En Agadir, como hemos dicho, se entrevista con el rey y con varios de sus ministros. Y, finalmente, arranca la petición buscada: la detención de la Marcha Verde. Lo que no sabemos muy bien, al menos yo no lo sé, es a qué precio. Lo que sí sabemos es que el rey Hassan, en la alocución en la que da la orden de marcha atrás, afirma que la Marcha Verde «ha logrado todo lo que nosotros y nuestros amigos esperaban de ella».


Día 10, 13,30 horas.

A las 13,30 horas, la evolución de la enfermedad ha sido la siguiente:

El postoperatorio de SE el Generalísimo sigue progresando sin incidencias. Se ha iniciado la motilidad intestinal. Se ha retirado la sonda de aspiración gástrica.

El diagnóstico histológico del fragmento gástrico extirpado, realizado por el doctor F. Contreras, es: segmento gástrico con once ulceraciones agudas superficiales, congestión vascular y focos petequiales múltiples (gastritis aguda erosiva). Estado postgastronomía con sutura continente.

La diálisis peritoneal continúa sin dificultades técnicas y con eficacia comprobada en las cifras analíticas.

La situación cardiorrespiratoria se mantiene estable.

La tromboflebitis del muslo izquierdo no se ha modificado.

Pronóstico sin variaciones.

Firmado: el equipo médico habitual.



Día 10, 20, 30 horas.

A las 20,30 horas, la evolución de la enfermedad ha sido la siguiente:

El postoperatorio sigue su curso con normalidad.

A las 18 horas se ha suspendido la diálisis peritoneal y se ha iniciado la primera sesión de hemodiálisis con riñón artificial que está siendo bien tolerado.

Se han objetivado transtornos del ritmo cardiaco, que han sido fácilmente corregidos.

La buena evolución ventilatoria pulmonar, y su estado de consciencia, han permitido la retirada del tubo endotraqueal a primera hora de la tarde.

La tromboflebitis de muslo izquierdo continúa inalterada.

Firmado: el equipo médico habitual.



El día 10, un día que quiere ser anodino dentro de un posoperatorio, es el día que se empieza con la diálisis artificial, es decir cuando Franco queda ya definitivamente enganchado al riñón artificial, que le mantendrá levemente engarzado con la vida durante diez días. Ha sido necesario pasar a la diálisis artificial después de que los médicos hayan esperado inútilmente en el día anterior que orinase algo. Este día, en todo caso, se le retira a Franco el respirador endotraqueal que se le había colocado con el posoperatorio.

Unos bajan, y otros suben. El día 10, lunes, es también el primero en el que el que será rey de España (aún no lo es) se da el primer baño de juancarlismo. Para cuando salen los periódicos vespertinos, los primeros que salen los lunes, el fin de la Marcha Verde es visto ya, de forma unánime, como una victoria personal de Juan Carlos de Borbón. Todo el mundo destaca el acierto de su viaje relámpago y la confianza que ha generado en la persona del Príncipe entre los elementos más sobresalientes del Ejército. Oro molido para Juan Carlos, quien para entonces ya tiene más que pensada la transición, o por lo menos la parte que le toca, y sabe que es impracticable si los militares se ponen de canto.


Día 11, 13 horas.

A las 13 horas la evolución clínica ha sido la siguiente:

El curso posoperatorio abdominal continúa sin incidencias locales.

La insuficiencia renal se sigue tratando con hemodiálisis.

Desde el punto de vista de sus procesos cardiovasculares, corazón y tromboflebitis, no han aparecido modificaciones.

En bases pulmonares han aparecido pequeños focos de congestión y edema que están siendo tratados.

El pronóstico sigue siendo el mismo.

Firmado: el equipo médico habitual.


Día 11, 20, 30 horas.

El postoperatorio sigue sin modificaciones. La sesión de hemodiálisis del día de hoy ha terminado satisfactoriamente. En el curso de sus problemas cardiocirculatorios se han observado esporádicos transtornos de ritmo.

La tromboflebitis del muslo izquierdo se mantiene sin modificaciones. La imagen radiográfica pulmonar muestra ligeros signos de regresión después de haber permanecido sentado en un sillón durante una hora, recibiendo fisioterapia respiratoria.

