miércoles, abril 26, 2017

Trento (19)

ecuerda que en esta serie hemos hablado ya, en plan de introducción, del putomiérdico estado en que se encontraba la Europa católica cuando empezó a amurcar la Reforma y la reacción bottom-up que generó en las órdenes religiosas, de los camaldulenses a los teatinos. Luego hemos empezado a contar las andanzas de la Compañía de Jesús, así como su desarrollo final como orden al servicio de la Iglesia. Luego hemos pasado a los primeros pasos de la Inquisición en Italia y su intensificación bajo el pontificado del cardenal Caraffa y la posterior saña con que se desempeñó su sucesor, Pío IV, hasta conseguir que la Inquisición dejase Italia hecha unos zorros.

A partir de ahí, hemos pasado a ver los primeros pasos de la idea del concilio y, al trantrán, hemos llegado hasta su constitución formal. Pero esa constitución fue tan problemática que pronto surgió el fantasma del traslado del concilio.

En ese punto del relato, hicimos un alto para realizar un interludio estético. Pasadas las vacaciones, hemos abordado la apertura del concilio y las maniobras papales para arrimar el ascua a su sardina. De hecho, el Papa maniobró, en contra de los intereses imperiales, para que Trento le pusiera la proa desde el primer momento a los reformados, y luego intentó, sin éxito, sacar el concilio de Trento. El enfrentamiento fue de mal en peor hasta que, durante la discusión sobre la residencia de los obispos, se montó la mundial; el posterior empeño papal en trasladar el concilio colocó a la Iglesia al borde de un cisma. El emperador, sin embargo, supo hacer valer la fuerza de sus victorias.

Pablo III, en los tiempos en los que el cardenal Madruzzo estuvo en Roma, estaba en horas bajas. Las exigencias del emperador eran insultantes a sus ojos; pero es que, además, hay que unir que a sus perentorias demandas de devolución de la fortaleza de Piacenza, el obispo de Trento no ofreció apenas ni medias palabras. Por lo demás, tenía claro que las reclamaciones de Carlos, de ser aceptadas, tendrían como corolario la llegada a Trento de los obispos protestantes; y ésa era una imagen que, simplemente, ni soportaba ni podía permitirse.

lunes, abril 24, 2017

EEUU (50)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur, y peor que se pusieron las cosas cuando el follón de la Kansas-Nebraska Act. A partir de aquí, ya hemos ido derechitos hacia la secesión, que llegó cuando llegó Lincoln. Lo cual nos ha llevado a explicar cómo se configuró cada bando ante la guerra.

Comenzando la guerra, hemos pasado de Bull Run a Antietam, para pasar después a la declaración de emancipación de Lincoln y sus consecuencias; y, ya después, al final de la guerra e, inmediatamente, el asesinato de Lincoln.

Aunque eso no era sino el principio del problema. La reconstrucción se demostró difícil, amén de preñada de enfrentamientos entre la Casa Blanca y el Congreso. A esto siguió el parto, nada fácil, de la décimo cuarta enmienda. Entrando ya en una fase más normalizada, hemos tenido noticia del muy corrupto mandato del presidente Grant. Que no podía terminar sino de forma escandalosa que el bochornoso escrutinio de la elección Tilden-Hayes.

Aprovechando que le mandato de Rutherford Hayes fue como aburridito, hemos empezado a decir cosas sobre el desarrollo económico de las nuevas tierras de los EEUU, con sus vacas, aceros y pozos de petróleo. Y, antes de irnos de vacaciones, nos hemos embarcado en algunas movidas, la principal de ellas la reforma de los ferrocarriles del presi Grover Cleveland. Ya de vuelta, hemos contado los turbulentos años del congreso de millonarios del presidente Harrison, y su política que le llevó a perder las elecciones a favor, otra vez, de Cleveland. Después nos hemos enfrentado al auge del populismo americano y, luego, ya nos hemos metido de lleno en el nacimiento del imperialismo y la guerra contra España, que marca el comienzo de la fase imperialista del país, incluyendo la política asiática y la construcción del canal de Panamá.


Tras ello nos hemos metido en una reflexión sobre hasta qué punto la presidencia de Roosevelt supuso la aplicación de ideas de corte reformador o progresista, evolución ésta que provocó sus más y sus menos en el bando republicano. Luego hemos pasado ya a la implicación estadounidense en la Gran Guerra, el final de ésta y la cruzada del presidente a favor de la Liga de las Naciones. Luego hemos pasado a la (primera) etapa antiinmigración hasta la llegada de Hoover, quien se las prometía muy felices pero se encontró con la Gran Depresión , que trajo a Roosevelt y sus primeras medidas destinadas a reactivar la economía, así como el nacimiento de la legislación social americana y el desarrollo propiamente dicho del New Deal.

