miércoles, abril 27, 2016

Estados Unidos (26)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson


Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur, y peor que se pusieron las cosas cuando el follón de la Kansas-Nebraska Act. A partir de aquí, ya hemos ido derechitos hacia la secesión, que llegó cuando llegó Lincoln. Lo cual nos ha llevado a explicar cómo se configuró cada bando ante la guerra.

Comenzando la guerra, hemos pasado de Bull Run a Antietam

lunes, abril 25, 2016

Forajidos de leyenda: Jesse James

De todos los mitos falsarios creados por la cultura popular estadounidense, probablemente el de Jesse James es el más falsario de todos. Jesse James, y los muchos folletines y libritos que se escribieron con sus presuntas historias, es, en buena parte, el responsable de que esa pandilla de palurdos esclavistas, rednecks aculturados, violadores, bebedores, no pocas veces sádicos personajes que llamamos pistoleros, tengan buena prensa (no se si lo he escrito alguna vez, pero me estomaga bastante la buena prensa que suelen tener pistoleros y piratas).

La culpa, ya digo, es de W. W. Beauchamp, ese personaje gordito y cobarde de Unforgiven, la obra maestra de Clint Eastwood, interpretado por el siempre aseado Saul Rubinek. Beauchamp recorre el Oeste de escudero cultural de English Bob (Richard Harris), inventándose la vida de un pistolero de leyenda que ni existe ni nunca existió, como en memorable escena se ocupa de informarle el sheriff Little Bill Daggett (Gene Hackman). Los Beauchamp de aquellos tiempos, que fueron muchos, crearon el mito de pistoleros que siempre disparaban de frente y que bla y bla. Para cuando llegaron Sergio Leone y los suyos, el mundo occidental ya estaba fascinado con los vaqueros del Oeste, y estaba dispuesto a creerse todas las imbecilidades que, durante cuarenta años más o menos, les contaron los guionistas de Hollywood Ad Maiorem Dollari Gloriam. Y, entre estas historias, nos colaron ésa de que Jesse James era un tipo presentable, que cuando lo mataron había decidido redimirse, y que, de todas maneras, siempre robaba a los ricos para dárselo a los pobres.

Jesse James es teóricamente famoso, también, por el hecho de que, por muchos robos que perpetró, jamás mató a nadie. Falso. En los atracos de la banda James-Younger hubo frecuentes tiroteos, en los cuales murieron trabajadores de los bancos e incluso meros transeúntes; y resulta imposible de asumir que Jesse James no tuviese nada que ver con ellos. Eso sí, después de cada robo con muerte de alguien, Jesse se preocupaba de enviar cartas a los periódicos afirmando su inocencia y construyendo algún tipo de coartada.

La historia de James es increíble cuando estaba vivo; pero la que se desarrolló, y se desarrolla, tras su muerte, lo es más. A ver si consigo contárosla sin aburriros.