El pronóstico no ha variado.

Firmado: el equipo médico habitual.



Los partes, algo anodinos, del día 11, esconden sin embargo alguna novedad mayor. Lo cierto es que el día 11, Franco ha comenzado a mostrar síntomas de bronconeumonía. Ha tosido y escupido esputos de sangre y pus, situación ésta que es la que aconseja a los médicos pasarlo una hora a la butaca. Vicente Pozuelo nos informa de que, en este acto de sentarle, Franco se muestra muy nervioso, inseguro; parece ser que es entonces cuando se da perfecta cuenta de que no está en El Pardo sino en La Paz. Parece claro que sufre ese síndrome de los enfermos terminales, para los cuales su vida se reduce ya a esperar la muerte tumbados en la cama, y cualquier cambio sobre esa, llamémosle rutina, les causa desazón.

Su yerno, el marqués de Villaverde, le conmina a toser. Para eso es la sentada, para mover sus pulmones. «¡Tose, tose!». Franco hace lo que puede. Pide agua dos veces.

Por lo demás, el día 11 es el día que aterriza en Madrid una macrodelegación marroquí, que viene a negociar con el gobierno español alguna solución para el follón del Sahara. También llega una delegación mauritana.

Día 12, 13,30 horas.

A las 13,30 horas, la evolución de la enfermedad ha sido la siguiente:

El curso postoperatorio se ha visto alterado por la presencia de signos de hemorragia digestiva controlada, hasta el momento con tratamiento médico. La motilidad intestinal se ha establecido.

Cardiológicamente, persisten los trastornos intermitentes del ritmo. No ha habido alteraciones en la frecuencia del pulso, tensión arterial y presión venosa central. La tromboflebitis del muslo izquierdo no se ha modificado.

Se han acentuado los signos radiológicos focales pulmonares.

Ha aumentado la gravedad del pronóstico.

Firmado: el equipo médico habitual.


En las jornadas previas los médicos, frente a una auténtica estampida de datos negativos como la hemodiálisis y los signos de neumonía, se consolaban diciendo: por lo menos no hay hemorragia. Los facultativos saben que han cortado el estómago de un viejo de 82 años, enfermo de Parkinson que, además, está siendo tratado con anticoagulantes. Tienen muy pocas esperanzas de que las suturas vayan a cerrarse como se cerrarían en el cuerpo de un hombre joven y sano. A las tres de la mañana del día 12, sus sospechas se confirman. A Franco se le presentan nuevas hemorragias cuando se intenta incorporarlo como el día anterior para que tosa; hemorragias que se controlan a base de emplear masivamente medicación para la coagulación; empleo que, como hemos visto, presenta el problema de hacer que el enfermo reviente por el flanco de la tromboflebitis.

A las ocho y media de la mañana, Radio Macuto informa en el hall de La Paz de que la hemorragia se puede considerar básicamente controlada. Ha costado, pues, cinco largas horas de lucha. Los periodistas puede oler el pesimismo. Todos ellos llaman a sus redacciones para prevenirles de que la muerte se puede producir en cuestión de unas horas.

La mañana es una mañana de puro nerviosismo. Hasta su final no saldrá el parte médico, cuando la hora habitual es con las primeras luces. Hay fuentes que hablan de que Franco podría haber muerto. Cuando el presidente Arias suspende sus reuniones con los marroquíes para presentarse en La Paz, los que tal cosa creen empiezan a ser mayoría.

De este día 12 datan las evidencias más claras de que alguien, la verdad no sé si toda la familia Franco o sólo una parte de ella, está presionando para que el Caudillo sea ya abandonado a su suerte. Una ambulancia DKV llega a estar preparada en la puerta de la residencia sanitaria para ir a El Pardo, signo inequívoco de que, muy probablemente, aquella jornada del 12 faltó muy poco para que el general fuese trasladado a su residencia particular, a morir.

La tarde transcurrirá en la espera de la noticia de la muerte de Franco, que quedará, sin embargo, desmentida por el parte de la noche.

Día 12, 20,30 horas.