Abordando ahora los temas de política internacional en entreguerras, aunque existe la imagen de que tras la primera guerra mundial, el mundo se embarcó en unos años de pasotismo y carpe diem, lo cierto es no fue así, ni siquiera para los Estados Unidos, que estaban en condiciones de relajarse en mucha mayor medida que las naciones europeas.

martes, abril 18, 2017

Un libro triste (que no un triste libro)




Qué: 1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular.
Quién: Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García.
Con quién: Espasa-Calpe.
Cuánto: 12,34 pavos en Kindle.
Nota: 9 sobre 10.

lunes, abril 10, 2017

Trento (18)

Recuerda que en esta serie hemos hablado ya, en plan de introducción, del putomiérdico estado en que se encontraba la Europa católica cuando empezó a amurcar la Reforma y la reacción bottom-up que generó en las órdenes religiosas, de los camaldulenses a los teatinos. Luego hemos empezado a contar las andanzas de la Compañía de Jesús, así como su desarrollo final como orden al servicio de la Iglesia. Luego hemos pasado a los primeros pasos de la Inquisición en Italia y su intensificación bajo el pontificado del cardenal Caraffa y la posterior saña con que se desempeñó su sucesor, Pío IV, hasta conseguir que la Inquisición dejase Italia hecha unos zorros.

A partir de ahí, hemos pasado a ver los primeros pasos de la idea del concilio y, al trantrán, hemos llegado hasta su constitución formal. Pero esa constitución fue tan problemática que pronto surgió el fantasma del traslado del concilio.

En ese punto del relato, hicimos un alto para realizar un interludio estético. Pasadas las vacaciones, hemos abordado la apertura del concilio y las maniobras papales para arrimar el ascua a su sardina. De hecho, el Papa maniobró, en contra de los intereses imperiales, para que Trento le pusiera la proa desde el primer momento a los reformados, y luego intentó, sin éxito, sacar el concilio de Trento. El enfrentamiento fue de mal en peor hasta que, durante la discusión sobre la residencia de los obispos, se montó la mundial; el posterior empeño papal en trasladar el concilio colocó a la Iglesia al borde de un cisma.


El traslado del concilio de Trento a Bolonia fue, en realidad, mucho más que un traslado. Más que un cisma, incluso: respondió a la convicción del Papa Pablo III de que, por fin, podía hacer lo que llevaba años ambicionando: romper con el emperador Carlos.

miércoles, abril 05, 2017

La desamortización (Mendizábal y Madoz)

Tras los primeros intentos desamortizadores, que se produjeron más o menos en la esquina entre los siglos XVIII y XIX, llegó para la Historia de España un periodo de silencio en esta materia, provocado sobre todo por la guerra y por el viraje absolutista que tomó la España victoriosa de su revolución. Sin embargo, las corrientes liberales e ilustradas estaban ahí y el problema, como el dinosaurio de Monterroso, también. España tenía un problema grave derivado de su hiperreligiosidad social y de las consecuencias que ésta tenía para la estructura de la propiedad y la propia capacidad del país para progresar. Sólo era cuestión de tiempo que se plantease de nuevo.

lunes, abril 03, 2017

¡Señor alcalde, alto a la Guardia Civil!

Hay un hecho incontrovertible aunque mucha gente no lo sepa, y es que el peor enemigo de un gobernante es otro gobernante. La gente normalmente piensa que la respuesta a la pregunta es: la oposición; pero, la verdad, la oposición, las más de las veces, es tan solo un ente vociferante que se lleva las victorias en alguna prensa y en las redes sociales; y con eso le ha de bastar, porque le falta el elemento esencial de todo político, que es el poder de firmar en los boletines oficiales.

miércoles, marzo 29, 2017

Algunas notas sobre la Antártida

La Antártida supone muchas cosas, pero la primera de ellas es que es la última terra incognita que ha descubierto el hombre; la última porción de nuestro planeta sobre cuya propiedad y soberanía han tenido que preguntarse los juristas y los gobernantes. Además, es la única cuyo tema se ha planteado en un momento histórico en el que, por retirada definitiva de los sentimientos colonialistas, los países no estaban por la labor de tratar de hacerla suya por la invasión. Esta combinación de factores ha permitido el estatus actual de este subcontinente, pues es una tierra sobre la cual las naciones que se sienten con derecho han renunciado a reclamar su soberanía. Pero ése, la verdad, es un estatus bastante inestable en el largo plazo. Lo que yo quiero explicaros aquí son algunas cosas sobre cómo se desarrolló ese conflicto jurídico.

