jueves, noviembre 29, 2012

Un gesto aparentemente inocente

Durante el día de ayer estuve puteando a mis amigos en Facebook con la siguiente pregunta: ¿qué cambio de regla modificó para siempre la forma de jugar al fútbol y lo convirtió en lo que hoy podemos ver en cualquier campo? Hubo respuestas para todos los gustos: las dimensiones del campo o de la portería, el árbitro, el fuera de juego... Ninguna acertó. Y es lógico. Porque yo mismo, cuando lo leí, me sentí muy extrañado.

Mi fuente, sin embargo, no es sospechosa de mentirme. Se trata de un libro llamado Football Asociación, escrito en 1914 claramente para difundir un deporte entonces desconocido en España, y prologado nada menos que por Hans Gamper, que hoy da nombre al torneo del Barcelona F.C.

Este libro nos cuenta que, a pesar de que en diversos pueblos antiguos se han jugado juegos de equipo que se pueden considerar precedentes del fútbol, en realidad este deporte nace con la reforma pedagógica del maestro Thomas Arnold a mitad del siglo XIX. Arnold decidió introducir en la escuela de [un lugar llamado] Rugby la práctica sistemática del deporte en equipo entre los alumnos. Así pues, como ya podéis sospechar por la anécdota, el fútbol, en realidad, nació arrejuntado con lo que hoy conocemos como rugby.

Aquella escuela primigenia tenía extensos campos de hierba donde cualquier deporte podía jugarse sin problema. Sin embargo, cuando aquel rudimentario fútbol fue adoptado en los distritos de Westminster, Harrow y Chaterhouse, se planteó el problema de hacerlo jugable en patios cerrados, momento en el que comenzó su reglamentación. Labor para la cual nació la Football Association.

¿Cómo se jugaba a aquel fútbol? Ya os he dicho que era muy parecido al rugby, así pues se parecía mucho al modo que tienen de jugarlo los niños más pequeños en los colegios: corriendo todo Dios detrás del que en ese momento tiene la pelota. Además, como aquel fútbol era primo del rubgy, las primeras reglas permitían cualquier tipo de acción para arrebatarle el balón a su dueño: agarrarlo, ponerle la zancadilla, o atacarlo entre varios.

La violencia inherente a este planteamiento, unida al hecho de que las diversas escuelas estaban creando reglas propias muy distintas, forzó la celebración, el 26 de octubre de 1863, de una especie de reunión codificadora. Para entonces había seis códigos distintos para el fútbol: los de los colegios de Eton, Winchester, Westminster, Harrow, Rugby y Chaterhouse, que fueron unificados en una serie de reglas comunes:

  • El campo quedaba reglado en una extensión de 200 por 100 yardas.
  • Las porterías tendrían 8 yardas de ancho y no tendrían travesaño superior (siendo, pues, el goal resultado de pasar la pelota entre ellas a cualquier altura.
  • El jugador podía correr con la pelota en las manos si la cogía viniendo del aire, y antes de tocar el suelo.
  • Se permitían puntapiés por debajo de la rodilla, zancadillas, agarrones.
Esta propuesta codificadora, sin embargo, no gustó a los clubes defensores del denominado "juego antiguo" (escuelas de Rugby, Eton, Harrow, Malborough y Westminster). Las negociaciones se enquistaron en el último punto. El bando de los "modernos" proponía eliminar la permisividad de los puntapiés; propuesta que los defensores del juego antiguo consideraban eliminaría todo elemento de virilidad al deporte, convirtiéndolo en cosa de nenazas. Por cuanto, finalmente, se aprobaron ciertas penalidades para la patada, el 21 de noviembre los partidarios del juego antiguo se separaron de la Asociación, dando lugar a lo que hoy conocemos como rugby.

Así pues, esa historia, que he escuchado muchas veces, de que el rugby nació del fútbol un día que alguien cogió la pelota con la mano y echó a correr, no parece muy cierta.

Una vez practicada la escisión, las primeras reglas del fútbol propiamente dicho (Football Association, 8 de diciembre de 1863) prohibieron las patadas y zandadillas, y prohibieron correr con la pelota en la mano.