A las 20,30 horas, la evolución de la enfermedad ha sido la siguiente:

En el curso postoperatorio desde el parte anterior no han objetivado signos clínicos ni analíticos de persistencia de hemorragia digestiva.

No ha habido incidencia cardiovascular alguna, manteniendo presiones arterial, venosa, frecuencia y ritmo cardiaco con toda normalidad.

La tromboflebitis continúa estacionaria.

Se ha iniciado a las 15,15 horas una nueva sesión de hemodiálisis como las anteriores, con heparinización regional, que transcurre con buena tolerancia, normalidad y eficacia.

Persisten los mismos signos clínicos y radiológicos focales que afecta a cambio medio pulmonar derecho.

Pronóstico sin variaciones.

Firmado: el equipo médico habitual.



Día 13, 13,40 horas.

A las 13,30 horas, la evolución de la enfermedad de SE el Jefe del Estado, hospitalizado en la Ciudad Sanitaria de La Paz de la Seguridad Social, ha sido la siguiente: a las 3,30 de la madrugada del día de hoy SE el Generalísimo ha presentado un nuevo episodio de hemorragia digestiva que ha remitido a las dos horas de su aparición con tratamiento médico. La progresión de su sintomatología respiratoria ha aconsejado la instauración de respiración asistida por intubación. Se ha iniciado una nueva sesión de hemodiálisis. Cardiológicamente permanece estable. La tromboflebitis continúa estacionaria. El pronóstico sigue siendo muy grave.

Firmado: el equipo médico habitual.


Día 13, 20, 30 horas.

A las 20,30 horas, la evolución de la enfermedad ha sido la siguiente:

Desde el último parte médico no se han exteriorizado signos clínicos de nuevas hemorragias digestivas.

La situación clínica y radiológica pulmonar es superponible a la del último parte. Continúa con respiración controlada y sedación medicamentosa.

Prosigue la hemodiálisis, que es bien tolerada.

Desde el punto de vista cardiológico no ha habido incidencias. Las tensiones arterial, venosa, el ritmo y la frecuencia del pulso son normales.

La tromboflebitis continúa estacionaria.

El pronóstico sigue siendo muy grave.

Firmado: Vicente Pozuelo Escudero, Vital Aza Fernández Nespral, Luis Pescador del Hoyo, Eloy López García, José María Gómez Mantilla, José Luis Palma Gámiz, Ernesto Castro Fariñas, Jesús Señor de Uría, Isidoro Mínguez Enríquez de Salamanca, Luis Alonso Castrillo Aladrén, Gabriel Artero Guirao, Roberto Llauradó Sabe, Luís Sánchez Sicilia, Carlos Marina Fiol, Manuel Hidalgo Huerta, José Parra Lázaro, Miguel Lucas, Francisco Fernández Justo, Carlos Petrement, Joaquín Carbonell, María Paz Sánchez Aguado, José Corbatín, Tomás Epeldegui, Manuel Sánchez Canas, Sixto Obrador. F. Cabrero Gómez, José Manuel Álvarez Salas Moris, José de la Cámara, José Luís Vallejo, Francisco J. Guerra Sanz, Julio Ortiz Vázquez, Félix Contreras Ruiz.



La frialdad de los partes del día 13 no es suficiente para trasladar al estudioso y al lector la palabra fundamental que preside aquella jornada: pesimismo. Los periodistas se enteran a primera hora de la tarde de que a eso de las dos de la tarde, Franco ha vuelto a sangrar mucho.

No he encontrado en la bibliografía consultada alguna razón que explique por qué, inopinadamente, en el parte de la noche se regresa al sistema de recoger el nombre de los médicos que lo firman, sustituyendo pues la habitual expresión de «el equipo médico habitual». Algún follón o disensión interna debería estar detrás de ello, pero, si alguien lo ha contado, yo no lo he conseguido encontrar.

Día 14, 13,30 horas.

A las 13,30 horas, la evolución de la enfermedad ha sido la siguiente:

No se han evidenciado clínica y analíticamente la existencia de hemorragias digestivas.

Los signos clínicos y radiológicos de su proceso pulmonar no han progresado. Continúa con la respiración controlada y el tratamiento intensivo habitual.