lunes, marzo 27, 2017

Trento (17)

Recuerda que en esta serie hemos hablado ya, en plan de introducción, del putomiérdico estado en que se encontraba la Europa católica cuando empezó a amurcar la Reforma y la reacción bottom-up que generó en las órdenes religiosas, de los camaldulenses a los teatinos. Luego hemos empezado a contar las andanzas de la Compañía de Jesús, así como su desarrollo final como orden al servicio de la Iglesia. Luego hemos pasado a los primeros pasos de la Inquisición en Italia y su intensificación bajo el pontificado del cardenal Caraffa y la posterior saña con que se desempeñó su sucesor, Pío IV, hasta conseguir que la Inquisición dejase Italia hecha unos zorros.

A partir de ahí, hemos pasado a ver los primeros pasos de la idea del concilio y, al trantrán, hemos llegado hasta su constitución formal. Pero esa constitución fue tan problemática que pronto surgió el fantasma del traslado del concilio.

En ese punto del relato, hicimos un alto para realizar un interludio estético. Pasadas las vacaciones, hemos abordado la apertura del concilio y las maniobras papales para arrimar el ascua a su sardina. De hecho, el Papa maniobró, en contra de los intereses imperiales, para que Trento le pusiera la proa desde el primer momento a los reformados, y luego intentó, sin éxito, sacar el concilio de Trento. El enfrentamiento fue de mal en peor hasta que, durante la discusión sobre la residencia de los obispos, se montó la mundial.

Ya más tranquilas las cosas tras el bochornoso espectáculo producido tras la intervención de Braccio Martelli, la séptima sesión solemne del concilio tuvo lugar el 5 de marzo de 1547. Se publicaron los decretos sobre los sacramentos y sobre la residencia de los obispos. En este último caso, la cuestión básica se orillaba con elegancia, puesto que el texto no se pronunciaba sobre la obligación de residir en la diócesis es de origen divino o humano. Se limitaba a prohibir la reunión en la misma persona de diferentes obispados, parroquias u otros beneficios eclesiásticos. Establecía que todo obispo designado debería hacerse consagrar como tal en los seis meses siguientes a la designación. Se otorgaba a los obispos el poder de reformar las iglesias de su parroquia, así como su capítulo catedralicio. Eran prescripciones bastante buenas, pero en la realidad la autoridad del Papa quedó impoluta, por lo que la puerta a los abusos permaneció abierta.

miércoles, marzo 22, 2017

La entrega de Göring

Algún día, espero no que no muy lejano, debería yo ocupar una serie de artículos al final de la segunda guerra mundial. Pocas personas, me da la impresión, saben que el día de la victoria sobre Alemania es celebrada en días distintos por los aliados occidentales y el aliado oriental (sobre todo cuando era la URSS), y los porqués de esa diferencia. Es una historia interesante, como interesante es, casi siempre, la historia de cómo se terminan las guerras; aunque por lo general estemos más interesados en conocer cómo empiezan. 

miércoles, marzo 15, 2017

EEUU (49)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur, y peor que se pusieron las cosas cuando el follón de la Kansas-Nebraska Act. A partir de aquí, ya hemos ido derechitos hacia la secesión, que llegó cuando llegó Lincoln. Lo cual nos ha llevado a explicar cómo se configuró cada bando ante la guerra.

Comenzando la guerra, hemos pasado de Bull Run a Antietam, para pasar después a la declaración de emancipación de Lincoln y sus consecuencias; y, ya después, al final de la guerra e, inmediatamente, el asesinato de Lincoln.

Aunque eso no era sino el principio del problema. La reconstrucción se demostró difícil, amén de preñada de enfrentamientos entre la Casa Blanca y el Congreso. A esto siguió el parto, nada fácil, de la décimo cuarta enmienda. Entrando ya en una fase más normalizada, hemos tenido noticia del muy corrupto mandato del presidente Grant. Que no podía terminar sino de forma escandalosa que el bochornoso escrutinio de la elección Tilden-Hayes.

Aprovechando que le mandato de Rutherford Hayes fue como aburridito, hemos empezado a decir cosas sobre el desarrollo económico de las nuevas tierras de los EEUU, con sus vacas, aceros y pozos de petróleo. Y, antes de irnos de vacaciones, nos hemos embarcado en algunas movidas, la principal de ellas la reforma de los ferrocarriles del presi Grover Cleveland. Ya de vuelta, hemos contado los turbulentos años del congreso de millonarios del presidente Harrison, y su política que le llevó a perder las elecciones a favor, otra vez, de Cleveland. Después nos hemos enfrentado al auge del populismo americano y, luego, ya nos hemos metido de lleno en el nacimiento del imperialismo y la guerra contra España, que marca el comienzo de la fase imperialista del país, incluyendo la política asiática y la construcción del canal de Panamá.


