viernes, marzo 20, 2009

Fútbol (2)

Con el final de la guerra civil llegó, como decíamos, la normalidad teórica al fútbol. Y digo teórica porque al fútbol del franquismo siempre le perseguirá la interminable discusión sobre si el franquismo favoreció al Real Madrid por ser el equipo del régimen o no. Cuestión en la que hay opiniones para todos los gustos en las que, además de intervenir la ciencia histórica , también tienen su papel, y no desdeñable, los amores deportivos de cada uno.

Son los primeros años de posguerra años de débiles campeonatos de liga y de escaso brillo de la selección española, la cual sólo se bate con equipos de su cuerda política como la Francia de Vichy, Italia, Alemania o Portugal. Italia era, de todas estas selecciones, la más potente, pues había sido por entonces ya dos veces campona del mundo. En el estadio de San Siro nos metieron un 4-0 sin paliativos, tras el cual la autoridad federativa sancionó a los jugadores por no haber puesto en el campo toda la garra que se esperaba de ellos. Es, pues, obvio, que a los jerarcas del deporte, o tal vez al mismísmo Franco, aquella derrota les sentó fatal.

Es en esos años cuando se produce un verdadero hecho histórico que llena hoy de solaz a los madridistas que lo conocen, así como de una recíproca mala leche a todo el que por culé se tiene. Hecho que, además, tiene su historia. Se trata de la eliminación del Barcelona en la copa a manos del Real Madrid, tras un partido en la capital de España en la que los blaugranas fueron vencidos nada menos que por 11-1.

El partido de ida había sido en el campo de Les Corts y en él habían ganando los catalanes por 3-0, tanteo tras el cual la prensa de Madrid clamó por una remontada histórica y esas cosas.

Sin embargo, lo más importante del partido de Les Corts fueron los incidentes que se produjeron. Hoy por hoy se vigila, no podía ser de otra manera, la violencia en los estadios. Pero aquel franquismo tenía el listón mucho más bajo. No tengo yo la sensación de que nadie pasara por un peligro para su integridad física en el partido de Barcelona, pero lo que sí está claro es que los aficionados culés se desempeñaron con esa capacidad suya de abuchear a fondo al rival. La Federación, por toda respuesta, sancionó al Barcelona e incluso impidió el desplazamiento de un tren de culés a Madrid para el segundo partido. El presidente del Barcelona envió al Madrid una misiva en los mejores tonos que pudo redactar. Una misiva en la que la voluntad de dorar la píldora a los blancos es tan acojonante que incluso asevera una cosa que ni era verdad entonces, ni lo es ahora ni lo será nunca. Aseveraba el presidente del Barcelona que el Real Madrid era «el club que, después del nuestro, goza de las preferencias de nuestros socios». La verdad es que esa figura, o sea el tipo que es del Barça y que tiene al Real Madrid por segundo equipo, es una figura de ficción. De serie B, más bien.

Aquel partido de vuelta de la copa del Generalísimo es, quizá, el primer partido multitudinario que en España provoca medidas especiales de seguridad. Se prohibió, por ejemplo, vender bebidas con casco en el campo (lo cual sugiere que algún botellón debió de caer al verde en Barcelona). Y, en un acto que, que yo sepa, no tiene precedentes, la policía visitó el vestuario del Barcelona antes del partido, conminando a sus jugadores a no provocar violencia alguna bajo amenaza de sanción. Es fácil de estimar, por lo tanto, que los jugadores del Barça salieron a jugar más bien acojonados y que, en consecuencia, es posible que ello tuviera algo que ver en el abultado tanteo de que fueron objeto.

No fue sólo la policía. Hasta la prensa de Madrid, y la madridista también, reconoció que la actitud del público madrileño había sido tan intimidatoria como la del catalán en el partido de ida. Sin embargo las autoridades, que habían impuesto al Barcelona la multa máxima por registrar incidentes en su estadio, impusieron al Madrid la mínima para, acto seguido, probablemente para dar una impresión salomónica que estaba lejos de ser cierta, volver a multar a ambos equipos con 25.000 pesetas cada uno.

En la liga 44-45, el Barça se tomaría cumplida venganza asestándole en Barcelona al Madrid una «manita»: 5-0.

La liga 47-48 es aquélla en la qu ese producen hechos que forman parte de la leyenda urbana del fútbol pero que, al menos en el estado de conocimiento que tengo al escribir estas notas, son eso, una leyenda urbana.

Se dice mucho (casualmente un amigo mío sacó esa conversación en un almuerzo hace unos días) que el mayor favor que le hizo Franco al Real Madrid fue ampliar el número de equipos de primera división el año que el club blanco había quedado para descender. Es, ya digo, una historia muy conocida; yo, cuando manos, la he oído un puñado de veces.

