jueves, junio 22, 2017

Lectura: Brothers at arms



Quién: Larrie D. Ferreiro
Qué: Brothers at arms. American independence and the men of France and Spain who saved it.
Dónde: Random House USA
Cuánto: Unos 15 pavos, con descuentillo en el Kindle. Desconozco si hay versión en español, lo siento.
Nota: 9 sobre 10.

lunes, junio 19, 2017

Por qué la Transición mola

Estos días andamos de aniversario porque hace cuarenta años del día en el que algunos fueron a votar (a mí me quedaban tres para poder hacerlo). Es un aniversario de fuertes resonancias para todo aquél que vivió en el franquismo, pues para los contemporáneos de aquel régimen, en realidad, 40 años es un aniversario más importante que otros habitualmente más redondos, como el cincuentenario. La razón, valga esta explicación para aquel lector que no la pudo vivir, es que el concepto de 40 años de paz fue machaconamente utilizado por el tardofranquismo en su propaganda. Un régimen cada vez más débil y más cuestionado fuera de España (aunque no le faltaron en Europa apoyos o silencios tibios como los que ahora disfruta Nicolás Maduro) decidió recordarle cada día a los españoles de dónde venía y por qué había surgido; de ahí el mensaje relativo a las cuatro décadas de paz.

El constante machaconeo de los 40 años de paz acabó por meternos dentro de nuestras chavetas la cifra de 40 años como sinónimo de duración del franquismo, aunque si uno echa cuentas, no llegó. Por lo tanto, que ahora se cumplan 40 años desde el primer ejercicio de la democracia quiere decir que, más o menos, nuestra democracia es hoy tan joven, o tan vieja, como lo era el franquismo cuando lo metieron en un armón y lo subieron al Valle de los Caídos. He aquí el sentir básico de la celebración.

miércoles, junio 14, 2017

El reino celestial taiping

Hace no demasiados días hemos dejado a China bastante esconojadilla después de perder la llamada guerra del opio y tener que firmar el humillante tratado de Nankin. En efecto, la apertura de cuatro puertos comerciales a los ganadores occidentales supuso una gran debacle para la economía china, que no estaba en condiciones de competir con los productos occidentales y, cuando lo estaba, vio cómo sus competidores realizaban descaradas prácticas de dumping que les echaban del mercado.

lunes, junio 12, 2017

EEUU (58... ¡y final!)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur, y peor que se pusieron las cosas cuando el follón de la Kansas-Nebraska Act. A partir de aquí, ya hemos ido derechitos hacia la secesión, que llegó cuando llegó Lincoln. Lo cual nos ha llevado a explicar cómo se configuró cada bando ante la guerra.

Comenzando la guerra, hemos pasado de Bull Run a Antietam, para pasar después a la declaración de emancipación de Lincoln y sus consecuencias; y, ya después, al final de la guerra e, inmediatamente, el asesinato de Lincoln.

Aunque eso no era sino el principio del problema. La reconstrucción se demostró difícil, amén de preñada de enfrentamientos entre la Casa Blanca y el Congreso. A esto siguió el parto, nada fácil, de la décimo cuarta enmienda. Entrando ya en una fase más normalizada, hemos tenido noticia del muy corrupto mandato del presidente Grant. Que no podía terminar sino de forma escandalosa que el bochornoso escrutinio de la elección Tilden-Hayes.

Aprovechando que le mandato de Rutherford Hayes fue como aburridito, hemos empezado a decir cosas sobre el desarrollo económico de las nuevas tierras de los EEUU, con sus vacas, aceros y pozos de petróleo. Y, antes de irnos de vacaciones, nos hemos embarcado en algunas movidas, la principal de ellas la reforma de los ferrocarriles del presi Grover Cleveland. Ya de vuelta, hemos contado los turbulentos años del congreso de millonarios del presidente Harrison, y su política que le llevó a perder las elecciones a favor, otra vez, de Cleveland. Después nos hemos enfrentado al auge del populismo americano y, luego, ya nos hemos metido de lleno en el nacimiento del imperialismo y la guerra contra España, que marca el comienzo de la fase imperialista del país, incluyendo la política asiática y la construcción del canal de Panamá.

Tras ello nos hemos metido en una reflexión sobre hasta qué punto la presidencia de Roosevelt supuso la aplicación de ideas de corte reformador o progresista, evolución ésta que provocó sus más y sus menos en el bando republicano. Luego hemos pasado ya a la implicación estadounidense en la Gran Guerra, el final de ésta y la cruzada del presidente a favor de la Liga de las Naciones. Luego hemos pasado a la (primera) etapa antiinmigración hasta la llegada de Hoover, quien se las prometía muy felices pero se encontró con la Gran Depresión , que trajo a Roosevelt y sus primeras medidas destinadas a reactivar la economía, así como el nacimiento de la legislación social americana y el desarrollo propiamente dicho del New Deal.


Después de eso, hemos pasado a pensar un poco sobre los retos diplomáticos de entreguerras de los EEUU en Asia y Latinoamérica y, en general, la tensión aislacionista del país. Pero es un hecho que EEUU acabó implicado en la guerra, que tras costosas operaciones fue ganada tanto en el frente europeo como en el Pacífico. Terminada la guerra, hemos visto las primeras provisiones de organización tras el conflicto y, sobre todo, la política de contención del avance comunista en Europa, lo que provocó el desplazamiento de las tensiones a Asia y la guerra de Corea. Después hemos visto la labor de la Administración Eisenhower en materia de derechos civiles.