Tras ello nos hemos metido en una reflexión sobre hasta qué punto la presidencia de Roosevelt supuso la aplicación de ideas de corte reformador o progresista, evolución ésta que provocó sus más y sus menos en el bando republicano. Luego hemos pasado ya a la implicación estadounidense en la Gran Guerra, el final de ésta y la cruzada del presidente a favor de la Liga de las Naciones. Luego hemos pasado a la (primera) etapa antiinmigración hasta la llegada de Hoover, quien se las prometía muy felices pero se encontró con la Gran Depresión , que trajo a Roosevelt y sus primeras medidas destinadas a reactivar la economía, así como el nacimiento de la legislación social americana. 

Las elecciones de 1936 encontraron al New Deal en lo mejor de su desarrollo. La popularidad de Roosevelt era incontestable a todo lo largo y ancho de la sociedad estadounidense. Los republicanos, que se reunieron en junio de aquel año en Cleveland, se empeñaron en montar una campaña milenarista bajo el concepto de que América estaba en peligro. Nominaron al gobernador Alfred M. Landon, de Kansas; quien fue a las elecciones acompañado de un editor de periódicos de Chicago, Frank Knox. Los demócratas, por su parte, lógicamente volvieron a nominar a FDR, y esta vez eligieron como su compañero a John N. Garner. Los partidarios del padre Coughlin y otros agitadores de la palabra crearon una tercera formación, el Union Party, que nominó a un congresista republicano de Dakota del Norte, William Lemke.

lunes, marzo 13, 2017

EEUU (48)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur, y peor que se pusieron las cosas cuando el follón de la Kansas-Nebraska Act. A partir de aquí, ya hemos ido derechitos hacia la secesión, que llegó cuando llegó Lincoln. Lo cual nos ha llevado a explicar cómo se configuró cada bando ante la guerra.

Comenzando la guerra, hemos pasado de Bull Run a Antietam, para pasar después a la declaración de emancipación de Lincoln y sus consecuencias; y, ya después, al final de la guerra e, inmediatamente, el asesinato de Lincoln.

Aunque eso no era sino el principio del problema. La reconstrucción se demostró difícil, amén de preñada de enfrentamientos entre la Casa Blanca y el Congreso. A esto siguió el parto, nada fácil, de la décimo cuarta enmienda. Entrando ya en una fase más normalizada, hemos tenido noticia del muy corrupto mandato del presidente Grant. Que no podía terminar sino de forma escandalosa que el bochornoso escrutinio de la elección Tilden-Hayes.

Aprovechando que le mandato de Rutherford Hayes fue como aburridito, hemos empezado a decir cosas sobre el desarrollo económico de las nuevas tierras de los EEUU, con sus vacas, aceros y pozos de petróleo. Y, antes de irnos de vacaciones, nos hemos embarcado en algunas movidas, la principal de ellas la reforma de los ferrocarriles del presi Grover Cleveland. Ya de vuelta, hemos contado los turbulentos años del congreso de millonarios del presidente Harrison, y su política que le llevó a perder las elecciones a favor, otra vez, de Cleveland. Después nos hemos enfrentado al auge del populismo americano y, luego, ya nos hemos metido de lleno en el nacimiento del imperialismo y la guerra contra España, que marca el comienzo de la fase imperialista del país, incluyendo la política asiática y la construcción del canal de Panamá.

Tras ello nos hemos metido en una reflexión sobre hasta qué punto la presidencia de Roosevelt supuso la aplicación de ideas de corte reformador o progresista, evolución ésta que provocó sus más y sus menos en el bando republicano. Luego hemos pasado ya a la implicación estadounidense en la Gran Guerra, el final de ésta y la cruzada del presidente a favor de la Liga de las Naciones. Luego hemos pasado a la (primera) etapa antiinmigración hasta la llegada de Hoover, quien se las prometía muy felices pero se encontró con la Gran Depresión , que trajo a Roosevelt y sus primeras medidas destinadas a reactivar la economía.