Las clasificaciones que he podido consultar dicen que esta temporada 47-48 es la temporada en que el Real Madrid quedó en peor puesto durante los años de Franco; y al año siguiente no hubo ampliación alguna de la primera división. Tengo por mí, pues, que esta historia es, como digo, una leyenda urbana.

Lo que pasó fue que el Madrid se jugó la permanencia en un último partido contra el Oviedo, que en la visita de los blancos al norte les había dado un baño importante. Se mascaba, pues, la tragedia. Y, sin embargo, el Madrid ganó. También hay quien dice que ganó con malas artes. Podría ser, aunque ciertamente no sería ni el primer ni el último equipo que se salva de descender en el último momento. Además, hay que tener en cuenta que el Oviedo, perdiendo con el Madrid, condenó a la segunda división al Sporting de Gijón. Así pues, lo mismo pudo ser una manipulación del Madrid que una putada entre asturianos. Y no parece que Franco interviniese mucho.

A finales de los cuarenta, asimismo, la selección española comienza a ampliar el rango de oponentes y a obtener resultados algo más aseados. Consigue, por ejemplo, empatar a 3 con Suiza en Zurich. Este partido fue en el que fue designado representante de la delegación española el general Gómez Zamalloa, futbolero y sanguíneo como pocos, el cual arengó a sus muchachos en el vestuario y terminó su filípica con una famosa frase: «Y ahora, muchachos, ya lo sabéis: cojones y españolía». O sea, igual que viva el semen español, pero en franquista.

En 1949, entre otros partidos, Italia sigue exhibiendo superioridad (1-4) pero ya comenzamos a ganar algún que otro partido a domicilio, como el 1-3 que le escasquetamos a Irlanda, partido en el que Gaínza actuó tan bién que se ganó el sobrenombre de «el gamo de Dublín». A la semana siguiente, se ganana 1-5 a Francia en París. Allí el verdadero animal es el culé Basora (el mismo que en canción de Serrat completa delantera con César, Kubala, Moreno y Manchón), que tras su hat trick se ganará el derecho a ser conocido como «el héroe de Colombes».

Claro que para apoteosis la de 1950 en Brasil. Los muy puristas suelen recordar que aquel partido contra Inglaterra en el Mundial no era de vital importancia dada la clasificación del fútbol; los muy puristas, por lo tanto, entenderán mucho de fútbol, pero no tienen, con perdón, ni puta idea de lo que el fútbol puede llegar a significar para una nación que, hasta dos días antes, había estado aislada y que seguía teniendo un papel internacional que sin recato cabe reputar de putomiérdico.

Ramallets, Alonso, Parra, Gozalvo II, Gozalvo III, Puchades, Basora, Igoa, Zarra, Panizo y Gainza. Ésta es la lista de héroes de Brasil. A los tres minutos de la segunda parte, Ramallets saca de portería con la mano hacia Gozalvo II. El defensa avanza unos metros y pasa a Gainza, y éste a Panizo. El delantero no lo ve claro y retrasa la pelota hacia Puchades y éste trata de enervar de nuevo el ataque pasando a Gainza. El medio inglés Wright corta ese pase, pero la pelota vuelve a los españoles, concretamente a Gabriel Alonso, quien se da cuenta de que el despeje ha descolocado al inglés y vuelve a apostar por Gainza, que de cabeza le pasa a Zarra, quien remata.


Gol.


Un gol que, en la voz de Matías Prats senior, dura más de un minuto. Tratad de hacerlo, a voz en grito, a ver si podéis.

Si estás leyendo estas líneas y naciste más allá de, digamos, 1970, debes entender una cosa. Los españoles de los tiempos del franquismo éramos una puta mierda. Nunca ganábamos nada. Ganó cosas Joaquín Blume, pero se murió. Ganó cosas Manolo Santana, para qué negarlo; pero, al lado de Rafa Nadal, los triunfos de Santana empalidecen. Nuestros jugadores parecían en muchos casos haber soltado el arado media hora antes del partido, mientras que, a partir de la década de los cincuenta, las selecciones de Inglaterra, de Francia, de Alemania, de Italia, comenzaban a verse trufadas de bien alimentados deportistas urbanos. Nosotros tendíamos a ser retacos, anchotes y de piernas arqueadas; ellos ya querían parecerse a David Beckam. Además, en 1950 alguno de los grandes planetas de la galaxia fubtolística estaba en plena formación. El propio Brasil es un ejemplo. Por aquel entonces, Inglaterra, inventora del fútbol y tan importante en este deporte que es la responsable de que digamos cosas como córner, penalty o gol, era el no va más del fútbol. Y estaba, también la idea imperial de España, que la ideología del país y su Educación para la Ciudadanía consolidaban día a día en las mentes de los españoles; idea imperial que tenía algunos enemigos muy concretos y, muy especialmente, esa Inglaterra que le había encendido el pelo a nuestra Armada Invencible.