En el curso de la mañana se ha iniciado una nueva sesión de hemodiálisis.

Su cuadro cardiocirculatorio no ha tenido modificaciones desde el parte de ayer. Las presiones arterial, venosa central y ritmo cardiaco son normales.

Su tromboflebitis continúa estacionaria.

El control de la sedación medicomentosa por el registro electroencefalográfico muestra los patrones bioeléctricos cerebrales normales, propio de esta terapéutica.

El pronóstico sigue siendo el mismo.

Firmado: el equipo médico habitual.



Con el parte de la mañana, el destino parece preparar a los españoles a un día más de posoperatorio con escasas esperanzas. Sin embargo, todo lo que ha venido pasando en las horas anteriores, esas hemorragias y problemas varios, no eran sino la cuesta abajo hacia una nueva crisis, que se produce, como tantas en la enfermedad del Caudillo, a primera hora de la tarde.

A eso de las tres o tres y media, Franco presenta un cuadro de hipotensión arterial, tensión venosa y distensión abdominal. En román paladino, lo que ha ocurrido es que las suturas de la operación, sobre cuya cicatrización los médicos eran tan escépticos, terminan abriéndose, provocándole un shock. La sangre sale, invade las entrañas del general y lo empuja por el peligroso slalom de la peritonitis. Su tensión es casi imperceptible y está cubierto por un manto de sudor frío. El análisis del líquido ascítico muestra la presencia de contenido intestinal y biliar, es decir que el peritoneo se está llenando de mierda.

Básicamente, esto viene a significar que hay dos opciones: o no hacer nada y dejar morir al enfermo, u operarle por tercera vez en apenas unos días.

Esta tercera operación en once días es la más polémica de todas. El doctor Hidalgo Huerta, que ha vuelto a toda hostia porque a las tres se había ido de La Paz, está solo con Cristóbal Martínez Bordiú. El marqués de Villaverde es yerno de Franco, ciertamente; lo cual quiere decir que no es ni su hijo ni su hermano ni su nieto. Es médico, ciertamente. Pero cualquiera que haya tenido que enfrentarse a una situación compleja con la salud de un pariente sabe que no son los médicos los que toman la última decisión.

La tercera operación de Franco se produjo, básicamente, con la aprobación del marqués, no de la familia. Existen bastantes indicios de que, para entonces, la familia Franco era ya más partidaria de dejar morir a Franco que de otra cosa.

En la operación, se repara la sutura rota y se encuentra un peritoneo literalmente podrido. En ese estado, ya no se puede confiar en el peritoneo, así pues se le coloca un drenaje para, en caso de repetirse el problema, el líquido salga hacia el exterior.

Día 14, 18,25 horas.

A las 15,30 horas, SE el Generalísimo ha presentado un cuadro agudo con hipotensión arterial, aumento de la presión venosa y distensión abdominal, condicionando un diagnóstico de abdomen agudo por probable deluscencia de sutura, en virtud de las circunstancias locales y generales que concurrían en el enfermedad.

Decidida la intervención inmediata ha sido realizada en el quirófano de la Ciudad Sanitaria La Paz por el profesor Manuel Hidalgo Huertas, con la colaboración de los doctores Artero, Alonso Castrillo y Cabrero. El equipo de anestesia y reanimación ha estado integrado por los doctores Llauradó y Francisco Fernández Justo. El control cardiológico ha sido realizado por los doctores Vital Aza, Señor de Uría, Mínguez y Palma, en presencia del equipo médico habitual.

En la intervención quirúrgica se ha comprobado la existencia de una dehiscencia reciente relacionada con el cuadro de shock descrito anteriormente, a nivel de anastomosis gastro-yeyunal, de calibre reducido con salida de contenido intestinal a cavidad peritoneal. Suturada nuevamente la zona dehiscente, se han situado drenajes externos de cavidad abdominal y de asa yeyunal.

La intervención ha durado dos horas, siendo aceptablemente tolerada.

El pronóstico es gravísimo.

Firmado: el equipo médico habitual.