En todo caso, y como todo el mundo o casi todo el mundo sabe, el gran problema del New Deal fue el desempleo. Y un dato que normalmente se escamotea por parte de los voluntarios o involuntarios hagiógrafos de aquel programa económico es que apenas consiguió cosas en ese terreno. Franklin Delano Roosevelt heredó 12 millones de desempleados. Las muchas medidas adoptadas consiguieron apenas reducir esa cifra hasta menos de 8 millones en el año 1937, pero el desempleo volvió a crecer de forma explosiva en los años subsiguientes. En puridad, desconocemos el resultado final del New Deal, pues ese epílogo lo borró la segunda guerra mundial.

miércoles, marzo 08, 2017

La desamortización (primeros intentos)

En el siglo XVIII, al contrario de lo que nos dice el imaginario colectivo (e ignorante), España estaba preocupada, y sus elites lo estaban con ella. La gente imagina, bajo el palio del concepto Antiguo Régimen, a unos tipos metidos en sus grandes mansiones pasando totalmente de los males de la patria y disfrutando de sus privilegios. Esta imagen, como digo muy extendida incluso entre dizque maestros de la cosa, equivale a sostener que España, en el siglo XVIII, era un país de gilipollas. Porque hay que ser gilipollas para aspirar a que tu coche te lleve de un sitio a otro eternamente y, sin embargo, jamás hacerle ninguna labor de mantenimiento.

Lejos de lo que nos dice este imaginario, la España culta del siglo XVIII, y muy especialmente la gobernante, estaba preocupada por el hecho de que España no carburase como modelo económico. Muchos de aquellos españoles estaban perfectamente informados de cómo habían avanzado las teorías de la política económica; comenzaban a comprender que el mantra en el que se había sostenido la pretendida supremacía económica española, el acceso casi ilimitado a la plata, era un mantra de mierda (por no mencionar que el acceso a la plata era cada vez más limitado). Cualquier rey con dos dedos de frente comprendía que las razones del endeudamiento exponencial de España eran dos: los gastos excesivos (la que se tiene por razón única por muchos); y la incapacidad de allegar ingresos internamente. España necesitaba, lo diremos en términos actuales, una clase media, o algo que se le pareciese. Y, en aquellos momentos, esa clase media sólo podía salir del campo; luego llegaría una cosa llamada Revolución Industrial, que no es otra cosa que un proceso por el cual se descubre de que es mucho más fácil, más rápido y más multiplicador generar ese proceso en las ciudades. Pero eso, como digo, nos llegó mucho después.

lunes, marzo 06, 2017

Un laberinto argentino

Atenta la compañía, que este post me ha salido larguito.
Perdón para los impacientes.


Empezar a escribir este post es, en realidad, la confesión de un fracaso. Habitualmente, antes de comenzar a escribir un artículo en el blog paso un tiempo en el que me documento sobre el mismo pero, sobre todo, trato de comprenderlo; y nunca escribo hasta que esa comprensión alcanza un nivel mínimo. Mi objetivo en este blog es contar cosas y, contándolas, explicarlas. Pero para poder explicarlas antes debo entenderlas. Pero ahora estoy comenzando a escribir este post a sabiendas de que no entiendo, en realidad, de qué va.

Lo he intentado pero, a pesar de los años que han pasado y todas las lecturas y eso, confieso que no logro comprender la figura de Juan Domingo Perón; no entiendo el peronismo. No quiero decir que no lo comparta; en mi "oficio" de bloguero histórico entiendo muchas cosas que no comparto (la mayoría de las cosas sobre las que escribo, de hecho). Pero Perón, para mí, es tan inextricable como el tango. Es una canción de letra cadenciosa que dice muchas cosas a la vez, que provoca sentimientos encontrados. A mí el tango me enloquece y al mismo tiempo me genera una curiosa desazón. Ahora mismo, para escribir estas líneas, escucho a Francis Andreu como quien escucha un extraño canto en una lengua imposible.

Lo que mueve al lector de Historia es la curiosidad, y su triunfo se produce cuando la colma. Por las mismas, fracasa cada vez que, tras intentarlo, no consigue comprender aquello en lo que lo ha sumergido su curiosidad. Y yo, la verdad, puedo (creo) describir los hechos; pero comprenderlos, ay, amigo, eso ya es otra cosa. Vayamos con ello, en todo caso.

miércoles, marzo 01, 2017

Historias triviales (8)

71.- La carretela era un carruaje de cuatro ruedas tirado por caballos en el que podían viajar cuatro personas, enfrentadas dos a dos. Era un carruaje muy amplio y propio de aristócratas, y también era el «coche oficial» de los ministros y altos cargos de la Administración de la reina Isabel II. Durante los años previos a La Gloriosa que echó a la reina de España, por parte de fuerzas progresistas y republicanas se multiplicaron las declaraciones, artículos en la prensa y  folletines editados ex profeso, sobre el tema de las carretelas ministeriales. Se criticaba exactamente lo mismo que se critica ahora de los coches oficiales: que un ministro que entendiese las dificultades de la gente debería renunciar al carruaje oficial, y tal.