En 1871 se jugó la primera competición de Copa, ganada por los Wanderers, escoceses, que le ganaron a los Royal Engineers. Los Wanderers, por cierto, la volvieron a ganar tres años seguidos (1877, 1878 y 1879), lo cual les daba derecho a tener la copa en propiedad. El club, sin embargo, devolvió el trofeo, solicitando que lo custodiase la Asociación y que nunca pudiese ser ganado en propiedad. Sin embargo, en 1905, habiendo ganado la Copa el Aston Villa, éste la paseó por Inglaterra durante unas semanas y en Birmingham alguien la robó del aparador donde la tenían. Nunca ha vuelto a aparecer.

En sus orígenes, este fútbol era conocido como dribbling game. Como ya hemos dicho, todo Dios corría detrás del que tenía la pelota y, además, el pase estaba restringido, así pues el jugador practicaba el gambeteo y el autopase hasta que, viendo portería, disparaba con todas sus fuerzas (recordad que la bola que pasaba sobre el portero también era gol).

En estas condiciones, la formación normal en un partido de fútbol era un 1-1-8. Se jugaba, sí, con un defensa y un medio, y ocho delanteros (entonces era normal que fuesen sólo 7) que eran, en realidad, los que jugaban, pues el juego era puramente ofensivo e individual. El jugador que obtenía la pelota se lanzaba hacia la portería, driblando a sus contrarios y, si se encontraba acorralado, normalmente perdía la pelota, en lugar de pasarla. Sus compañeros estaban por ahí de buitres, por ver de que algún rebote les otorgara la pelota, para intentar ellos entonces el asalto al gol.

Esto, sin embargo, cambió radicalmente en 1877, con la introducción de una regla aparentemente inocente. Puesto que desde el inicio se había reglado la dimensión del campo, existía el fuera de banda. Sin embargo, imbuido por su espíritu híperofensivo, hasta aquel año el fuera de banda había que sacarlo siempre hacia delante; no era posible pasar el balón hacia atrás. Sin embargo, el cambio de 1877 permitió que la bola pudiera ser puesta en juego en cualquier dirección.

Aquella tontería inventó el pase.

En efecto: hasta 1877, lo que hacía el jugador que sacaba de banda era, de alguna manera, continuar la jugada que se estaba desarrollando antes del fuera de banda. A partir de 1877, podía iniciar otra. Podía echar la pelota hacia atrás, lugar normalmente más tranquilo porque los jugadores tienden a vivir en su campo para protegerlo, donde alguno de sus compañeros podría pensar en cuál de sus colegas estaba mejor colocado para hacer la jugada, y pasarle la pelota. Aquel cambio concitó buen número de críticas de puristas que veían el juego adulterado; y no es para menos, porque en muy poco tiempo acabó con el estilo de partido que se había llevado hasta entonces. Sin embargo, el público lo aceptó muy bien, porque, en realidad, así el juego era más rápido y continuado. El anterior (véase el rugby) estaba petado de interrupciones.

La reforma, asimismo, supuso la muerte de la delantera como línea única del equipo de fútbol. El cambio suponía que hacía falta gente que diese buenos pases, lo cual reivindicó la figura del medio; y, además, hizo más vulnerable la defensa, que ya no podía estar ocupada por un solo jugador; así pues, se inventó la pareja de centrales.

Los escoceses fueron los primeros en entender esta forma de jugar al fútbol, y la consolidaron definitivamente en 1883, cuando sus equipos dominaron la Copa de principio a fin. Aquella Copa se asemeja a otros momentos de la Historia del deporte, como la primera vez que en un torneo de Wimbledon un tenista subió a la red o la primera vez que Dick Fosbury saltó de espaldas. La superioridad obtenida fue tan apabullante, que los vencidos adoptaron el nuevo estilo.

Así que, ya ves: algo tan inocente como el saque de banda cambió el fútbol para siempre, mandando al bául de los recuerdos al patadón p'alante y si hay que dar hostias, se dan.

miércoles, noviembre 28, 2012

Soixante huit (5: De culo y contra el viento)

De esta serie se ha publicado ya un primer, segundo, tercer y cuarto capítulo.