Aquel día, de todas formas, el pueblo español tendrá dos, no uno solo, motivos para la angustia. El gobierno se reúne para tratar de enfrentar la crisis económica, y aprueba medidas entre las cuales se encuentran varias subidas de precios en bienes de consumo habitual, como la gasolina, la electricidad o el butano.

Pero aún queda una noticia. El 14 de noviembre se produce la última reunión entre españoles, marroquíes y mauritanos que alumbra el denominado Acuerdo de Madrid sobre el Sahara. El acuerdo es tan bueno que en ese momento no se hace pública ni una coma de su contenido. Será el documento que, de entonces hasta ahora, sustantivará para muchas personas la vergüenza de la cesión española. El acuerdo de Madrid pasa por varios aros, como la corresponsabilización con Marruecos y Mauritania en la administración del Sahara en fase de descolonización, así como, si son ciertas algunas informaciones, la cesión a Marruecos de importantes intereses económicos. Pero, sobre todo, supone un acuerdo con Marruecos lo suficientemente ambiguo como para que la autodeterminación del Sahara se convierta desde entonces y hasta hoy, y han pasado más de treinta años, en un proceso torcido en el que nadie, no por supuesto los presidentes españoles, pero tampoco secretarios de Estado estadounidenses o secretarios generales de la ONU, nadie, repito, haya sido capaz de solucionarlo permanentemente.

España llegó agotada a aquel acuerdo de Madrid y firmó casi cualquier cosa a cambio de que Marruecos dejase de dar por culo en un momento en el que ya se esperaba con inminencia la muerte del jefe del Estado. Había que centrarse en otras cosas.

Día 14, 20,30 horas.

A las 20,30 horas, la evolución de la enfermedad es la siguiente:

La situación de choque endotóxico de SE el Generalísimo pudo ser superada durante la operación. La evolución postoperatoria en estas primeras cinco horas está siendo satisfactoria en tensiones arterial, venosa, ritmo y frecuencia cardiaca dentro de límites aceptables. La situación pulmonar no ha empeorado. En el momento de redactar este parte está siendo sometido a hemodiálisis.

El pronóstico sigue siendo gravísimo.

Firmado: el equipo médico habitual.



Día 15, 8,30 horas.

A las 8,30 horas, la evolución de la enfermedad es la siguiente:

El curso postoperatorio continúa con constante de presión arterial, venosa, ritmo y frecuencia de pulso dentro de límites aceptables.

La situación pulmonar permanece estable. Sigue con respiración asistida, según las técnicas habituales de reanimación postoperatoria.

La sesión de hemodiálisis se realizó con buena tolerancia y eficacia.

El pronóstico es gravísimo.

Firmado: el equipo médico habitual.



Día 15. 20,30 horas.

A las 20,30 horas, la evolución de la enfermedad de SE el Jefe del Estado, es la siguiente:

A las 26 horas del postoperatorio de SE el Generalísimo, el curso de sus constantes de presión arterial, venosa central, frecuencia y ritmo y cardiaco no han experimentado modificaciones sustanciales desde el último parte.

El proceso pulmonar se mantiene estable, continuando el tratamiento con respiración asistida.

Ha finalizado la sesión de hemodiálisis con buena tolerancia y eficacia.

El pronóstico no se ha modificado.

Firmado: el equipo médico habitual.



Este día 15, pese a los evidentes intentos tranquilizadores de los partes, es el día en el que la prensa, incluso la prensa amordazada del franquismo, comienza a soltarse el pelo y a criticar la que parece una intención de mantener al Caudillo con vida a toda costa. Se habla, muy especialmente, de un enfrentamiento que se habría producido en los pasillos de La Paz entre la marquesa de Villaverde y, sobre todo, su hija Mariola, y el marqués, quien como hemos visto autorizó la tercera operación sin consultarles, ni a ellas ni a nadie de la familia.

A lo largo del día, el principal problema son los leucocitos del Caudillo. Son muchos, demasiados; indicativo de que está luchando contra algún tipo de infección. Vuelve a sangrar y tiene el abdomen abombado, signo de peritonitis. También sufre un ataque de tos y se le observa el ceño fruncido. Por el catéter que le han colocado sale contenido intestinal, y la sangre parece ser síntoma de que las suturas no están portándose.