Finalmente, llegó la República. Pero los ministros, por cierto, no se bajaron de la carretela.

lunes, febrero 27, 2017

Ella y las cefeidas

Estamos en el año 1890. Para ser más concretos, estamos en una estancia amplia a la que se accede en el observatorio de la Universidad estadounidense de Harvard. Una estancia bastante silenciosa y comúnmente muy ordenada, donde cientos o miles de fotos del cielo estrellado eran examinadas. Este trabajo, hoy, lo hacen ordenadores especializados y de gran potencia. Pero a finales del siglo XIX no había computadores. Había que echar mano de otro tipo de actores en cualquier caso caracterizados por su meticulosidad, su paciencia y su eficiencia.

Sentado en las bancadas de la sala podemos ver a un pequeño ejército de mujeres.

jueves, febrero 23, 2017

Trento (16)

Recuerda que en esta serie hemos hablado ya, en plan de introducción, del putomiérdico estado en que se encontraba la Europa católica cuando empezó a amurcar la Reforma y la reacción bottom-up que generó en las órdenes religiosas, de los camaldulenses a los teatinos. Luego hemos empezado a contar las andanzas de la Compañía de Jesús, así como su desarrollo final como orden al servicio de la Iglesia. Luego hemos pasado a los primeros pasos de la Inquisición en Italia y su intensificación bajo el pontificado del cardenal Caraffa y la posterior saña con que se desempeñó su sucesor, Pío IV, hasta conseguir que la Inquisición dejase Italia hecha unos zorros.

A partir de ahí, hemos pasado a ver los primeros pasos de la idea del concilio y, al trantrán, hemos llegado hasta su constitución formal. Pero esa constitución fue tan problemática que pronto surgió el fantasma del traslado del concilio.

En ese punto del relato, hicimos un alto para realizar un interludio estético. Pasadas las vacaciones, hemos abordado la apertura del concilio y las maniobras papales para arrimar el ascua a su sardina. De hecho, el Papa maniobró, en contra de los intereses imperiales, para que Trento le pusiera la proa desde el primer momento a los reformados, y luego intentó, sin éxito, sacar el concilio de Trento.


El emperador había hecho uso de su poder terrenal para obligar a la Iglesia a no llevar a cabo sus designios, pero eso no quiere decir, necesariamente, que Roma aceptase los hechos así como así. El Habsburgo consideraba que su principal enemigo en Trento era el cardenal Cervino, y no se equivocaba pues éste era mucho más sutil, cabría decir que florentino, que su compañero Del Monte, sanguíneo y cabrón. Cervino era uno de esos tipos que creían en la máxima de los consultores de que un problema es, en realidad, una oportunidad. Para él, pues, el órdago imperial, que les obligaba a mantener abierta la botiga de Trento, era la oportunidad de seguir labrando la división entre católicos y protestantes que en el fondo iba buscando el Papa, sabedor de que era literalmente imposible que Carlos acabase por decantarse por el otro bando.

lunes, febrero 20, 2017

Crónica del rey doliente

Es una discusión habitual entre frikis de la Historia cuál fue el imperio más grande que ha conocido la Historia. Y las apuestas suelen concentrarse a favor del imperio macedonio, y con razón. Sin embargo, yo suelo matizar, en este punto, que el de Alejandro es el mayor imperio jamás creado, pero no el más grande desde un punto de vista, digamos, ético. A mí me parece que el imperio percibido como el mayor del mundo es el asirio del rey Asurbanipal. Y lo digo porque todos los indicios nos señalan que Asurbanipal tuvo la sensación de que dominaba el mundo entero, pues prácticamente todo el ecumene que conocían los asirios era tributario suyo. Esto es algo que ningún otro imperio ha conseguido nunca.

lunes, febrero 13, 2017

Los J'accuse españoles (Castelar)

Acabamos de ver la importancia que adquirió el artículo de Lorenzana en los primeros días de 1865, hasta el punto de ponderarlo como uno de los ejemplos en los que un trabajo periodístico de opinión ha podido hacer tambalear un sistema político. En el momento en que Lorenzana publicó sus palabras, en el momento en que toda la España políticamente ilustrada los copiaba y distribuía en versiones piratas, nadie podía imaginar que, poco tiempo después, otro ilustre escritor, Emilio Castelar, habría de dar otro aldabonazo desde las columnas de un periódico. Aldabonazo que, éste sí, terminó a hostia limpia. Estamos hablando de la hoy olvidada noche de San Daniel.