Si un asunto hay que puede competir con éxito con los derechos civiles a la hora de ganar el calificativo de asunto central de la presidencia de Eisenhower, ése es, sin duda alguna, la política exterior. No ha de extrañar, pues la presidencia del viejo general se produjo en todo lo gordo de la Guerra Fría, y la verdad que ésta empezó a darle problemas casi inmediatamente. En 1954, por ejemplo, casi todo el sureste asiático amenazó con caer en la zona de influencia comunista después de que los franceses, que llevaban implicados en una guerra en Indochina durante ocho años, llegaron a ese punto en el que se hizo evidente que iban a perder. Los enemigos de los franceses estaban siendo descaradamente ayudados por la China comunista, por lo que París busco de Washington un trato parecido que equilibrase las cosas.

miércoles, junio 07, 2017

Digesto iraní

Buenas. En una especie de edición especial del blog, he pensado que, con todo lo que está pasando en Irán, tal vez a algún lector le gustaría refrescar la descripción que ya se hizo aquí, en una serie de posts, de la revolución iraní. 

Aquí tienes todo aquel material conjuntado y levemente editado (unas 23 páginas en Word; lo digo por si lo quieres dejar ya antes de empezarlo y te ahorras el coñazo). 

À bientôt.




Supongo que todos estaremos de acuerdo si a la pregunta de cuál es la revolución más importante del siglo XX, contestamos que la Revolución Rusa. Sin embargo, no tengo tan claro que unos contertulios de dentro de cien o ciento cincuenta años estén de acuerdo con esa afirmación. Es posible, si todo sigue como va, que dentro de ese tiempo la revolución tenida por más importante, por duradera y generadora de consecuencias, sea la revolución islamista; o sea, Irán y otras cosas que ocurrieron antes, durante y después de la revolución jomeinista. No me extrañaría demasiado que dentro de cien años poco o nada quede del marxismo ortodoxo y, sin embargo, es más que probable que la ley coránica siga aplicándose en muchos lugares como se aplica hoy en día, y que el islamismo siga siendo una entidad política de orden mundial. Por esta razón, a mi modo de ver, es adecuado que volvamos la vista hacia el Irán de finales de los setenta y repasemos un poco los presupuestos y praxis de aquella revolución.

EEUU (57)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur, y peor que se pusieron las cosas cuando el follón de la Kansas-Nebraska Act. A partir de aquí, ya hemos ido derechitos hacia la secesión, que llegó cuando llegó Lincoln. Lo cual nos ha llevado a explicar cómo se configuró cada bando ante la guerra.

Comenzando la guerra, hemos pasado de Bull Run a Antietam, para pasar después a la declaración de emancipación de Lincoln y sus consecuencias; y, ya después, al final de la guerra e, inmediatamente, el asesinato de Lincoln.

Aunque eso no era sino el principio del problema. La reconstrucción se demostró difícil, amén de preñada de enfrentamientos entre la Casa Blanca y el Congreso. A esto siguió el parto, nada fácil, de la décimo cuarta enmienda. Entrando ya en una fase más normalizada, hemos tenido noticia del muy corrupto mandato del presidente Grant. Que no podía terminar sino de forma escandalosa que el bochornoso escrutinio de la elección Tilden-Hayes.

Aprovechando que le mandato de Rutherford Hayes fue como aburridito, hemos empezado a decir cosas sobre el desarrollo económico de las nuevas tierras de los EEUU, con sus vacas, aceros y pozos de petróleo. Y, antes de irnos de vacaciones, nos hemos embarcado en algunas movidas, la principal de ellas la reforma de los ferrocarriles del presi Grover Cleveland. Ya de vuelta, hemos contado los turbulentos años del congreso de millonarios del presidente Harrison, y su política que le llevó a perder las elecciones a favor, otra vez, de Cleveland. Después nos hemos enfrentado al auge del populismo americano y, luego, ya nos hemos metido de lleno en el nacimiento del imperialismo y la guerra contra España, que marca el comienzo de la fase imperialista del país, incluyendo la política asiática y la construcción del canal de Panamá.

Tras ello nos hemos metido en una reflexión sobre hasta qué punto la presidencia de Roosevelt supuso la aplicación de ideas de corte reformador o progresista, evolución ésta que provocó sus más y sus menos en el bando republicano. Luego hemos pasado ya a la implicación estadounidense en la Gran Guerra, el final de ésta y la cruzada del presidente a favor de la Liga de las Naciones. Luego hemos pasado a la (primera) etapa antiinmigración hasta la llegada de Hoover, quien se las prometía muy felices pero se encontró con la Gran Depresión , que trajo a Roosevelt y sus primeras medidas destinadas a reactivar la economía, así como el nacimiento de la legislación social americana y el desarrollo propiamente dicho del New Deal.