El día 16 es, además, y según los recuerdos del doctor Palma Gámiz, el día de las fotos. Tiempo después de la muerte de Franco, estas fotos, que le muestran moribundo en la camilla, intubado por varios sitios y en una situación de extremada delgadez, serán publicadas por una revista con gran escándalo. Aunque la revista, en estricto respeto del secreto profesional, nunca reconoció cómo habían llegado las fotos a su poder, desde el primer momento se señaló al marqués de Villaverde como su autor. Palma lo confirma, y afirma, además, fueron hechas aquel día 16, y lo fueron porque Martínez-Bordiú era consciente de que se trataba de unas imágenes históricas. Más aún: según Palma, el marqués hizo entrar a sus hijos en la habitación y los obligó a posar en la cabecera de la cama. Si los nietos de Franco han confirmado o desmentido esta versión, no lo sé. Lo cierto es que tampoco recuerdo haber visto nunca esas fotos.

Día 16, 13,30 horas.

A las 13,30 horas, la evolución de la enfermedad ha sido la siguiente:

A las 13,00 horas del postoperatorio de la tercera intervención practicada a SE el Generalísimo, las constantes de presión arterial, venosa central, frecuencia y ritmo cardiaco son normales.

La exploración clínica pulmonar no ha experimentado modfiicación, sigue con respiración asistida.

El pronóstico es muy grave.

Firmado: el equipo médico habitual.



Día 16, 21,30 horas.

A las 21,30 horas, la evolución de la enfermedad es la siguiente:

El curso postoperatorio de SE el Generalísimo a las cincuenta y dos horas de finalizada su tercera intervención quirúrgica no ha sufrido alteraciones ni incidencias desde el último parte. En el día de hoy se ha realizado una nueva sesión de hemodiálisis, que ha terminado con normalidad y eficacia.

El pronóstico sigue siendo el mismo del parte anterior.

Firmado: el equipo médico habitual.



Día 17, 13,30 horas.

A las 13,30 horas, la evolución de la enfermedad es la siguiente:

El curso postoperatorio de la tercera intervención de SE el Generalísimo continúa sin incidencias.

Los signos clínicos y analíticos de su proceso peritoneal van regresando paulatinamente.

La temperatura es de treinta y seis grados centígrados.

La situación pulmonar está estabilizada. Continúa con respiración asistida.

Las tensiones arteriales, tensión venosa central, frecuencia y ritmo cardiaco son normales.

El pronóstico sigue siendo el mismo.

Firmado: el equipo médico habitual.



Día 17, 20,30 horas.

A las 20,30 horas, la evolución de la enfermedad ha sido la siguiente:

Al iniciarse el cuarto día del postoperatorio la situación clínica de SE el Generalísimo se mantiene sin modificación en relación con el parte médico anterior.

El pronóstico sigue siendo el mismo.

Firmado: el equipo médico habitual.



Aunque los médicos no lo dicen, el día 17 es un día crítico. Han pasado 72 horas desde la operación y los signos son de que las suturas no han cicatrizado. Lo suyo, en ese punto, es perder toda esperanza de que la cicatrización se produzca. Así las cosas, los facultativos deciden retirar lentamente la sedación del enfermo, el cual, a pesar de ello, no se despierta. Más tarde, algo más despejado, hace un gesto para pedir agua y se le da de beber. Nada más hacerlo, comienza a sangrar por el catéter. De madrugada, Franco está recibiendo de nuevo transfusiones.

Se sabe que se en las horas anteriores se ha tratado de mejorar la cicatrización del estómago colocándole al enfermo hielo encima de él. Esta y otras especulaciones dispara el rumor Disney, es decir la historia, que tuvo bastantes adeptos en aquellas horas, de que el Plan C del franquismo era criogenizar a Franco para esperar al momento en que existiese una cura para sus dolencias. España estaba para entonces tan acostumbrada a pensar en un Franco eterno que la gilipollez le llegó a cuadrar. Lo que nos dice el doctor Palma en sus memorias es que, efectivamente, la terapia del frío, bajando la temperatura del enfermo uno o dos grados, se llevó a cabo en sus últimas horas; pero deja muy claro que nadie confiaba en ella y que no fue, desde luego, una congelación de cuerpo entero ni nada parecido.