miércoles, febrero 08, 2017

Los J'accuse españoles (Lorenzana)

Hubo un tiempo en que un artículo en prensa podía aspirar incluso a derribar un gobierno. Claro que también hubo un tiempo en el que los periodistas sabían escribir. Vaya una cosa por la otra.

lunes, febrero 06, 2017

Cuando el criminal es un animal (literalmente)

La actitud del hombre medieval hacia los animales no es la misma que tenemos nosotros; algo que es importante comprender para todo aquél que se acerque a esa civilización y forma de ver el mundo. Para empezar, para muchos hombres medievales los comportamientos antropomorfos de los animales no eran algo imposible. Hay que entender que el hombre medieval creía que la serpiente le había hablado a Eva (aunque también hay que reconocer que mucha gente que tiene perro y gato cree que les entienden). Por otra parte, los animales formaban parte de la cotidianeidad de la gente. Los villanos vivían con sus animales, no los tenían apartados en establos, por lo que tenían una cotidianeidad con ellos. Una cotidianeidad que, por otra parte, también hacía que la posibilidad de que los animales les hiciesen daño era más elevada.

miércoles, febrero 01, 2017

EEUU (47)

ecuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur, y peor que se pusieron las cosas cuando el follón de la Kansas-Nebraska Act. A partir de aquí, ya hemos ido derechitos hacia la secesión, que llegó cuando llegó Lincoln. Lo cual nos ha llevado a explicar cómo se configuró cada bando ante la guerra.

Comenzando la guerra, hemos pasado de Bull Run a Antietam, para pasar después a la declaración de emancipación de Lincoln y sus consecuencias; y, ya después, al final de la guerra e, inmediatamente, el asesinato de Lincoln.

Aunque eso no era sino el principio del problema. La reconstrucción se demostró difícil, amén de preñada de enfrentamientos entre la Casa Blanca y el Congreso. A esto siguió el parto, nada fácil, de la décimo cuarta enmienda. Entrando ya en una fase más normalizada, hemos tenido noticia del muy corrupto mandato del presidente Grant. Que no podía terminar sino de forma escandalosa que el bochornoso escrutinio de la elección Tilden-Hayes.




Aprovechando que le mandato de Rutherford Hayes fue como aburridito, hemos empezado a decir cosas sobre el desarrollo económico de las nuevas tierras de los EEUU, con sus vacas, aceros y pozos de petróleo. Y, antes de irnos de vacaciones, nos hemos embarcado en algunas movidas, la principal de ellas la reforma de los ferrocarriles del presi Grover Cleveland. Ya de vuelta, hemos contado los turbulentos años del congreso de millonarios del presidente Harrison, y su política que le llevó a perder las elecciones a favor, otra vez, de Cleveland. Después nos hemos enfrentado al auge del populismo americano y, luego, ya nos hemos metido de lleno en el nacimiento del imperialismo y la guerra contra España, que marca el comienzo de la fase imperialista del país, incluyendo la política asiática y la construcción del canal de Panamá.

Tras ello nos hemos metido en una reflexión sobre hasta qué punto la presidencia de Roosevelt supuso la aplicación de ideas de corte reformador o progresista, evolución ésta que provocó sus más y sus menos en el bando republicano. Luego hemos pasado ya a la implicación estadounidense en la Gran Guerra, el final de ésta y la cruzada del presidente a favor de la Liga de las Naciones. Luego hemos pasado a la (primera) etapa antiinmigración hasta la llegada de Hoover, quien se las prometía muy felices pero se encontró con la Gran Depresión , que trajo a Roosevelt.

Todos los experimentos monetarios lanzados por la administración Roosevelt se basaron en una confianza en el mercado. Se partía de la base de que, si se producía una expansión monetaria, el mercado haría crecer los precios. Pero si una enseñanza dejó la Gran Depresión es que eso no es necesariamente cierto, lo cual dio alas a los teóricos que propugnaban que era necesaria una intervención estatal. La intervención estatal, sin embargo, también tiene sus toxicidades. En la búsqueda del correcto punto medio estuvimos ochenta y pico años hasta que una nueva crisis a lo bestia nos ha demostrado que no lo habíamos encontrado. Tal y como yo lo veo, si en 1929 lo que se pasó de frenada fue el mercado, en el 2008 fueron las intervenciones estatales. Pero, bueno, lo que estamos haciendo aquí es historiar a los Estados Unidos.

lunes, enero 30, 2017

EEUU (46)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur, y peor que se pusieron las cosas cuando el follón de la Kansas-Nebraska Act. A partir de aquí, ya hemos ido derechitos hacia la secesión, que llegó cuando llegó Lincoln. Lo cual nos ha llevado a explicar cómo se configuró cada bando ante la guerra.