Después de eso, hemos pasado a pensar un poco sobre los retos diplomáticos de entreguerras de los EEUU en Asia y Latinoamérica y, en general, la tensión aislacionista del país. Pero es un hecho que EEUU acabó implicado en la guerra, que tras costosas operaciones fue ganada tanto en el frente europeo como en el Pacífico. Terminada la guerra, hemos visto las primeras provisiones de organización tras el conflicto y, sobre todo, la política de contención del avance comunista en Europa, lo que provocó el desplazamiento de las tensiones a Asia y la guerra de Corea

Y bien: ahí estaban los republicanos, por primera vez en el poder desde que Estados Unidos se asomó al balcón de la crisis del 29. Ike comenzó su mandato (en realidad, cumplió antes de comenzarlo, pues lo hizo un mes después de ser elegido) llevando a cabo su principal promesa electoral: volar personalmente a Corea para resolver el bloqueo de la guerra. Cumplió aunque, eso sí, como ya os he contado la cosa llevó su tiempo, hasta el 27 de julio de 1953. En términos generales y en casa, Eisenhower se mostró desde el primer momento como uno de esos presidentes permeables (de los que no suele haber en la política europea) mucho más dispuesto a pactar y acordar con los más conservadores de su oposición demócrata que con sus propios correligionarios ultra-conservadores, esto es, básicamente los que hubieran preferido a Taft de candidato.

lunes, junio 05, 2017

EEUU (56)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur, y peor que se pusieron las cosas cuando el follón de la Kansas-Nebraska Act. A partir de aquí, ya hemos ido derechitos hacia la secesión, que llegó cuando llegó Lincoln. Lo cual nos ha llevado a explicar cómo se configuró cada bando ante la guerra.

Comenzando la guerra, hemos pasado de Bull Run a Antietam, para pasar después a la declaración de emancipación de Lincoln y sus consecuencias; y, ya después, al final de la guerra e, inmediatamente, el asesinato de Lincoln.

Aunque eso no era sino el principio del problema. La reconstrucción se demostró difícil, amén de preñada de enfrentamientos entre la Casa Blanca y el Congreso. A esto siguió el parto, nada fácil, de la décimo cuarta enmienda. Entrando ya en una fase más normalizada, hemos tenido noticia del muy corrupto mandato del presidente Grant. Que no podía terminar sino de forma escandalosa que el bochornoso escrutinio de la elección Tilden-Hayes.

Aprovechando que le mandato de Rutherford Hayes fue como aburridito, hemos empezado a decir cosas sobre el desarrollo económico de las nuevas tierras de los EEUU, con sus vacas, aceros y pozos de petróleo. Y, antes de irnos de vacaciones, nos hemos embarcado en algunas movidas, la principal de ellas la reforma de los ferrocarriles del presi Grover Cleveland. Ya de vuelta, hemos contado los turbulentos años del congreso de millonarios del presidente Harrison, y su política que le llevó a perder las elecciones a favor, otra vez, de Cleveland. Después nos hemos enfrentado al auge del populismo americano y, luego, ya nos hemos metido de lleno en el nacimiento del imperialismo y la guerra contra España, que marca el comienzo de la fase imperialista del país, incluyendo la política asiática y la construcción del canal de Panamá.

Tras ello nos hemos metido en una reflexión sobre hasta qué punto la presidencia de Roosevelt supuso la aplicación de ideas de corte reformador o progresista, evolución ésta que provocó sus más y sus menos en el bando republicano. Luego hemos pasado ya a la implicación estadounidense en la Gran Guerra, el final de ésta y la cruzada del presidente a favor de la Liga de las Naciones. Luego hemos pasado a la (primera) etapa antiinmigración hasta la llegada de Hoover, quien se las prometía muy felices pero se encontró con la Gran Depresión , que trajo a Roosevelt y sus primeras medidas destinadas a reactivar la economía, así como el nacimiento de la legislación social americana y el desarrollo propiamente dicho del New Deal.


Después de eso, hemos pasado a pensar un poco sobre los retos diplomáticos de entreguerras de los EEUU en Asia y Latinoamérica y, en general, la tensión aislacionista del país. Pero es un hecho que EEUU acabó implicado en la guerra, que tras costosas operaciones fue ganada tanto en el frente europeo como en el Pacífico. Terminada la guerra, hemos visto las primeras provisiones de organización tras el conflicto y, sobre todo, la política de contención del avance comunista en Europa.

La doctrina de la contención funcionó bastante bien en Europa, por no decir muy bien. Pero eso no hizo sino desplazar el centro de gravedad de los enfrentamientos que conocemos como Guerra Fría hacia Asia. En 1949, China cayó bajo el poder de los comunistas, y eso cambió las cosas. Estados Unidos conocía bien a los comunistas chinos puesto que los había cortejado durante la segunda guerra mundial, para que trabajasen conjuntamente con los nacionalistas de Chiang Kai Chek en contra del Japón. Sin embargo, los comunistas no se vieron agasajados por ese cortejo y, de hecho, recibieron independientemente la rendición de Japón, hicieron su propio acopio de armamento y fueron escalando cada vez más sus enfrentamientos con los nacionalistas.

miércoles, mayo 31, 2017

Trento /(22)

Recuerda que en esta serie hemos hablado ya, en plan de introducción, del putomiérdico estado en que se encontraba la Europa católica cuando empezó a amurcar la Reforma y la reacción bottom-up que generó en las órdenes religiosas, de los camaldulenses a los teatinos. Luego hemos empezado a contar las andanzas de la Compañía de Jesús, así como su desarrollo final como orden al servicio de la Iglesia. Luego hemos pasado a los primeros pasos de la Inquisición en Italia y su intensificación bajo el pontificado del cardenal Caraffa y la posterior saña con que se desempeñó su sucesor, Pío IV, hasta conseguir que la Inquisición dejase Italia hecha unos zorros.