Resumen de lo publicado: En un alarde de furia democrática, los hobbits baten un récord casi inigualable, consistente en mandar a tomar por culo en el mismo día a dos teóricos aliados suyos, cuyos discursos no les molaban del todo. Para completar la astracanada, los que estaban a favor de echar a uno, estaban a favor de proteger al otro; actitud ésta que contribuye a elevar la confusión sobre hacia dónde se dirige la Revolución Hobbit. Días después, la mentada revolución dará una vuelta de tuerca violenta más, con el ataque de un grupo de hobbits a un local de los nasgul, del que no dejan ni las pelusas. Sauron, inmediatamente, promete vengarse, y en Hobbiton todo Dios se acojona.

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Los comités 22 de marzo convocan para el 2 y 3 de mayo sendas jornadas antimperialistas. A pesar de los negrísimos presagios de violencia con que se rodea a esta fecha, únicamente un pequeño acto de este tipo se produce en la Sorbona. A las 7 de la mañana, cuando no hay nadie en el edificio salvo el personal de limpieza, se declara un incendio en un pequeño despacho, cedido a la FGEL (Fédération des Groupes d’Etudes de Lettres), miembro de la UNEF, tres de cuyos grupos están afiliados a la FER, Fédération des Étudiants Revolutionnaires, que es como se ha renombrado a sí misma la CLER el 28 de abril. Cuando los bomberos terminan su trabajo, encontrarán en una pared la pintada de una cruz céltica envuelta en un círculo: el viejo emblema de la OAS, ahora utilizado por L’Occident.

Mucho más impacto tendrá el anuncio que en la misma universidad parisina hará, mediante pasquines, el Mouvement d’Action Universitaire, MAU. El MAU hace pública la celebración, el 30 de abril, en la sala Louis Liard de la Sorbona, de una reunión de profesores de la universidad, de diversas procedencias según el manifiesto, que han decidido no corregir los exámenes de ese año. Lo cual supone un aprobado general; el sueño de casi todos los estudiantes, y de todos los vagos.

Consciente, quizá, el MAU de que en su asamblea no estaban todos los profesores universitarios, propone una serie de medidas para “convencer” a los ausentes de sus postulados: sabotaje sistemático de los exámenes, incluyendo el robo o destrucción del material necesario para su producción o la difusión de las preguntas; o destrucción de la documentación con los resultados de las pruebas allí donde hayan sido realizadas. Por supuesto, las pruebas orales serán automáticamente intervenidas por hordas de demócratas. Y, al loro, porque el propio manifiesto dice: “No es tiempo aun de publicar todas las propuestas de acción”.

En la tarde, el SNE Sup califica este comunicado de “broma pesada”. El decano de Letras de la Sorbona, es casi inigualable latinista Marcel Durry (en mayo del 68 estaba casi al final de su vida pública, pues murió diez años después. Había sido expulsado de su cátedra por los alemanes en 1941, era caballero de la Legión de Honor, y devoto gaullista) hace público un comunicado, en el que anuncia que los exámenes se realizarán como se ha previsto y que no se convocarán más pruebas que las ya anunciadas.

Mientras tanto, en Nanterre, en realidad lo más importante, lo que más influencia ha tenido, ha sido el atentado de la mañana, finalmente reivindicado por L’Occident mediante una nota. Ya os he dicho que la famosa amenaza de días atrás, después de que los prochinos hubiesen destrozado una exposición sobre Vietnam organizada por fuerzas de derecha, había tenido gran importancia para la moral general de mayo del 68. Los estudiantes revolucionarios, desde aquél día y más aquel 2 de mayo tras el incendio de la Sorbona, temían que los fafs, los fascistas, tomasen Nanterre a hostias. Por ello, se aprovisionaron de cascos, palos y todo lo que pillaron.

Sobre ser esta situación ya potencialmente explosiva, más lo será después de que se sepa que ocho estudiantes, todos ellos pertenecientes al movimiento 22 de marzo, han recibido una citación del rector de la Universidad de París para comparecer el 6 de mayo, para deponer testimonio ante la Comisión de Disciplina de la Universidad. Estos 8 son:


  • Daniel (o Danièlle) Schumann (del que no parece haber información muy específica posterior a estos hechos).
  • Daniel Cohn-Bendit.
  • Olivier Castro (uno de los líderes del movimiento, al parecer es autor de un documental sobre los hechos realizado ese mismo año para la televisión).
  • Jean-Pierre Duteuil (activista de claras tendencias anarquistas. Fundó en 1964 la Liaison des Étudiants Anarchistes LEA, que se reunía, por cierto, en los locales de la CNT española en el exilio parisino. Tras mayo del 68, siguió ligado a Cohn-Bendit como periodista y, en lo político, colaboraba con la Organisation Révolutionnaire Anarchiste ORA y la Organisation Communiste Libertaire OCL. Impulsó la fundación de las Éditions Acratie, en las que ha publicado en el 2008 el libro Mai 68, un mouvement politique, en el que [por cierto, en línea con las tesis de estas notas] le niega al proceso su carácter de movimiento cultural y lo afirma como movimiento político-revolucionario, “opuesto a toda jerarquía”).
  • Yves Fleichsl (dirigente de la primera hora. No hay muchas referencias de él hoy en día; parece ser que abandonó París para ir a Vincennes, a continuar sus estudios. Pero todavía tengo pendiente averiguar qué fue de él).
  • Michel Pourny (militante de la UNEF; no tengo más datos)
  • Jean-Louis Ploix (hay un pintor, nacido en 1943, con ese nombre, bastante afamado; ignoro si es el mismo, pero por edad podría serlo)
  • René Riesel (dirigente de tendencias más bien anarquistas, en 1973 se hizo agricultor y dirigente sectorial, y en los últimos noventa ha protagonizado diversas movidas contra los trasgénicos y tal).


Para terminar de mejorar el tono de tensión, la FNEF derechista le pone una demanda a los profesores asistentes de Sociología afiliados al SNE Sup por “incitación a la violencia”.

A mediodía, los estudiantes toman un salón de actos para proyectar una serie de películas sobre la guerra de Vietnam y las movilizaciones del Black Power en Estados Unidos. A las 3 de la tarde, en esa misma sala, había de comenzar una clase de Historia del profesor René Rémond (Monsieur Rémond no era en modo alguno un profesor contrario a los planteamientos del movimiento de Nanterre; es probable que por eso eligiesen los estudiantes su sala. Cuando el conflicto se generalizó, sin embargo, labró algo de distancia respecto de las movilizaciones).

Como se acaba de leer en el paréntesis, Rémond estaba lejos de ser un facha peligroso. Pero eso no le evitó ser recibido, a las tres, cuando entró en la sala con 200 estudiantes, por el expeditivo método de lanzarle un banco a la cabeza, que afortunadamente no le dio; pero que, en todo caso, le convenció de que se encontraba ante uno más de los muchos actos de socialismo democrático de aquellos días, por lo que huyó, que se dice mal y pronto, cagando melodías; mientras los estudiantes, ejem, agresores, entonaban La Internacional.

No lejos de aquella aula, en otra parecida, la UEC ha creado un intitulado Comité de Defensa de las Reivindicaciones Estudiantiles (que ya vemos que para entonces se estaban defendiendo a bancazo limpio), que se postula, tras una nota de Brémond llamando a la calma, para ejercitar ese control y echar a los provocadores. En realidad, esta auto-postulación no es más que otra artimaña de los comunistas de la UEC para dar por saco a los del 22 de marzo. De hecho, una cosa que las notarías comunistas de Mayo del 68 suelen callar es que en este Comité incluso aceptaron la asistencia de estudiantes de derechas, tan deseosos como ellos de ponerle palos en las ruedas al Movimiento de Nanterre. La política hace, verdaderamente, extraños compañeros de cama.

El bancazo a Rémond y todo lo que está pasando acojona al movimiento 22 de mayo que, además de decretar el abandono de la facultad esa tarde-noche (todo el mundo cree que en la mañana siguiente va a entrar L’Occident a hostia limpia) le reprocha a los maoístas, con razón, la creación de una sicosis de guerra en la facultad.

En medio de estas amenazadas el 22M organiza una reunión con la JCR, la UJCM (m-l), la FER, la MAU y la UNEF. Teóricamente, es para organizar una manifa en solidaridad con el SDS pero, en medio de las discusiones, llega la noticia de la cita disciplinaria recibida por “los ocho”. Eso cambia las cosas. Se convoca un mitin al día siguiente, en París, y la ocupación de la Sorbona el día 6 de mayo, de allí en cuatro días, coincidiendo con la cita.

A última hora de la noche, el decano Pierre Grappin hace pública una nota. Y, esta vez, el ministro Peyrefitte está perfectamente enterado.

Todos los trabajos en Nanterre han quedado suspendidos.