Comenzando la guerra, hemos pasado de Bull Run a Antietam, para pasar después a la declaración de emancipación de Lincoln y sus consecuencias; y, ya después, al final de la guerra e, inmediatamente, el asesinato de Lincoln.

Aunque eso no era sino el principio del problema. La reconstrucción se demostró difícil, amén de preñada de enfrentamientos entre la Casa Blanca y el Congreso. A esto siguió el parto, nada fácil, de la décimo cuarta enmienda. Entrando ya en una fase más normalizada, hemos tenido noticia del muy corrupto mandato del presidente Grant. Que no podía terminar sino de forma escandalosa que el bochornoso escrutinio de la elección Tilden-Hayes.



Aprovechando que le mandato de Rutherford Hayes fue como aburridito, hemos empezado a decir cosas sobre el desarrollo económico de las nuevas tierras de los EEUU, con sus vacas, aceros y pozos de petróleo. Y, antes de irnos de vacaciones, nos hemos embarcado en algunas movidas, la principal de ellas la reforma de los ferrocarriles del presi Grover Cleveland. Ya de vuelta, hemos contado los turbulentos años del congreso de millonarios del presidente Harrison, y su política que le llevó a perder las elecciones a favor, otra vez, de Cleveland. Después nos hemos enfrentado al auge del populismo americano y, luego, ya nos hemos metido de lleno en el nacimiento del imperialismo y la guerra contra España, que marca el comienzo de la fase imperialista del país, incluyendo la política asiática y la construcción del canal de Panamá.

Tras ello nos hemos metido en una reflexión sobre hasta qué punto la presidencia de Roosevelt supuso la aplicación de ideas de corte reformador o progresista, evolución ésta que provocó sus más y sus menos en el bando republicano. Luego hemos pasado ya a la implicación estadounidense en la Gran Guerra, el final de ésta y la cruzada del presidente a favor de la Liga de las Naciones. Luego hemos pasado a la (primera) etapa antiinmigración hasta la llegada de Hoover.

En su discurso de toma de posesión, ya entrados en 1929, el presidente Herbert Hoover se felicitó de las muchas cosas buenas que le estaban pasando a los EEUU, pero se guardó de recordar que también tenían algunas preocupaciones que no debían olvidarse. En realidad, no fue ningún agorero. Hoover se refería a los problemas que se registraban para hacer valer la ley y desplegar la labor de los tribunales (habló de las “limitaciones adicionales que nos plantea la décimo octava enmienda). Sin embargo, como sabemos, en unos pocos meses los problemas fueron bien otros, y llegaron desde el flanco económico.

miércoles, enero 25, 2017

Trento (15)

Recuerda que en esta serie hemos hablado ya, en plan de introducción, del putomiérdico estado en que se encontraba la Europa católica cuando empezó a amurcar la Reforma y la reacción bottom-up que generó en las órdenes religiosas, de los camaldulenses a los teatinos. Luego hemos empezado a contar las andanzas de la Compañía de Jesús, así como su desarrollo final como orden al servicio de la Iglesia. Luego hemos pasado a los primeros pasos de la Inquisición en Italia y su intensificación bajo el pontificado del cardenal Caraffa y la posterior saña con que se desempeñó su sucesor, Pío IV, hasta conseguir que la Inquisición dejase Italia hecha unos zorros.

A partir de ahí, hemos pasado a ver los primeros pasos de la idea del concilio y, al trantrán, hemos llegado hasta su constitución formal. Pero esa constitución fue tan problemática que pronto surgió el fantasma del traslado del concilio.

En ese punto del relato, hicimos un alto para realizar un interludio estético. Pasadas las vacaciones, hemos abordado la apertura del concilio y las maniobras papales para arrimar el ascua a su sardina. De hecho, el Papa maniobró, en contra de los intereses imperiales, para que Trento le pusiera la proa desde el primer momento a los reformados.

Poner encima de la mesa el tema de la doctrina de la justificación venía a suponer doblar el órdago contra los protestantes. La Reforma emplazó la salvación de los hombres en su fe en los méritos de Jesucristo, no en los suyos propios. Por otro lado, plantear la discusión de que los obispos deberían residir en sus sedes episcopales era abrir la posibilidad de limitar de forma significativa la posibilidad de que los prelados, muy especialmente los cardenales, pudiesen acumular diócesis, lo cual quiere decir ingresos. Indirectamente, era un torpedo en la línea de flotación del poder de la Curia romana.