A partir de ahí, hemos pasado a ver los primeros pasos de la idea del concilio y, al trantrán, hemos llegado hasta su constitución formal. Pero esa constitución fue tan problemática que pronto surgió el fantasma del traslado del concilio.

En ese punto del relato, hicimos un alto para realizar un interludio estético. Pasadas las vacaciones, hemos abordado la apertura del concilio y las maniobras papales para arrimar el ascua a su sardina. De hecho, el Papa maniobró, en contra de los intereses imperiales, para que Trento le pusiera la proa desde el primer momento a los reformados, y luego intentó, sin éxito, sacar el concilio de Trento. El enfrentamiento fue de mal en peor hasta que, durante la discusión sobre la residencia de los obispos, se montó la mundial; el posterior empeño papal en trasladar el concilio colocó a la Iglesia al borde de un cisma. El emperador, sin embargo, supo hacer valer la fuerza de sus victorias. A partir de entonces, el Papa Pablo ya fue de cada caída hasta que la cascó, para ser sustituido por su fiel legado en Trento. El nuevo pontífice quiso mostrarse conciliador con el emperador y volvió a convocar el concilio, aunque no en muy buenas condiciones. La cosa no fue mal hasta que el legado papal comenzó a hacérselas de maniobrero.


El presidente de Trento estaba esperando agazapado y escondido detrás de dos de los siguientes asuntos que tenía encomendados el concilio, especialmente el segundo: el sacrificio de la misa y el sacramento del orden, que es aquél por el que una persona siente la llamada para dedicar su vida a Dios y que es, de hecho, una de esas cositas que resultan bastante difíciles de comprender de la Iglesia católica pues, por razones que Dios nunca ha explicado demasiado bien, sólo puede recaer en hombres.

lunes, mayo 29, 2017

Trento (21)

Recuerda que en esta serie hemos hablado ya, en plan de introducción, del putomiérdico estado en que se encontraba la Europa católica cuando empezó a amurcar la Reforma y la reacción bottom-up que generó en las órdenes religiosas, de los camaldulenses a los teatinos. Luego hemos empezado a contar las andanzas de la Compañía de Jesús, así como su desarrollo final como orden al servicio de la Iglesia. Luego hemos pasado a los primeros pasos de la Inquisición en Italia y su intensificación bajo el pontificado del cardenal Caraffa y la posterior saña con que se desempeñó su sucesor, Pío IV, hasta conseguir que la Inquisición dejase Italia hecha unos zorros.

A partir de ahí, hemos pasado a ver los primeros pasos de la idea del concilio y, al trantrán, hemos llegado hasta su constitución formal. Pero esa constitución fue tan problemática que pronto surgió el fantasma del traslado del concilio.



En ese punto del relato, hicimos un alto para realizar un interludio estético. Pasadas las vacaciones, hemos abordado la apertura del concilio y las maniobras papales para arrimar el ascua a su sardina. De hecho, el Papa maniobró, en contra de los intereses imperiales, para que Trento le pusiera la proa desde el primer momento a los reformados, y luego intentó, sin éxito, sacar el concilio de Trento. El enfrentamiento fue de mal en peor hasta que, durante la discusión sobre la residencia de los obispos, se montó la mundial; el posterior empeño papal en trasladar el concilio colocó a la Iglesia al borde de un cisma. El emperador, sin embargo, supo hacer valer la fuerza de sus victorias. A partir de entonces, el Papa Pablo ya fue de cada caída hasta que la cascó, para ser sustituido por su fiel legado en Trento. El nuevo pontífice quiso mostrarse conciliador con el emperador y volvió a convocar el concilio, aunque no en muy buenas condiciones.

Mientras las discusiones sobre la comunión en una o dos especies se desarrollaban en Trento, los obispos presentes también desarrollaban otra discusión que fue de gran importancia para el desarrollo de la Iglesia en las décadas y siglos posteriores: la relación entre la Curia romana y los obispados. Los padres reunidos en Trento acordaron que era necesario poner coto a la facilidad con la que los seglares y sacerdotes sometidos a la autoridad de un obispo podían, en la práctica, apelar a Roma. De esta manera, los obispos se blindaban contra la acusaciones y ceses más o menos arbitrarios; estos últimos, sin ir más lejos, dejaron de poder emitirse por tribunales eclesiásticos, sino que tenían que ser decretados por el Papa en persona.

miércoles, mayo 24, 2017

La guerra del opio

A finales del siglo XVIII, una Inglaterra que estaba casi en lo mejor de su poder internacional buscaba para sí misma eso que llamamos hoy la expansión global. Acababa de perder el control sobre sus preciosas colonias americanas, y miraba en otras direcciones para extender su influencia. Por esta razón, envió a a uno de sus diplomáticos, lord Macartney, a entrevistarse con el emperador de la China, Gaozong, con la instrucción de arrancarle un acuerdo comercial preferente.