Día 18. 13,30 horas.

A las 13,30 horas, la evolución de la enfermedad ha sido la siguiente:

Durante la madrugada del día 18 el curso postoperatorio de SE ha sido interferido por la presencia de una nueva e importante hemorragia digestiva intermitente, sometida a tratamiento médico.

La situación vuelve a ser crítica.

Firmado: el equipo médico habitual.



Día 18, 20,30 horas.

A las 20,30 horas, la evolución de la enfermedad ha sido la siguiente:

Durante las últimas horas y en el momento de redactar este parte no se evidencian signos de hemorragia.

Han aparecido esporádicos trastornos del ritmo cardiaco.

Continúa con respiración controlada bajo sedación medicamentosa.

Las circunstancias clínicas han aconsejado mantener su temperatura a 33 grados centígrados.

Se ha realizado una nueva sesión de hemodiálisis con tolerancia y eficacia.

El pronóstico no ha variado.

Firmado: el equipo médico habitual.



«La situación vuelve a ser crítica». Esta frase es lo más importante de estos partes. Si hubieran podido ser sinceros, los partes médicos de aquel día probablemente habrían dicho «en el día de hoy, el equipo médico habitual ha perdido ya sus últimas esperanzas de una recuperación clínica del enfermo».

Los médicos han bajado los brazos. Han decidido dejarle morir.


19 de noviembre, 13,30 horas.

A las 13,30 horas, la evolución de la enfermedad ha sido la siguiente:

La fase crítica en elcurso postoperatorio de SE el Generalísimo está evolucionando desfavorablemente en las últimas hors, como consecuencia de los fenómenos tóxicos derivados del proceso peritoneal que motivaron la última intervención practicada el viernes día 14.

No hay signos actuales objetivos de hemorragia digestiva.

La situación cardiocirculatoria se ha deteriorado paralelamente. Continúan los trastornos del ritmo cardiaco. Presenta tendencia a la hipotensión arterial y al aumento de presión venosa central.

El empeoramiento de su función respiratoria obliga a continuarse la respiración controlada. La temperatura está regulada a 34 grados.

Persiste la situación de fallo renal agudo que continúa tratándose con hemodiálisis.

El estudio electroencefalográfico, a las 12,30 de hoy, así como el de las 22,00 horas del día de ayer, acredita una actividad bioeléctrica cerebral conservada. En virtud de ello, el equipo médico continúa la utilización de las medidas terapéuticas necesarias e imprescindibles que no produzcan sufrimientos físicos.

El pronóstico sigue siendo crítico.

Firmado: el equipo médico habitual.



El antepenúltimo párrafo de este primer parte del día 19 es angustioso, casi doloroso. Sus palabras son lacrimosas. Los médicos dicen: seguimos luchando porque el electroencefalograma nos sigue diciendo que lo que hay dentro de su cabeza está vivo. Palma nos confirma este dato; nos dice que los indicios correspondientes indicaron actividad cerebral hasta el último momento. Ya da igual. Las hemorragias parecen haberse calmado un poco, pero, de todas formas, el cuerpo de Franco está repleto por dentro de sangre y fluidos fuera de sitio, que en cualquier momento pueden provocarse un shock tóxico del que ya sería inútil intentar salvar a base de bisturí.


Día 19, 20,30 horas.

A las 20,30 horas, la evolución de la enfermedad ha sido la siguiente:

La situación clínica de SE el Jefe del Estado no ha presentado modificaciones sustanciales desde el último parte.

El pronóstico sigue siendo crítico.

Firmado: el equipo médico habitual.



En algún momento de la madrugada del día 20 de noviembre, aniversario de la muerte de José Antonio Primo de Rivera frente al pelotón de fusilamiento, el corazón de Franco se para y su electroencefalograma, finalmente, muestra una línea recta. Que Franco iba a morir, si no en el momento en que murió, cualquiera que fuera éste, o un poco más tarde, un poco más pronto, creo que está fuera de toda duda. Lo cual no hace que su muerte esté exenta de polémica.