C’est de la folie…

lunes, noviembre 26, 2012

Tragarse una tenia (voluntariamente)

Creo recordar, pero no puedo afirmarlo con absoluta certeza porque no tengo a mano el libro, que uno de los datos llamativos de Las elecciones del Frente Popular, el libro de Javier Tusell que la mayoría tiene por canónico a la hora de calibrar quién voto a quién en febrero de 1936 (porque, querido lector, deberé recordarte, quizás para tu sorpresa, que los resultados del 36 nunca fueron, nunca han sido, y creo que nunca serán proclamados oficialmente); uno de los datos curiosos de ese libro, digo, es que Lluis Companys no fue el candidato más votado por los barceloneses aquella jornada. Lo fue, si la memoria no me falla, otro aliado suyo de la Acció Catalana Republicana.

Además de eso, a cualquier catalán con memoria aquellos resultados del 36 le llevarían a una reflexión en modo "quién te ha visto y quién te ve, sombra de lo que eres", dirigida a la Solidaridad Catalana. La Solidaridad, que en todo caso se llevó algo más de 10 diputados en Cataluña en aquellas elecciones (si sigo sin recordar mal) fue el gran motor del regionalismo catalán; el protagonista de la espantá del Parlamento de Madrid en la segunda década del siglo XX, a causa de la poca sensibilidad hacia las necesidades de Cataluña; el gran portavoz de las reivindicaciones económicas de Cataluña, que no se contabilizan hoy en balanza fiscal alguna; el gran muñidor, pues, del catalanismo.

El gato al agua, sin embargo, se lo llevó un peripatético coronel, austero como sólo puede ser un catalán (ya al frente de la autonomía republicana, sus gentes tenían que presionarlo para que se gastara dinero en algo) y, a la postre, una formación camaleónica que supo representar como nadie los intereses del mediano burgués catalán, a la par enfrentado con Madrid y con las grandes familias del empresariado local.

La Historia del nacionalismo catalán se parece un huevo al cuento ése que nos contaban nuestras madres usando los dedos de una de nuestras manos. El meñique fue al mercado, el otro compró las viandas, el otro las puso en la olla, el otro las cocinó... y el gordo se las comió, y por eso está tan gordo. ERC ha sido, históricamente, el gordito del cuento. Ese dedo separado de los otros cuatro que espera tranquilamente a que los procesos maduren para lanzarse cual pantera sobre ellos, engullirlos, y beneficiarse de ellos.

El nacionalismo catalán moderado, altoburgués, formalmente liberal (carajo con el liberalismo que prohíbe las rebajas...) entendió la lección durante la longa noite de pedra del exilio y el franquismo a tutiplén. Así pues, dejó, porque no podía ser de otra manera, que el fósil viviente de la vieja Esquerra, el pretoriano de Companys, el inteligente muñidor de los decretos de S'Agaró, Josep Tarradellas, regresase de la mano de Suárez, Ja soc aquí, montase el ente preautonómico haciendo gala de su realismo de exiliado, se ganase una avinguda en la ciudad de sus amores... y se fuese, mutatis mutandis, a los libros de Historia, a tomar por culo.

Jordi Pujol, que también se había comido sus buenas hostias durante los años negros, había aprendido el pragmatismo muy propio de las formaciones cristianas donde se crió como político. Montó, casi a la chita callando, una coalición política con toda la esencia de la vieja Solidaritat y de la ACR, desbastada de sus perfiles clasistas para poder caerle bien a todo el mundo y, en las primeras elecciones puramente autonómicas, sorprendió a todo el mundo. Porque todo el mundo, en aquel momento, daba por segura una victoria del PSOE en Cataluña y consideraba que sus políticos, solos o en compañía del PSUC, iban a matronear el momio.

CiU se convirtió en un experimento de estrategia política digno de estudiar en las buenas facultades de ciencia política, más aun cuando su situación minoritaria le obligó a acercarse a la ERC de Heribert Barrera... y, por primera, y de momento única, vez en la Historia, fue ERC la envuelta, y no la envolvente. ERC salió de su experimento de cercanía con CiU bastante escaldada, y no remontó el vuelo hasta que no se apoyó en las seis alas de Ángel Colom Colom y la peripatética política, hoy au dessus de toute melée como le corresponde a todo contertulio televisivo de pro, Pilar Rahola; tras lo cual caería en otra escisión que, por cierto, ha dado con los huesos de Colom en el partido de Pujol, convirtiéndolo en una especie de Santiago Carrillo catalán.