Macartney creía estar yendo a ver al líder un país menor. Así pues, supongo que la actitud de los chinos le sorprendió un poco. En la barca con la que remontó el río Paije se había colocado un cartel en chino y, para su sorpresa, cuando el inglés logró que le dijeran lo que ponía, se enteró de que el texto era: Tributo de los bárbaros rojos (lo que más impresionaba entonces a los chinos de los europeos era que tuviesen el pelo rojo). Gaozong, puesto que Macartney se negó en redondo a hacer la ceremonia de todo embajador, esto es postrarse ante el rey y tocar el suelo con la frente, ni siquiera lo recibió en alguno de sus palacios pekineses; la entrevista tuvo lugar en una tienda de campaña. El emperador, además, rechazó todos los acuerdos ofrecidos por el inglés, y mostró un indisimulado desprecio hacia los regalos que éste le entregó.

Gaozong era anciano para entonces. Era el quinto emperador de la dinastía Qing, manchú de origen. Y gobernaba un país que estaba lejos de ser el saco de pailanes que Macartney y sus jefes creían. Desde mediados del siglo XVII, los Qing manchúes habían dominado el país y anexionado a sus propios dominios los de la dinastía Ming. Shengzu, Shizong y Gaozong, de hecho, conforman una lista de tres emperadores seguidos de gran calidad en el mando, tres buenos reyes cabría decir (y no es habitual que un imperio acumule tres listos seguidos, la verdad); tres tipos que, de hecho, construyeron una China que era más grande que la actual República Popular. Su poder, directo o a través de reinos vasallos, alcanzaba desde Siberia hasta Indochina. El siglo XVIII fue un siglo muy guapo para China, que prosperó rápidamente.

Para cuando Londres se fijó en aquel imperio, sin embargo, el que podríamos llamar modelo manchú o modelo Qing comenzaba a mostrar signos de agotamiento. El país estaba gobernado por una elite manchú que se guardaba mucho de mezclarse con la población china, si bien había adoptado por completo la jerarquizada liturgia imperial Ming, que conceptuaba al emperador como un hijo del Cielo. El país tenía un sistema fiscal abierto a la corrupción y la discriminación y, lo que es más importante, el tono tradicionalista que los manchúes habían aceptado para su organización imperial había tenido como consecuencia que el ejército se quedase progresivamente anticuado en términos globales; algo que los chinos pagarían muy caro durante el siglo XIX. Las fuerzas armadas, además, mantenían la discriminación social, ya que las Ocho Banderas, como se conocía a las divisiones operativas con importante capacidad bélica, estaban formadas únicamente por manchúes y mongoles; mientras que los chinos propiamente dichos sólo se podían enrolar en unidades de Bandera Verde, que eran una especie de guardia nacional provincial al mando del correspondiente gobernador. Soldados tenían muchos (en torno a un millón), pero su organización era muy deficiente y, sobre todo, sus defensas costeras daban pena.

Uno de los grandes fracasos de la política manchú, además, había sido la modernización económica. Aunque los emperadores Qing lucharon denonadamente contra el aldeanismo social confucionista, en el cual el mercader y el trabajador manual eran poco menos que tontospollas, lo cierto es que en torno al 80% de la población china vivía de la agricultura. A finales del siglo XVIII, algunos años malos para las cosechas y la evolución misma del sistema provocó las primeras tensiones sociales serias. En el campo surgieron los llamados bastones desnudos, aparceros sin oficio ni beneficio que se dedicaron al bandidaje y el saqueo. Los rebeldes o indignados fueron muy seriamente reprimidos por las Banderas Verdes; pero acabaron por cohesionarse y unirse en sociedades secretas. Las situadas más al norte del país tenían un fuerte contenido religioso, una especie de mesianismo sin mesías que propugnaba una catarsis tras la cual se impondría un reino celestial. Las del sur, conocidas como la Tríada, eran de contenido político y buscaban la expulsión de los manchúes y el regreso de los Ming.

Con el tiempo, además, los chinos, ya de por sí enormemente tradicionales y endogámicos, desarrollaron un rechazo de lo extranjero (europeo), a causa sobre todo de los primeros episodios de enfrentamiento. Los holandeses, por ejemplo, habían invadido Formosa; y los británicos, a mediados del siglo XVII, habían bombardeado Cantón. Sin embargo, los emperadorees siempre permitieron cierta actividad comercial, que se concentraba en Cantón, puesto que era el único puerto abierto algunos meses al año a los barcos extranjeros. Sin embargo, dado que China era por lo general autosuficiente y que además el imperio había impuesto la prohibición de exportar plata (pues no había mucha), en realidad aquel comercio era en una sola dirección.

Cuando la Compañía de las Indias Orientales, británica por supuesto, estableció una base en Singapur, para los ingleses se hizo evidente que necesitaban poder usar los puertos chinos para realizar su comercio y dar salida por ahí a la importante producción en la India. Los diferentes lobbies comerciales, el Ibex de su tiempo, presionaron a los políticos en Londres para que consiguiesen una política de puertas abiertas por parte del Imperio. Pero ya acabamos de ver la respuesta que recibieron de Gaozong. Otra embajada, presidida en 1816 por lord Amherst, ni siquiera fue recibida; el motivo, una vez más, fue la negativa del embajador británico a limpiar el suelo con la frente.