Todo eso se condensó en la famosa frase del doctor Muñoz Calero, presidente de la FEF: «hemos vencido a la pérfida Albión». Frase que sentó a los británicos como si le hubiéramos mentado la madre a su majestad británica, que provocó algún que otro sudor en El Pardo y que obligó a una estúpida rectificación según la cual el doctor Calero había dicho pérfida cuando en realidad quiso decir rubia.

En la temporada 50-51 se producen dos hechos de larga recordación. El primero es el descenso a segunda del Alcoyano, tras defenderse durante todo el año con un pundonor tan ejemplar que, a decir de muchos, es entonces cuando se forma esa frase tan española de «tienes más moral que el Alcoyano». La segunda cosa es la integración en la plantilla del Barcelona de Ladislao Kubala; el cual, sin saberlo, estaba inaugurando la primera gran etapa de fichajes del fútbol español.


... y me vais a disculpar, pero esta noche me espera The front page; quizá, una de las dos o tres comedias más divertidas jamás filmadas.

lunes, marzo 16, 2009

Fútbol (1)

Pues sí. En este país nuestro, no hay nada que genere tanta pasión como el fúbol. Consecuentemente, el fútbol es parte de nuestra Historia e Historia misma, motivo por el cual sólo era cuestión de tiempo que le dedicásemos algún espacio en este rincón de la red. Eso sí, debo decir que, como siempre, mis amables lectores han demostrado lo poco que necesitan recibir conocimientos que obviamente ya tienen, al menos los que contestan con mensajes.

La Historia del fúbol es, realmente, muy interesante. Especialmente desde el estallido de la guerra civil y el franquismo, que es cuando comienza a convertirse realmente en un espectáculo de masas.

La guerra civil, como ya hemos apuntado aquí con episodios como la interminable gira de la selección de Euskadi, fue un trauma también para el fútbol que, básicamente, quedó frenado en su práctica, aunque nunca dejaron de celebrarse partidos, especialmente en la zona nacional. No pocos jugadores fueron víctimas de la situación y hoy en día, en las casas de subastas, se puede ver de vez en cuándo como sale a la venta alguno de los certificados de pureza franquista que no pocos jugadores tuvieron que procurarse al terminar el enfrentamiento bélico.

Aunque el bando republicano no le iba a la zaga. A quien le parezca un problema ir a jugar a un estadio en el que te pueden lanzar una cabeza de cerdo, que se lea las instrucciones generadas por las autoridades de orden público de la zona republicana conminando al público de los partidos de fútbol a ir desarmado al estadio. Ahí es nada. A ver quién es el guapo que no pita un penalty en esas circunstancias.

Sabido es que mucha gente opina que el equipo del franquismo fue el Real Madrid. Es asunto que abordaremos varias veces a lo largo de estas notas. La opinión se divide (como se dividen las pasiones en torno al club blanco) entre los que piensan que el Madrid se indentificó con el franquismo (lo que podríamos denominar visión política) y los que consideran que en realidad fue el franquismo el que se identificó con el Madrid (o sea, visión deportiva). Es difícil tomar una opción clara, aunque yo tiendo a pensar que es la segunda la más cierta. Pero es que, además, hay un dato más: la inquina antimadridista por parte de quienes se sentían poco identificados con el bando nacional es anterior al franquismo.

Según crónicas escritas algunos años después, en la final de copa de 1936, que se jugó en Valencia el 21 de junio, ya hubo grupos de personas, a las que dichas crónicas escritas en tiempos de Franco otorgan ideología comunista, que fueron al estadio a abuchear al Madrid, por considerarlo, ya entonces, representativo de la tendencia contrarrevolucionaria. Las iras del público se dirigieron especialmente hacia el portero Ricardo Zamora. Y es que si el Madrid era visto como club sospechoso, Zamora, por lo que se ve, quintaesenciaba esa sospecha. Y lo digo porque, una vez que comenzó la guerra, Zamora fue detenido y encarcelado en la Modelo de Madrid, aunque fue liberado a tiempo para no sufrir las matanzas de dicho centro penitenciario, tras de lo cual se fue a jugar a Francia. Una vez allí, se guardó de hacer declaraciones muy significadamente antirrepublicanas, pues su madre seguía en Barcelona. Otro conspicuo madridista que tuvo que esconderse de las partidas de milicianos fue Santiago Bernabéu.