Todo esto, que Pujol tenía muy claro en los ochenta y noventa, parece haberlo olvidado el propio Pujol, y sus herederos, al girar el gozne del siglo. De nuevo, se ha vuelto a producir el proceso que, como digo tal es mi tesis, es la dinámica normal en la moderna Historia de Cataluña: ERC es el receptor lógico, a la vista de los catalanes, de las aspiraciones independentistas; así pues, siempre que éstas son cercanas, palpables, ciertas, es la formación que sale beneficiada. Porque ERC es, por así decirlo, la formación que muchos catalanes quieren, unos; y esperan, otros, ver al frente de una Cataluña escindida.

Artur Mas ha pensado, tal es mi opinión, que las décadas de pujolismo habían dejado atrás esta característica crónica del catalanismo, esta manía repetitiva de volver la vista hacia Esquerra cada vez que las cosas van en serio. Ha pensado que CiU se había convertido en el PNV, esto es en el referente histórico de su nacionalismo (condición que, de todas formas, está por ver que logre conservar); y se ha equivocado. 

El pujolismo, además, ha olvidado, supongo que conscientemente, una máxima seminal del catalanismo conservador, que instila todas las páginas pares, y las impares también , tanto de las obras de Cambó como todas las buenas que se han realizado sobre él: el nacionalismo catalán siempre ha de tener una idea de España. La fuerza moral del catalanismo, de toda la vida conservador, ha sido precisamente ésa: no abandonar nunca el reto de opinar sobre lo que es mejor para España. Hoy hay un montón de personas, en radios, televisiones y barras de bar, repitiendo eso de que "entre el original y la copia, los independentistas catalanes han preferido el original". Y no les falta razón. Exento de una idea de España, exento de toda implicación en lo que ha de ser España, cómo va a evolucionar, qué tiene que impulsar y qué abandonar;  exento de todo eso, digo, CiU se convierte en una simple fuerza política que lo que quiere es separarse. Irse. Y, para eso, hace mucho más pandán votarle al que siempre, desde Manresa, desde La Habana, desde Nuria, ha dicho eso mismo.

Last, but not least, supongo que los gestores de estas elecciones a destiempo tendrán que valorar el enorme plus de imagen internacional que va a tener Cataluña en el mundo, a partir del mes que viene, cuando se constituya el Parlamento catalán y se vea claro que en el mismo hay tres diputados antisistema. Estoy seguro que el Frankfurter Allgemeine Zeitung va a saludar el detalle con grandes alharacas, constatando que es la mejor prueba de que Cataluña es mucho más seria y estable que España.

Es mi opinión que el líder de CiU pagará con su futuro político tamaña cagada. Es posible que no pase, porque el masismo es pujolismo reciclado, aunque sólo sea porque está alimentado a tope por la famiglia, así pues lleva mucha gente detrás que no tendrá demasiadas ganas de perder soporte vital. Pero Artur Mas ha colocado a su formación en la posición más jodida de su breve historia: condenado a gobernar con quien menos desearía; con un tipo al que, para más irni, ya engañó una vez, así pues está resabiao.

Estas elecciones han supuesto, una vez vistos los resultados, que Convergència i Unió se ha tragado una tenia a propósito. A sabiendas, se ha metido por el coleto una lombriz que sabe que se va a instalar en su intestino y se va a alimentar de una porción nada desdeñable de lo que engulla (la dejará sola con sus recortes, y caminará a su lado por la montaña rusa de la demagogia secesionista). Por todo esto, porque lo tenía que estar viendo venir, es por lo que Artur Mas redobló, en los últimos días de la campaña, los mensajes sobre la necesidad de una mayoría suficiente para él, no para el sueño secesionista.

CiU se ha disparado en el pie de la forma más tonta. Y no deberíamos echar en saco roto el dato de que esto es algo que ha pasado en la política española dos veces en apenas un par de parpadeos; porque lo mismo, exactamente lo mismo, hizo ese otro cráneo previlegiado estratégico llamado Francisco Álvarez-Cascos.

Don Françesc debe estar revolviéndose en la tumba mientras masculla: Sereu capolls!