Así que los ingleses pasaron a hacer lo que mejor saben, esto es putear al que no les hace caso. Ya en 1808 habían bombardeado un fuerte cerca de Cantón. Sin embargo, no consiguieron gran cosa.

Sin embargo, algo había que hacer, porque ahora los ingleses tenían un interés enormemente lucrativo en la zona. El opio.

Los europeos que comenzaron a comerciar con opio fueron los portugueses en Goa, pero los ingleses rápidamente olieron el negocio. Las flores de adormidera se cultivaban en Bengala y otras zonas de la India y también era procesada allí. Comerciantes ingleses radicados en Cantón lo compraban y lo introducían en China. Desde finales del XVIII el Imperio, consciente de que el opio planteaba un serio problema de salud pública, venía legislando contra la venta y el consumo de la droga. Sin embargo, en 1835 se estima que había dos millones de colgados en China; y, lo que era peor para el Estado, el comercio de opio, casi monopolizado por los británicos (aunque algunos estadounidenses lo traían desde Turquía) había creado una economía sumergida que se ha llegado a estimar era el doble de la legal. Los británicos secaron China de plata, lo cual llevó a una revaluación  brutal de las monedas de cobre más modestas, generando una enorme pobreza entre las capas menos favorecidas.

En 1821, el Imperio se cansó de tanta tontería, y decidió echar de Cantón a los comerciantes del opio. Pero éstos no hicieron sino desplazarse a Lintín, una isla cercana.

En 1834, el gobierno británico acabó con el monopolio comercial en China de la Compañía de Indias. Nombró a un escocés, William John Napier, representante comercial británico. Napier se estableció en Cantón y comenzó a presionar a los chinos para conseguir concesiones comerciales. Pero no consiguió nada, y acabó marchándose a Macao.

Tras el fracaso de Napier, los británicos se limitaron a intensificar el tráfico de opio, mientras en la propia China las cosas comenzaban a cambiar. En la Corte, el partido tradicional, partidario de prohibir el consumo, comenzó a encontrarse con la oposición de los partidarios de la legalización. Ante un informe tremendista elaborado por uno de los miembros de la línea dura, el gobernador de Hubei Li Zexu, el emperador Daoguang decidió actuar. En diciembre de 1838, llamó a Li a la capital y le encomendó la lucha contra el opio. Casi al mismo tiempo, en Cantón, británicos y estadounidenses intentaron evitar la ejecución de un mercader local implicado en el tráfico del opio, y fueron apaleados por la turba. El 18 de marzo de 1839, Li Zexu llegó a Cantón y exigió a los británicos la entrega de todas las reservas de opio de la isla de Lintín, a lo que se negó el superintendente británico, Charles Elliot. Li sitió con sus soldados el barrio europeo, ante lo cual Elliot cedió. Li quemó más de 20.000 cajas de opio (10 o 20 millones de euros de hoy en día, calculo) y detuvo a 1.600 chinos relacionados con el tráfico.

Los barcos británicos salieron de Cantón y se fueron a Macao. Pero de allí también los expulsaron los chinos, razón por la cual se fueron Hong Kong. En julio hubo un incidente entre europeos y locales en el que murió un chino. Li exigió la entrega de los culpables y el regreso de los barcos ingleses a Cantón, pero los británicos se negaron. Los chinos, entonces, cortaron el suministro de alimentos a los europeos. En noviembre, barcos ingleses y chinos se enfrentaron en Chuanbi, y hubo más enfrentamientos. En enero de 1849 el gobierno chino, muy consciente de que iba a la guerra, cerró Cantón al comercio británico.

Desde el verano de 1839 se conocían los problemas chinos en Londres y las presiones eran muchas sobre el primer ministro Palmerston para que se hiciese algo. El cierre de Cantón fue la disculpa perfecta. En febrero de 1840, el gobierno dio la orden de enviar un pequeño ejército a China bajo el mando de Georges Elliot. Cuando llegaron vieron que los chinos habían reforzado las defensas cantonesas, por lo que decidieron atacar más al norte, en Zheijang. El 2 de julio desembarcaron en la isla de Zhoustan y tomaron la ciudad de Dinghai. Semanas más tarde, se presentaron en Tientsin. Desde allí enviaron un mensaje al emperador en el que exigían la legalización del comercio del opio, la reparación de los daños sufridos por los comerciantes, y la apertura de puertos chinos al comercio.

Ante el avance de los británicos, el emperador cedió. Depuso a Li Zexu y nombró a un noble manchú, Quishan, para que negociase con los británicos. El penipotenciario chino llegó a Cantón el 29 de noviembre de 1840 y comenzó unas largas negociaciones, de tipo chino, mientras al mismo tiempo reforzaba sus defensas. Los ingleses aguantaron lo justo hasta que en enero de 1841 atacaron por sorpresa. Los chinos pidieron la paz inmediatamente y firmaron el Tratado de Chuanbi, en el que se comprometieron a pagar seis millones de dólares-plata de indemnización por el opio destruido, a abrir el puerto de Cantón y a permitir el establecimiento británico en Hong Kong.