Cabe añadir también, como dato curioso, que el domingo 19 de julio de 1936, cuando en toda España se luchaba tras el alzamiento de Melilla a última hora del 17, aún se celebró en La Coruña un partido de fúbol entre el Deportivo y el Celta. Los gallegos, como siempre, a lo suyo. La prensa saludó el enfrentamiento que, dijo, serviría para calmar los nervios alterados del país. Pero no pudo, lamentablemente.

Una guerra dentro de la guerra durante la guerra fue la librada por ambas Españas ante la FIFA para reivindicarse como selección nacional. Acabó ganando Franco, claro. La nueva selección española se estrenó contra Portugal, perdiendo por 2 a 1. Un detalle importante es que en aquel partido, y en bastantes de los inmediatamente posteriores, la selección española renunció a su tradicional camisa roja, vistiendo las más de las veces con camiseta azul (oh, casualidad) y pantalón blanco; y en algunos casos con el yugo y las flechas bordado como insignia.

Conforme avanza la guerra y Franco va ganando terreno, el fútbol se va colocando más de su parte. Por lo demás, el deporte cuenta sus víctimas, que las ha tenido, y muchas, en paseos, detenciones, y en los propios frentes, lo cual es lógico teniendo en cuenta la juventud de los jugadores. Aunque no dispongo de cifras definitivas, tengo la sensación de que el estamento futbolístico que más profundamente fue afectado por la depuración franquista fue el arbitral; hubo colegios de árbitros donde quedó menos de la mitad de los efectivos. Por lo demás, para el franquismo el fútbol, desde el primer momento, no fue sólo un deporte. Consciente de su importancia social y su factor cohesionador, el franquismo adopta desde el primer momento un control férreo sobre el fútbol que hará que durante muchos años, bajo la atenta mirada del general Moscardó como máxima autoridad deportiva, sus jerifaltes sean militares.

En su obsesión por controlarlo todo, los franquistas se llegarán a plantear incluso, tras tomar Cataluña, si permitir o no que siga existiendo el Barça. Lo cual es una prueba más de una cosa que a mí me parece bastante clara y es que el franquismo, más que promadridista, lo que fue, y mucho, fue antibarcelonista. Existen testimonios de que se pensó en cambiar los colores de la elástica del equipo y cambiarle también el nombre para ponerle España; supongo que buscando que, así, sus partidarios, al animar, gritasen ¡España, España!

Nada más terminar la guerra se produce también una agria polémica que dejará claro que el franquismo no tiene intención de ser neutral en esto de fúbol. En la liga del 36, la última celebrada, habían descencido Osasuna de Pamplona y el Atlético de Madrid. Pero había un club que no podía jugar el torneo, que era el Oviedo, puesto que su estadio estaba hecho una braga por las bombas. Osasuna vio el cielo abierto y reclamó a la Federación su permanencia en primera división a cuenta de su aportación a la Cruzada. Lo que consiguió con ese gesto fue una inmediata petición en el mismo sentido por parte del Ceuta; y no creo que haga falta hablar mucho sobre el papel que las tropas moras jugaron en no pocas victorias del bando nacional. Después fueron los clubes gallegos, que se sentían con derecho a ascender por ser la cuna del Caudillo. Y, por supuesto, reclamó el Atlético de Madrid; club no exento de represalias durante la guerra como la vivida por su internacional Ramón Lafuente, que tuvo que esconderse, acabó en una checa, logró huir y fue un vagabundo en Madrid hasta que entraron los nacionales. Finalmente, se optó porque ambos equipos jugasen un partido y quedase en primera el que lo ganase. La decisión, sinceramente, no tiene pase. En la liga del 36, el Atlético había sacado más puntos que Osasuna. Todo lo que tenían los navarros para defender su posición eran los heroicos servicios prestados por los tercios de requetés; un argumento poco deportivo... en tiempos normales. La justicia, finalmente, la haría el deporte, pues el Atlético ganó por 3 a 1 y evitó el infierno (por esa vez).

Como hemos dicho, el fútbol español, de la mano del franquismo, se gestionaba a golpe de retreta. El teniente coronel Troncoso fue su primer jefe. La primera circular de Troncoso está completamente fuera de lo que hoy entendemos por fútbol. Establecía un salario máximo para los jugadores de primera de 600 pesetas al mes, es decir unas 200 por debajo del sueldo que entonces percibía un coronel del ejército. A Troncoso le parecía inmoral que un jugador de fútbol pudiese ganar más dinero que alguien que asume la responsabilidad de mandar un regimiento. Supongo que ahora se estará centrifugando en su tumba.

Con la posguerra la cosa se normaliza. Bueno, más o menos.