El doctor Palma abona en sus recuerdos dichas dudas. Expresa sin ambages su extrañeza de que un enfermo que llevaba semanas rodeado por una auténtica troupe de facultativos de muy diversas especialidades acabase por morir rodeado sólo de dos enfermeras, una anestesista, un cardiólogo y su yerno, el marqués. Nos dice que fue Cristóbal el que se empeñó en que el personal se marchara aquella noche, pretextando que tenían que descansar.

No sé si alguna vez sabremos con exactitud quién y, sobre todo, por qué, frecuentó la antesala del enfermo aquellas últimas horas. Desde luego estuvo su familia, estuvo el presidente Arias, y estuvo el Príncipe, faltaría más. Pero también se publicó en su momento que había estado José Antonio Girón de Velasco, conspicuo falangista, ex ministro de Trabajo y en ese momento máximo representante del ala más dura, el llamado búnker, el franquismo más recalcitrante.

Es muy probable que, a eso de las diez o diez y pico de la noche del 18, tanto Arias como el Príncipe fuesen informados de que la cosa era, esta vez sí, cuestión de horas. La muerte, de alguna manera, se organizó. El día 19, tres ministros, el secretario general del Movimiento, el de Planificación y el de Trabajo, están en La Paz por la noche. Se rumorea incluso que puede haber un Consejo allí mismo a eso de la una. Pero todos reciben una orden tajante: habrán de recibir la noticia en sus casas, o en sus puestos, si es que muere de día.

Para los amigos de la teoría de que Franco no murió cuando quiso, el dato está en el día 18. Ese día, las Cortes celebran una sesión anodina, que los procuradores terminan rápidamente porque todos quieren ir a La Paz a enterarse del Estado del Caudillo. En la sesión, sin embargo, se produce un hecho importante: el discurso de Alejandro Rodríguez de Valcárcel, que se despide de su cargo como presidente de las Cortes. Su mandado expira el día 26. Y hay quien dice que esa fecha era la gran esperanza blanca del búnker. Lo que quería el franquismo irredento es que su líder mostrase alguna actividad cerebral hasta llegada esa fecha, para que el Príncipe, atado de pies y manos por la presencia de Franco sobre la tierra, no pudiese intentar el nombramiento de otro presidente, con lo que el nombramiento de Valcárcel se prorrogaría. Esto supondría mantener a un franquista puro y duro en las más altas instituciones del Estado, presente, entre otras cosas, en el equipo que habría de presentarle al jefe del Estado la terna de candidatos para presidente del Gobierno en caso de cambiar éste. Hay quien dice que, de haber tenido voto Valcárcel, Adolfo Suárez no habría sido candidato de una mierda.

¿Franco murió cuando lo mató su enfermedad, cuando alguien lo decidió o, tal vez, cuando le dio la gana? No creo que nunca lo sepamos. Nos quedan, tan sólo, aquellas horas angustiosas, los últimos comunicados, y el parte final.

Día 20. 4,55 horas. Comunicado de las Casas Civil y Militar del Caudillo

Las Casas Civil y Militar comunican, a las 4,30 horas, que, según informan los médicos de turno que atienden a SE el Jefe del Estado en la Ciudad Sanitaria La Paz de la Seguridad Social, el Caudillo ha entrado en el periodo final.

Día 20, 6,05 horas. Comunicado de las Casas Civil y Militar del Caudillo.

Las Casas Civil y Militar informan, a las 5,25 horas, que, según comunican los médicos de turno, SE el Generalísimo acaba de fallecer por paro cardíaco, como final del curso de su shock tóxico por peritonitis.


Día 20, 9,15 horas. Último parte médico.

Diagnósticos clínicos finales:

Enfermedad de Parkinson. Cardiopatía isquémica con infarto agudo de miocardio anteroseptal y de cara diafragmática. Úlceras agudas digestivas recidivantes con hemorragias masivas reiteradas. Peritonitis bacteriana. Fracaso renal agudo. Tromboflebitis ilio-femoral izquierda. Bronconeumonía bilateral espirativa. Choque endotóxico. Parada cardiaca.

Madrid, 7,30 horas del día 20 de noviembre de 1975.

Firmado: el equipo médico habitual.