Aquello, sin embargo, era demasiado para el orgullo de los chinos. Daoguang, de hecho, seguía considerando al rey de Inglaterra como una especie de vasallo suyo. Así pues, repelió el tratado, cesó a Quishan, y declaró la guerra a Inglaterra.

Enterados los ingleses de la movida, el 25 de febrero tomaron el fuerte de Jumen, cerca de Cantón y en marzo se encontraba en las afueras de la propia capital provincial. Aceptó una tregua a cambio de reabrir el puerto al comercio europeo.

Sin embargo, pronto llegó el ejército chino, con unos 17.000 efectivos, al mando del sobrino del emperador, Yishan. El 21 de mayo, los chinos atacaron por la noche a la flota, pero fracasaron. Los ingleses respondieron cañoneando Cantón a cascoporro. Los chinos tuvieron que firmar de nuevo el Tratado de Chuanbi.

A pesar de todo esto, en Londres se pensaba que se estaba siendo demasiado blando con los chinos. Así que enviaron a un nuevo plenipotenciario, sir Henry Pottinger, abiertamente belicista. A sus órdenes, las tropas británicas saquearon en agosto el puerto de Xiamen y avanzaron por la costa hacia el norte, invadiendo puertos. El emperador encargó a uno de sus generales, Yijing, la expulsión de los ingleses. Pero Yijing se demostró como un general bastante poco capaz que, entre otras cosas, en su marcha hacia la costa paró un mes para descansar en Suzhou. El 10 de marzo de 1842, para colmo, en lugar de atacar por un punto decidió hacerlo por tres a la vez, dividiendo su fuerzas. Los ingleses los masacraron por partida triple.

En ese punto, la Corte imperial ya tenía claro que se tendría que bajar los pantalones. Pero Pottinger quería más. Avanzó por el Yangzi, aprovechando que había recibido refuerzos, y en julio ocupaba Shanghai. El 6 de agosto tomó Nankin. Sólo entonces aceptó negociar. Pekín le mandó un noble manchú, Quijing quien, el 29 de agosto, firmaba a bordo del buque Cornwallis el Tratado de Nankin, que daba fin a la guerra.

La bajada de pantalones fue hasta los tobillos. China entregaba en arriendo Hong Kong y, como sabemos, tardaría algún tiempito en recuperarlo. Pagaría 21 millones de dólares de compensaciones y abriría los puertos de Cantón, Xiamen, Fuzhou, Ningbo y Shanghai. Las tarifas aduaneras se reducían a un mero 5%. Inglaterra recibiría tratamiento de nación más favorecida y, lo que es más importante, los súbditos británicos recibían inmunidad jurídica y sólo podrían ser juzgados por su cónsul.

Tal muestra de debilidad provocó que automáticamente otras potencias occidentales exigiesen su trozo de tarta. En 1844, el Imperio Qing hubo de firmar acuerdos con Francia (Tratado de Huangpu) y con Estados Unidos (Tratado de Wangxia). China, en realidad, se convirtió en una colonia de estas tres potencias occidentales.

La cosa no termina aquí. Ésta sólo fue la primera guerra del opio. Otro día seguiremos fumando.

lunes, mayo 22, 2017

EEUU (55)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur, y peor que se pusieron las cosas cuando el follón de la Kansas-Nebraska Act. A partir de aquí, ya hemos ido derechitos hacia la secesión, que llegó cuando llegó Lincoln. Lo cual nos ha llevado a explicar cómo se configuró cada bando ante la guerra.

Comenzando la guerra, hemos pasado de Bull Run a Antietam, para pasar después a la declaración de emancipación de Lincoln y sus consecuencias; y, ya después, al final de la guerra e, inmediatamente, el asesinato de Lincoln.

Aunque eso no era sino el principio del problema. La reconstrucción se demostró difícil, amén de preñada de enfrentamientos entre la Casa Blanca y el Congreso. A esto siguió el parto, nada fácil, de la décimo cuarta enmienda. Entrando ya en una fase más normalizada, hemos tenido noticia del muy corrupto mandato del presidente Grant. Que no podía terminar sino de forma escandalosa que el bochornoso escrutinio de la elección Tilden-Hayes.

Aprovechando que le mandato de Rutherford Hayes fue como aburridito, hemos empezado a decir cosas sobre el desarrollo económico de las nuevas tierras de los EEUU, con sus vacas, aceros y pozos de petróleo. Y, antes de irnos de vacaciones, nos hemos embarcado en algunas movidas, la principal de ellas la reforma de los ferrocarriles del presi Grover Cleveland. Ya de vuelta, hemos contado los turbulentos años del congreso de millonarios del presidente Harrison, y su política que le llevó a perder las elecciones a favor, otra vez, de Cleveland. Después nos hemos enfrentado al auge del populismo americano y, luego, ya nos hemos metido de lleno en el nacimiento del imperialismo y la guerra contra España, que marca el comienzo de la fase imperialista del país, incluyendo la política asiática y la construcción del canal de Panamá.

Tras ello nos hemos metido en una reflexión sobre hasta qué punto la presidencia de Roosevelt supuso la aplicación de ideas de corte reformador o progresista, evolución ésta que provocó sus más y sus menos en el bando republicano. Luego hemos pasado ya a la implicación estadounidense en la Gran Guerra, el final de ésta y la cruzada del presidente a favor de la Liga de las Naciones. Luego hemos pasado a la (primera) etapa antiinmigración hasta la llegada de Hoover, quien se las prometía muy felices pero se encontró con la Gran Depresión , que trajo a Roosevelt y sus primeras medidas destinadas a reactivar la economía, así como el nacimiento de la legislación social americana y el desarrollo propiamente dicho del New Deal.


Después de eso, hemos pasado a pensar un poco sobre los retos diplomáticos de entreguerras de los EEUU en Asia y Latinoamérica y, en general, la tensión aislacionista del país. Pero es un hecho que EEUU acabó implicado en la guerra, que tras costosas operaciones fue ganada tanto en el frente europeo como en el Pacífico. Terminada la guerra, hemos visto las primeras provisiones de organización tras el conflicto.


Como es bien sabido, en 1945, dejando la guerra europea prácticamente cerrada, Franklin Delano Roosevelt la roscó y le dejó la presidencia a su número dos, Harry S. Truman. Truman era un político del Medio Oeste que apenas tenía experiencia internacional, aunque era un veterano de la Gran Guerra. Había sido un próspero pero modesto hombre de negocios en su Missouri natal hasta que entró en política. Como senador, presidió un comité para la revisión de los contratos bélicos donde se ganó un nombre.

miércoles, mayo 17, 2017

EEUU (54)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur, y peor que se pusieron las cosas cuando el follón de la Kansas-Nebraska Act. A partir de aquí, ya hemos ido derechitos hacia la secesión, que llegó cuando llegó Lincoln. Lo cual nos ha llevado a explicar cómo se configuró cada bando ante la guerra.

Comenzando la guerra, hemos pasado de Bull Run a Antietam, para pasar después a la declaración de emancipación de Lincoln y sus consecuencias; y, ya después, al final de la guerra e, inmediatamente, el asesinato de Lincoln.

Aunque eso no era sino el principio del problema. La reconstrucción se demostró difícil, amén de preñada de enfrentamientos entre la Casa Blanca y el Congreso. A esto siguió el parto, nada fácil, de la décimo cuarta enmienda. Entrando ya en una fase más normalizada, hemos tenido noticia del muy corrupto mandato del presidente Grant. Que no podía terminar sino de forma escandalosa que el bochornoso escrutinio de la elección Tilden-Hayes.

Aprovechando que le mandato de Rutherford Hayes fue como aburridito, hemos empezado a decir cosas sobre el desarrollo económico de las nuevas tierras de los EEUU, con sus vacas, aceros y pozos de petróleo. Y, antes de irnos de vacaciones, nos hemos embarcado en algunas movidas, la principal de ellas la reforma de los ferrocarriles del presi Grover Cleveland. Ya de vuelta, hemos contado los turbulentos años del congreso de millonarios del presidente Harrison, y su política que le llevó a perder las elecciones a favor, otra vez, de Cleveland. Después nos hemos enfrentado al auge del populismo americano y, luego, ya nos hemos metido de lleno en el nacimiento del imperialismo y la guerra contra España, que marca el comienzo de la fase imperialista del país, incluyendo la política asiática y la construcción del canal de Panamá.

Tras ello nos hemos metido en una reflexión sobre hasta qué punto la presidencia de Roosevelt supuso la aplicación de ideas de corte reformador o progresista, evolución ésta que provocó sus más y sus menos en el bando republicano. Luego hemos pasado ya a la implicación estadounidense en la Gran Guerra, el final de ésta y la cruzada del presidente a favor de la Liga de las Naciones. Luego hemos pasado a la (primera) etapa antiinmigración hasta la llegada de Hoover, quien se las prometía muy felices pero se encontró con la Gran Depresión , que trajo a Roosevelt y sus primeras medidas destinadas a reactivar la economía, así como el nacimiento de la legislación social americana y el desarrollo propiamente dicho del New Deal.

Después de eso, hemos pasado a pensar un poco sobre los retos diplomáticos de entreguerras de los EEUU en Asia y Latinoamérica y, en general, la tensión aislacionista del país. Pero es un hecho que EEUU acabó implicado en la guerra, que tras costosas operaciones fue ganada tanto en el frente europeo como en el Pacífico.

Como es sobradamente sabido, la constatación aliada de que su enemigo estaba vencido en Europa comenzó a aflorar las contradicciones y enfrentamientos esenciales que existían en el grupo. En febrero de 1945, cuando los soviéticos seguían presionando en el frente oriental y los aliados habían ya liberado Francia, estas diferencias se hicieron patentes en una cita histórica que merece por sí misma una serie de posts, como es la conferencia de Yalta. Yalta fue una reunión de vencedores que todavía no lo eran, pero ya sabían que lo serían. Se hizo para constatar el acuerdo de los tres grandes más Francia en torno a cuatro conceptos fundamentales: el desarme del Tercer Reich; la partición de Alemania en cuatro zonas de influencia; el pago por parte de Alemania de una serie de reparaciones de guerra que serían fijadas por una comisión que se reuniría en Moscú; y el mantenimiento de la paz mundial a través de una institución supranacional: las Naciones Unidas.